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domingo, 30 de diciembre de 2018
11:00:16 p.m. 

Por Michel Hernández 

Pocos programas en la televisión cubana han estado tan cercados por la polémica como el proyecto Lucas. (Foto: Los presentadores del programa Lucas en la gala de los premios en 2018 en el teatro Karl Marx de La Habana).

El espacio dirigido por Orlando Cruzata ha sido cuestionado desde diversos frentes por sus galas a la usanza de los espectáculos estadounidenses, por el diseño con alegorías a filmes instalados en la memoria cinematográfica popular —como Misión imposible, La Guerra de las Galaxias, o más recientemente a la serie Juego de Tronos—, entre otros efectos visuales que lo han  puesto bajo observación con más o menos frecuencia, sin tener en cuenta que la cultura cubana se ha hecho grande y universal gracias también a ese cruce caminos que han definido históricamente sus modos de expresión. 

Polémica aparte, este proyecto ha cubierto con originalidad a través de 20 años los espacios de silencio que existían en al ámbito de la producción audiovisual y ha logrado alzarse como un referente para muchos realizadores y artistas que gracias al equipo de este programa han tenido la posibilidad de darle visibilidad a sus obras y ser reconocidos en esferas notables de la creación en el país, como Bilko Cuervo, Alfredo Ureta, José Rojas, Lester Hamlet, Joseph Ross y Yeandro Tamayo. 

                           

Lucas asomó la cabeza desde el underground televisivo en los años 90 y se sabe, teniendo en cuenta las características de la pantalla chica en Cuba, que tal lance no debió ser fácil. Primero fue Hecho en Casa, que mostró durante los años 90 el naciente mundo del video clip con obras que entendieron los tiempos que corrían a partir de canciones de bandas como Lucha Almada, liderada por Vanito Brown y Alejandro Gutiérrez, cuyo álbum debut marcó pautas tras su fecha de publicación en 1995. 

Ha pasado el tiempo y el programa ha mantenido la virtud de actualizarse y no detenerse a conjugar su programación en pasado. De ahí que, ante la emigración masiva de la audiencia de la televisión hacia otros productos audiovisuales como El paquete, Lucas sigue convocando a un por ciento nada desdeñable de cubanos interesados en la creación audiovisual y a realizadores y músicos que conocen cómo puede influir un buen video en la promoción coherente y sostenida de un artista. 

Una película de Asiel Babastro 


El programa también ha funcionado como un espejo de las diferencias económicas entre los distintos exponentes de la vida cultural en la Isla, algo que de alguna forma ya se va extendiendo hacia el ámbito profundo de una sociedad cambiante como la cubana. 

Muchos artistas de géneros como la trova, el rock, o el rap, con una obra de probada calidad, no alcanzan  mucha presencia en este espacio porque no pueden costearse las altas sumas que cuesta realizar un video clip en Cuba si los comparamos con los bajos ingresos que generalmente reciben; en cambio otros exponentes de géneros como el reguetón o de la música popular bailable pueden competir con materiales que debido al ingenio de muchos realizadores en la Isla, nacen con recursos y herramientas como si tuvieran detrás todo la engrasada maquinaria de una disquera internacional. 

No se trata aquí de marcar diferencias ni poner en pugna a artistas sean del género que sean, sino de hacer un llamado de atención para que las instituciones apoyen en mayor medida a músicos que realizan una obra condenada en numerosas ocasiones a las márgenes de la cultura insular, a veces por sus cuestionamientos críticos hacia diversas zonas de la sociedad cubana que no son comprendidos en su totalidad. 

No obstante, hay que dar relieve al sostenido apoyo de la Asociación Hermanos Saíz —organización que agrupa a jóvenes artistas cubanos— a representantes de géneros de la llamada escena alternativa que han podido realizar sus videos clips gracias a su sistema de becas y premios. 

Lo preocupante en este caso es que algunas de estas obras elaboradas gracias al presupuesto de esta organización han sido miradas desde la acera de la sospecha, lo que ha traído como consecuencia su nula o escasa visibilidad en la televisión. Obviamente, tal lastre ha provocado el desencanto de los realizadores y artistas que han visto cómo el dinero otorgado para su promoción ha sido arrojado como si nada hacia el engrosado abismo de la incomprensión, que siguió acumulando artistas en la edición de este año.

