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lunes, 13 de agosto de 2018
8:34:24 am
 

Por Mercedes Rodríguez García 

Cuando una década atrás me pidieron que dedicara una página del periódico Vanguardia al 82 cumpleaños de Fidel, no me pasaba por la mente que un día el indiscutible líder cubano nos faltaría físicamente, como sucedió el 25 de noviembre de 2016. (Foto: Fidel en 1953, poco después de su ingreso a la prisión de Isla de Pinos.)

Por entonces me dediqué a buscar cómo habían transcurridos —en tan fructífera existencia— algunos de sus cumpleaños, asunto que dada la privacidad que mantuvo a lo largo de su vida no me resultó ni fácil, ni loable a la larga. 

¿Qué tal si logro reunir datos que me ayuden a definir cuál de los agostos fue el más fecundo en la vida de Fidel Castro Ruz? Tras revisar abundante bibliografía impresa logré redactar el presente artículo, y que a la luz del tiempo transcurrido, me parece oportuno y consecuente para republicar —con algunos retoques actualizadores— en mi weblog: 

¿Influencias de la naturaleza? 

Sobre su nacimiento confiesa a Frei Betto « […] Creo que fue como a las 2:00 de la madrugada. Parece que la noche pudo haber influido después en mi espíritu guerrillero, en la actividad revolucionaria; la influencia de la naturaleza y de la hora del nacimiento. Habría que ver más cosas, ¿no?, como fue ese día, y si la naturaleza tiene alguna influencia también en la vida de los hombres…» 

¿Habrá Fidel leído y estudiado acerca del gráfico posicional del Sol, la Luna y los planetas a una latitud y longitud determinada de la Tierra en un momento dado, normalmente el del nacimiento? Lo de creer o no creer: ¡harina de otro costal! 

Porque, según los astrólogos, a las personas nacidas entre el 23 de julio y el 22 de agosto les atañen ciertas cualidades, algunas coincidentes con la personalidad e Fidel. A los Leo les atañen majestuosidad, generosidad y buen corazón; fama de proteger con celo a quienes le rodean, en especial a los niños y a los débiles. Además, son líderes por naturaleza, personas creativas y apasionadas, con una enorme capacidad de organización, dados a emprender grandes planes y, aunque fracasen, consiguen ver el lado positivo. 

¿Jaranea? con el brasileño cuando éste le da a entender que nació bajo el signo de «la conspiración». Más bien le sigue la corriente al fraile dominico, que le dice: «Al menos el número 26 tiene algunas coincidencias en su vida.» Y el Comandante responde: «Bueno, nací en el año 1926, es verdad; tenía 26 años también cuando empecé la lucha armada, y había nacido un día 13, que es la mitad de 26. Batista dio su golpe de Estado en 1952, que es el doble de 26. Si me pongo a ver, pudiera haber algún misterio alrededor del 26.» 

De seguido Betto añade: « […] El Moncada fue un 26 de julio y dio origen al Movimiento 26 de Julio.» Fidel le aporta nuevos elementos convergentes: «Y desembarcamos en 1956 que, en números redondos, son 30 años después del 26.»Como estaba estudiando todas las doctrinas políticas y todo aquello, también llevé algo de Martí.» 

Forja y sentido 

Luego del asalto al Moncada Fidel se interna en las montañas con la intención de proseguir la lucha armada, pero es sorprendido y hecho prisionero por una patrulla militar. Cumple 27 años tras los barrotes de la cárcel provincial de Boniato. «75 días me pasé aislado en una celda, nadie podía hablarme.», relata a Ramonet. En aquellas duras condiciones, sin embargo, «Yo tenía algunos libritos, aunque no lo permitían. 

13 Agosto de 1954. Cumple los 28 años en el Penal Modelo. Fidel convierte la prisión en una nueva trinchera, conocida como la prisión fecunda porque, según sus propias palabras, aquella etapa «terminó de forjar mi visión del mundo y completó el sentido de mi vida.» 

Si las autoridades de la cárcel les aplicaban la severidad de un régimen penitenciario arbitrario y absurdo, Fidel se imponía por encima de este un sistema de vida y de estudio mucho más riguroso y consciente, en que la lectura también le abriría el camino «para los grandes combates del mañana», según reseña Mario Mencia, a quien le asiste el mérito de haber sabido reconstruir con acierto la vida de la prisión, pero sobre rescatar el impresionante ciclo de lecturas. 


