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viernes, 05 de enero de 2018
6:20:09 a.m.
 

Pueden o no coincidir los economistas de de aquí y de allá,  pero una gran verdad asoma a los ojos y los bolsillos de los más autóctonos hijos de Liborio: la dualidad monetaria y cambiaria es un obstáculo para que la economía cubana acabe de levantar vuelo. 

Sus avatares asoman por todas partes, lo mismo en los mercados agropecuarios, que en la contabilidad de las empresas, que en los planes de los gobiernos territoriales, que en las gestiones bancarias, que en los negocios hoteleros, que en las inversiones…

La dualidad monetaria y cambiaria tendió la mano a la economía en los momentos de crisis de los años 90, pero con el tiempo ha creado distorsiones, y como consecuencia más lamentable la desvalorización del trabajo estatal, pues  trabajadores de alta calificación emigran desde puestos empresariales hacia plazas menos exigentes, pero mejor pagadas por los cuentapropistas.

La presión de esa competencia y la pérdida de personal la sienten, incluso, sectores tecnológicamente avanzados, cardinales para el desarrollo, como la industria biotecnológica. También lo sufren las universidades, sobre cuyo capital descansa no el futuro, sino un presente que reconoce en la llamada economía del conocimiento el modelo de desarrollo.

Habrá que centrarse en la empresa estatal, pues es allí donde está el grueso del empleo, la principal fuente de ingreso familiar y el sostén de los impuestos de la nación.


La unificación monetaria y cambiaria ha demorado demasiado, pero hay que enfrentarla de una vez por todas aún bajo los costos delicados que pueda traer para una parte de las empresas y de la población.

Dilatar el problema tiene igualmente costos económicos para las empresas y la sociedad, y ello pone en riesgo, la culminación exitosa de los cambios emprendidos en nuestro modelo económico de socialismo.

Sobre el tema tienen que ahondar más nuestros medios de prensa, el debate entre  economistas con diferentes criterios podría ser programado en varias Mesa Redonda, dándole voz al pueblo, a sus trabajadores e intelectuales. Y no desaparecer y aparecer de la agenda pública con la misma intermitencia de los anuncios de neón,  aun cuando es verdad de Perogrullo que la unificación monetaria se alcanzará, en última instancia, cuando el peso cubano tenga respaldo productivo, asunto que no depende ni dependerá de una decisión administrativa, sino del nivel de fortalecimiento y eficiencia de la economía…

Pero aquí también una mano lava a la otra, y las dos lavan la cara.

(Fuente: Granma/Versión “apostillada” del artículo “Moneda difícil”, de Ariel Terrero)