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jueves, 06 de abril de 2017
5:23:53 a.m.
 

Ante decenas de miles de personas reunidas en la Plaza San Pedro para su audiencia general semanal, el Papa Francisco condenó ayer la masacre atribuida al uso de armas químicas en la zona siria de Idlib y pidió al mundo frenar esta tragedia que afecta a ese país, a lo largo seis años de muerte y destrucción.  

Sean o no los grupos armados los que están detrás de los sucesos en la ciudad de Khan Sheikhun, el hecho de sacrificar la vida de civiles de esta forma, en aras de objetivos políticos, y amén de la manipulación mediática, la tragedia —no más que otras tantas que ocurren y difunden incompasivamente la prensa y las redes sociales por internet—insta a la conciencia de quienes tienen esas responsabilidades a nivel local e internacional. 

  

Dos de las más recientes tragedias ampliamente difundida por lnternet

"Rezo por las víctimas y sus familiares”, ha pedido el Papa. ¿Y qué más puede hacer? Al menos ello consuela. 

Unos se acusan a los otros —a veces sin pruebas sustanciales—, y nadie ejercerse su misión con prudencia y honestidad. 

Da lo mismo si los muertos son o no por gas sarín, que afecta los músculos y al sistema nervioso, induce al vómito y vacía la vejiga y los intestinos, y en un área concentrada puede matar a miles de personas. Da igual que haya sido en un bastión rebelde en el noroeste de Siria o en cualquier otra localidad de la hermana nación. 


Pero los muertos de Khan Sheikhun este 4 de abril fueron (solo) 58 civiles, 11 de ellos niños. Personas inocentes. 

La guerra de Siria ha dejado, desde 2011, más de 320,000 muertos y millones de desplazados y refugiados. 

¿Cómo frenar esta tragedia? No se me ocurre. Entonces hagamos como Francisco: condenemos y recemos por las víctimas, que no son las primeras ni serán las últimas. 

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