El destacado periodista e investigador de la última fase insurreccional cubana, integra al relato de los acontecimientos las cartas de Fidel desde el presidio, documentos de excepcional interés revolucionario humano, «escritas muchas veces desde el confinamiento solitario en que fue colocado nuestro Comandante en Jefe para aislarlo del resto de sus compañeros, y llenas de reflexiones de acento íntimo y elaboración literaria.», como hace constar Jesús Montané Oropesa. 

«Libros, libros…» 

Cuenta Mencia que Fidel siempre pedía «libros, libros. Y acuérdate de los de Martí.» (A Guido García Inclán, periodista.) 

En los fondos de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, Mencia encuentra varias cartas de Fidel referidas a ese crucial período. De algunas revela la fecha y a quien van dirigidas; de otras —por razones que desconozco— no consigna el destinatario. Del referido epistolario escojo solamente los parlamentos reveladores del itinerario progresivo de aquellas lecturas. 


«Víctor Hugo me entusiasmó lo indecible con Los Miserables; sin embargo a medida que va pasando el tiempo, me voy cansando un poco de su romanticismo excesivo, su ampulosidad y de la carga, a veces tediosa y exagerada, de erudición.» Ya había leído varias obras de Shakespeare y de Romain Rolland. « […] Todo lo quiero saber, y hasta las listas bibliográficas de cada libro las repaso acariciando la esperanza de leer los libros consignados. En la calle me inquietaba porque me faltaba tiempo, y aquí donde el tiempo parece sobrar también me inquieto.» 

Una pálida lucecita 

A finales de febrero de 1955 yace confinado en solitario. En marzo, escribe: «Sigo sin luz, con hoy ya diecisiete días. Las velas no las dejan pasar. […] Apenas obscureció comenzó a tronar con insistencia; […] Al poco rato se inició un furioso aguacero. El agua, arrastrada por el viento, penetraba los ventanales sin más protección que las rejas, mojándolo todo impunemente. Hice cuanto pude por proteger los libros dentro de las maletas colocándoles una frazada por arriba. […] En un rincón, calados los huesos de humedad y frío esperé con infinita paciencia el fin del vendaval.» 

Y el día 22, ¡qué alegría!: «Ya tengo luz; estuve 40 días sin ella y aprendí a conocer su valor. No olvidaré nunca, como no olvidaré la hiriente humillación de las sombras; contra ellas luché logrando arrebatarles casi doscientas horas con una lucecita de aceite pálido y tembloroso, los ojos ardientes, el corazón sangrando de indignación. De todas las barbaridades humanas, la que menos concibo es el absurdo.» 

Ya el 24 de marzo dejaba otra constancia manuscrita: «A las 7, aproximadamente, enciendo la luz. Entonces comienza el combate con los mosquitos. Si estoy escribiendo los espantos con mucho humo de tabaco. Luego se me cuelan dentro del mosquitero. […] Pero no es solo eso, cuando voy a empezar a leer, siempre me pasa algo: se me queda el lápiz de colores, salgo, lo recojo; abro el libro y resulta que cogí un tomo en vez de otro: ¡a salir otra vez! Luego es el diccionario, si no los espejuelos, ¡qué lío! Por eso, para mayor comodidad, tengo al lado derecho de la ama un montoncito y arriba de la ama otro montón. Eso sí, los cuido mucho.» 

¡Asombrosa relación! 

En todo el tiempo que duró el presidio la relación de obras y autores que ha vencido Fidel es asombrosa. Veamos algunas: Feria de vanidades, de William Thackeray; Nido de hidalgos, Iván Turgueniev; El capital, Carlos Marx. Además, ha comenzado a estudiar a autores cubanos como Félix Varela y Luz y Caballero, que alterna con las Obras de José Martí de la Editorial Lex. De Honorato de Balzac La piel de zapa; de S. Zweig, Biografía de Napoleón el pequeño; de J. Cronin, Las estrellas miran hacia abajo; de S. Maugham, El filo de la navaja; de Sigmund Freud, cuatro de los 18 tomos que componen las Obras Completas; y de Dostoievski, Los hermanos Karamasov, Humillados y ofendidos, Crimen y castigo, El Idiota, El sepulcro de los vivos, Las pobres gentes y el cuento Proachim. 

