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lunes, 23 de octubre de 2017 

Francisco recibió a los que participan en el congreso «Catequesis y personas con discapacidad» del Dicasterio para la Nueva Evangelización: «que la Iglesia no se quede afónica en la defensa de los discapacitados». 

Francisco tocó uno de los nervios más sensibles de la sociedad moderna en su discurso a los que participan en el Congreso «Catequesis y personas con discapacidad: una atención necesaria en la vida cotidiana de la Iglesia», promovido por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, iniciativa que forma parte de las conmemoraciones del 25 aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. 

Frente a una mentalidad del rechazo, de una visión a menudo narcisista y utilitarista que lleva a la marginación, frente a una tendencia eugenésica que induce a suprimir a los que están por nacer con imperfecciones, la Iglesia debe hacer que se escuche su vos para defender y promover a las personas con discapacidades. Una voz que no puede ser «afónica» ni «desentonada», dijo. 

En su reflexión, el Pontífice se refirió al «gran desarrollo que durante las últimas décadas se ha tenido frente a la discapacidad»: «El incremento de la conciencia de la dignidad de toda persona, sobre todo de aquellas más débiles —precisó el Pontífice— ha llevado a asumir posiciones valerosas para la inclusión de cuantos viven con diversas formas de discapacidad, para que ninguno se sienta extranjero en su propia casa». 

Sin embargo, «a nivel cultural», destacó el Papa, todavía hay expresiones que dañan la dignidad de estas personas, porque prevalece esa que es una «falsa concepción de la vida», «una visión a menudo narcisista y utilitarista», que lleva «desgraciadamente, a no pocos a considerar como marginales a las personas con discapacidad, sin descubrir en ellas la multiforme riqueza humana y espiritual». 

«Es todavía demasiado fuerte en la mentalidad común —puntualizó el Papa Francisco— una actitud de rechazo a esta condición, como si esta impidiera ser feliz y realizarse a sí mismo». En realidad, son muchas las personas que, «con su fragilidad, incluso graves, han encontrado, a pesar de la dificultad, el camino de una vida buena y rica de significado». 

Por otra parte, observó Francisco, «conocemos a personas aparentemente perfectas y desesperadas». «Es un engaño peligroso pensar que se es invulnerable», afirmó recordando las palabras de una chica que conoció durante su viaje a Colombia, que decía: «La vulnerabilidad pertenece a la esencia de lo humano». 

Solo hay una respuesta: «el amor», pero «no el amor falso, cursi y piadoso», sino el «amor verdadero, concreto y respetuoso». Porque «en la medida con la cual se es acogido y amado, incluso en la comunidad y acompañado a mirar al futuro con confianza, se desarrolla el verdadero recorrido de la vida y se tiene la experiencia de la felicidad duradera».    

«Formemos (¡antes que nada con el ejemplo!) catequistas que sean cada vez más capaces de acompañar a estas personas para que crezcan en la fe y den su aporte genuino y original a la vida de la Iglesia», exhortó el Papa. Y también expresó su esperanza de que «cada vez más en las comunidades las personas con discapacidad puedan ser ellos mismos catequistas, incluso con su mismo testimonio, para transmitir la fe de modo más eficaz». 

(Fuente: LSIT)