La influencia del reguetón entre un amplio sector de la sociedad cubana no es más que un síntoma del cambio de paradigmas culturales y económicos en la Isla y un reflejo de los intereses sobre todo de los más jóvenes en la manera disipada de interpretar la vida que exhiben la mayoría de los temas de estos artistas, tanto en Cuba como en el resto de Latinoamérica, algo que marca diferencias sustanciales con el origen underground de este género, arraigado universo sonoro del que ya se desprenden otros estilos con incluso mayor prominencia en el público. 

Si bien el empuje del reguetón y sus formas adyacentes de expresión no ha sido comprendido de esta manera por todos —lo que es igualmente válido si pensamos en una sociedad donde se escuchen con respeto todo tipo de opinionesê Lucas ha logrado servir de plataforma de exhibición a estos artistas que también, sobra decirlo, merecen espacio en la televisión nacional. 

Este año, no hubo obras que por su realización sobresalieran en gran medida por encima de otras como ha sucedido en anteriores ediciones. Sin embargo, se percibió un mayor nivel de creatividad y experimentación en algunos realizadores que trabajaron con artistas de géneros como el propio reguetón y otros sonidos urbanos. 


Fueron los casos de los videos Tú me debes algo, de  José Rojas (Yomil y el Dany), Échale al Plato, de Joseph Ross (Jacob Forever y El Misha) y Atrevida, de Asiel Babastro (Patry White). Estos audiovisuales no han sido puestos prácticamente en la televisión por su fuerza carga simbólica y escenas con ciertas representaciones de violencia y sexo, pero lo anterior no amerita la incoherencia de su despedido de la pantalla chica.

El arte no tiene que ser una representación al calco de la sociedad, sino que puede crear su propia realidad y no por ello debe soslayarse. Dicho esto, se podrían crear espacios, tal vez a altas horas de la noche, donde se puedan transmitir estas y otras obras de este corte sin mayores dolores de cabeza, algo que desde hace mucho se comprendió en la mayoría de las parrillas televisas del planeta. 

En categorías como el rock, la trova y la música infantil también hubo interesantes producciones a pesar de la ya mencionada falta de entregas en este tipo de apartados. Un director que con una estética undergound viene apuntando alto es Vitiko, quien ha enseñado músculo en el panorama audiovisual en la Isla, sobre todo en músicas que le son afines, como el rock, el metal y el rap. En esta ocasión, sentó credenciales con su colaboración con la banda de metal Darkness Fall. 


La labor del jurado siempre ha estado, como debe ser, bajo una mirada muy crítica. Conformado por especialistas de las más diversas ramas, entre los que tuvo el honor de incluirse este redactor, eligió como video del año Mi casa.cu, de Alfredo Ureta (Tony Ávila) en un concurso en el que además resaltaron los audiovisuales de los temas Voy, de Eme Alfonso, Tú me debes algo, de  Yomil y el Dany, Te espero en la eternidad, de Beatriz Márquez, entre otros. 

Por otro lado, creo no se prestó la atención debida a Espectro de Alejandro Gutiérrez, que recreó la canción del mismo nombre interpretada por Kelvis Ochoa y la mexicana Rosalía León, quien estuvo muy interesada en asistir a la gala en el Karl Marx, pero no recibió las invitaciones correspondientes. 

Una obra muy atendible fue el clip de Nostalgias, de la banda santaclareña de rock alternativo Los Locos Tristes, que se llevó los premios en Mejor Video Pop-Rock y Mejor Ópera Prima, un acto de justicia hacia una de las revelaciones del rock nacional. 

 


El Premio de la Popularidad era una  jugada cantada. Ese fenómeno musical que es Cimafunk obtuvo el galardón con el video de su tema Me voy, que ha desplazado en el gusto popular incluso  a artistas de reguetón, lo que, por razones obvias, llega a ser digno de atención. 

Más allá de premios, de las luces volátiles de la fama, de desaciertos o aciertos del jurado y de galas siempre criticadas, Lucas es un espacio que ha ganado méritos en la promoción audiovisual en Cuba, sin el cual muchos realizadores y artistas apenas tendrían como promover sus obras en el presente cubano, a pesar que gracias a varios canales alternativos de promoción se está abriendo una mayor posibilidad de consumo audiovisual en la Isla. 

Esta notoria apertura provocará, más temprano que tarde, que la televisión se vea obligada, para mantener su audiencia, a ser más arriesgada, a elevar su creatividad y originalidad y a reflejar en el más amplio sentido toda la diversidad de este país. 


Por fortuna, Cruzata ya acumula puntos promoviendo e imaginando un futuro más inclusivo que aporte y desarrolle todo lo que entendemos como cultura nacional, sin camisas de fuerza de ningún tipo, que la historia ha demostrado que finalmente siempre caen por su propio peso.