El 5 de abril de 1955 reseña que tiene material abundante para el estudio de los grandes movimientos políticos contemporáneos pero nada del New Deal de Roosevelt. Le interesa conocer sobre su política de elevación de precios de los productos de la tierra, fomento y conservación de la fertilidad del suelo, facilidades de crédito, liberación de deudas, ampliación de mercados interiores y exteriores en el campo agrícola; incremento de fuentes de trabajo, reducción de jornada, elevación de los salarios, ayuda social a los desempleados, ancianos e inválidos; reorganización de la industria, nuevos sistemas de impuestos, reglamentación de los truts, y la reforma bancaria y monetaria. 

En cuatro meses junto a una Gramática Latina, un Diccionario de Modismos y la Oratoria de Demóstenes, rodean su cama de la prisión: Técnica del golpe de Estado, de Cursio Malaparte; de Ortega y Gasset: La rebelión de las masas, Psicología de las multitudes, Fundamentos de la Política, El fascismo al desnudo, La época de la revolución religiosa, La reforma y la contrarreforma; de Tomás Moro, Utopía; las Obras completas de Homero, Cicerón y Mirabeau, y de José Ingenieros, El hombre mediocre. 

Y las lecturas aumentan con los días: Las cien mejores poesías, Siete cantos, El lirio del valle, El ruiseñor y la rosa, de O. Wilde; Eugenia Grandet, de Balzac; Calle Mayor, de S. Lewis; Ana Karenina, de León Tolstoi; Cecilia Valdés, de C. Villaverde, y Juan Criollo, de Carlos Loveira. El tema histórico es constante: Martí, Morelos, Bolívar, Bonaparte, y los 10 voluminosos tomos de la Historia de la nación cubana. 

Profeta que reflexiona 

En su vida de 90 años, a juzgar por la lectura de estas obras y autores, citados en centenares de conversaciones, discursos, entrevistas, declaraciones, Fidel constituye uno de los jefes de Estado más culto e instruido. De ahí el hombre de ideas sólidas y con una extraordinaria visión mundial: astuto, curioso, de un torrente de palabras sencillas pero impactantes; su capacidad para valorar una situación concreta y la rapidez de análisis acompañada de una información vasta y variada que le permite moverse con facilidad en cualquier medio. 


Con los años su cerebro no perdió lucidez, ni hubo sitio en él para el ocio intelectual ni el abatimiento moral. 

Cuando por problemas de salud en 2006 se vio obligado a renunciar a sus cargos de Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Fidel vivió de otra forma la vida política de su país y siguió minuto a minuto el acontecer mundial. Así quedan para la historia sus autodenominadas Reflexiones (1), más de 400 textos y artículos donde con profética lucidez cuenta, señala, advierte, aconseja… 

Fidel nunca abandonó la lectura. Tal vez en sus últimos años con acrecentadas zozobras, espantos y alegrías de por medio. ¿Y en la privacidad… acostado o sentado, con el lápiz de color afilado, con los espejuelos, libros, cables e informes a su lado?

Otros tiempos: nuevos títulos y autores más contemporáneos, diferentes y más graves problemas mundiales. Pero siempre la relectura de aquellos títulos que le acompañaron y conservó entre los más valiosos de su biblioteca.

(1) Entre el 28 de marzo del 2007 y el 9 de Octubre de 2016, Fidel escribió 484 textos denominados así, aunque en esa categoría también incluyó cartas a los líderes venezolanos Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el prólogo de un libro sobre Bolivia, mensajes y artículos. El año en que más produjo fue el 2009 con 111 reflexiones, a razón de más de nueve por mes.

Bibliografía consultada: La prisión fecunda (Mario Mencia, 1980), En marcha con Fidel (Antonio Núñez Jiménez, 1982), entrevistas Fidel y la Religión (Frei Betto, 1985), Un encuentro con Fidel (Gianni Miná, 1988), Un grano de maíz (Tomás Borge, 1992), Todo el tiempo de los cedros (Katiuska Blanco, 2003); Cien horas con Fidel (Ignacio Ramonet, 2006),y Viaje a los frutos (Selección de Ana Cairo, 2006).