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martes, 18 de septiembre de 2018
5:36:36 p.m.

En la homilía de la Misa que presidió en el Foro Itálico de Palermo, en la memoria litúrgica del Beato Sacerdote Giuseppe “Pino” Puglisi, asesinado por la mafia siciliana hace 25 años, el Santo Padre dedicó duras palabras a la mafia: No se puede creer en Dios y ser mafioso”, afirmó.

“Quien es mafioso no vive como cristiano, porque blasfema con la vida el nombre de Dios-amor. Hoy tenemos necesidad de hombres de amor, no de hombres de honor; de servicio, no de opresión; de caminar juntos, no de perseguir el poder”, subrayó.

En su homilía, el Pontífice invocó constantemente la memoria del Beato Padre Pino, quien dio su vida por los demás. “No vivía para hacerse ver, no vivía del apellido ‘anti-mafia’, y menos aún se contentaba con no hacer ningún mal, sino que sembraba el bien”.

Hace 25 años, cuando Padre Pino murió aquel día de su cumpleaños, coronó su victoria con la sonrisa, con aquella sonrisa que no deja dormir de noche a su asesino

Como el Padre Pino, hoy “tenemos necesidad de muchos sacerdotes de la sonrisa, de cristianos de la sonrisa, no para que se tomen las cosas a la ligera, sino porque únicamente son ricos en la alegría de Dios, porque creen en el amor y viven para servir. Es dando la vida como se encuentra la alegría, porque hay más alegría en el dar que en el recibir”.


“Don Pino sabía que se arriesgaba, pero sobre todo sabía que el verdadero peligro en la vida no es arriesgarse, es vivir en la comodidad. Dios nos libera de vivir a la baja, contentándonos con medias verdades. Dios nos libera de una vida pequeña. Nos libera de pensar que todo va bien si a mí me va bien. Nos libera de creernos justos si no hacemos nada para contrarrestar la injusticia. Nos libera de creernos buenos sólo porque no hacemos ningún mal”.

Con el ejemplo del Padre Pino como referencia, el Papa reflexionó sobre los conceptos de “victoria” y “derrota” y las contrapuso a otros dos conceptos: “amor” y “egoísmo”.

El egoísta piensa en sanar su propia vida y se apega a las cosas, al dinero, al poder, al placer.

Además, advirtió del gran espejismo “del dinero y del poder que no liberan al hombre, sino que lo hacen esclavo”. Destacó que “Dios no emplea el poder para resolver nuestros males y los del mundo. Su camino es siempre el del amor humilde: sólo el amor libera por dentro, da paz y alegría”.

Por este motivo, “el verdadero poder, el poder según Dios, es el servicio. Y la voz más fuerte no es la de aquel que grita más, sino la oración. Y el triunfo más grande no es la propia fama, sino el propio testimonio”.

(Fuente: ACI)