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lunes, 17 de septiembre de 2018
9:44:03 p.m. 

La alianza estratégica entre las dos naciones hace posible una contraparte sólida y efectiva para los apetitos sin límites de la nación imperial estadounidense, llevados hoy a peligrosos extremos. (Foto: Vladimir Putin y el presidente chino, Xi Jinping, asisten a una sesión plenaria en el Foro Económico Oriental en Vladivostok) 

La asistencia del presidente chino Xi Jimping al foro económico de Vladivostok y sus encuentros con el presidente ruso Vladimir Putin en esa ocasión, sirvieron evidentemente para consolidar y reforzar la alianza estratégica en todos los campos entre China y Rusia, que pocos días después llevaron a cabo maniobras militares conjuntas de enormes dimensiones en el territorio fronterizo entre ambos países y la vecina Mongolia. 

No es necesario ser muy perspicaz para comprender que en la actual situación, cuando la Administración Trump de Estados Unidos reparte por doquier amenazas, chantajes y agresiones —convirtiendo en trizas el derecho internacional y sus propios compromisos con socios y aliados— tanto China como Rusia están haciendo un valioso y racional aporte al equilibrio del mundo. 

Esto es fácilmente entendible para el resto de la humanidad, no obstante la brutal campaña mediática de “fake news”, que el propio Trump denuncia cuando no le conviene. 

La existencia misma y el desarrollo económico y científico de China y de Rusia, junto a sus inmensas riquezas, vastos territorios y numerosa población, ha permitido les ha permitido ascender como potencias mundiales, por lo que la alianza estratégica entre ambas hace posible una contraparte sólida y efectiva para los apetitos sin límites de la nación imperial estadounidense, llevados hoy a peligrosos extremos. 

Los países de África, Asia, América Latina e incluso de Europa vislumbran y hacen realidad, como alternativa eficaz y oportuna, el acercamiento por distintas vías a China y a Rusia —más allá de posibles discrepancias o puntos de vista diferentes en asuntos puntuales—, como forma de asegurar un desarrollo independiente y proteger la soberanía nacional. 

Un ejemplo palpable es el establecimiento reciente de relaciones diplomáticas con la República Popular China por parte de Panamá, República Dominicana y El Salvador en el área centroamericana y caribeña. 

Un vistazo a la situación internacional actual, caracterizada por agresiones imperialistas, guerras injustas, violaciones sucesivas de la legalidad y los preceptos de la Carta de Naciones Unidas, permite llegar a la conclusión de que todo sería mucho peor si la presencia de China y de Rusia en la arena mundial no ejerciera una influencia positiva y concreta, preservando lo que resta de paz y estabilidad en medio de tan convulso presente.

 (Fuente: HR/ Gustavo Robreño)