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miércoles, 15 de febrero de 2017
5:34:45 a.m. 

La premier británica, Theresa May, elude las protestas y se prepara a tender la alfombra roja a los pies de Donald Trump, incluso con la sombra de eventuales incidentes diplomáticos. 

La visita al Reino Unido del presidente estadounidense, reconfirmada en persona por May en Washington el 27 de enero pasado, no está en discusión.

Tendrá lugar dentro de algunos meses, pese a la petición de 1,8 millones de británicos que pidieron cancelarlo, montado en la ola de las críticas que despertó la prohibición "antimusulmanes".

El rechazo a la petición popular llegó hoy por escrito desde la Cancillería, luego de las reiteradas declaraciones verbales de Downing Street. "Estamos impacientes por recibir al presidente Trump", se lee en el texto.

Es como decir que el debate parlamentario sobre la petición popular —obligatoria en Gran Bretaña a partir de las 100 mil firmas aunque no es vinculante— se concretará pero por pura formalidad. 

Al respecto, May y Trump se comunicaron por teléfono y ratificaron la voluntad de continuar "el diálogo constructivo" iniciado en Washington, dijo hoy el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer.

La invitación de los jefes de Estado y de gobiernos es una atribución del Ejecutivo, en acuerdo con la Corona, no del Parlamento.

"El gobierno reconoce las fuertes motivaciones expresadas por los numerosos firmantes de la petición", agrega la nota de la Cancillería, que aclara que "no" la apoya.

Por el contrario el ministerio de Exteriores destacó la visita de Trump porque "refleja la importancia de la relación entre Estados Unidos y el Reino Unido".

Queda por fijar la fecha, que aún "no fue acordada", admitió el gobierno, mientras la prensas especula con que se realizará en agosto o septiembre. En ese período el Parlamento está "cerrado por vacaciones".

Un estratagema útil para actuar contra la "descortesía" del presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, que atribuye a Trump "sexismo y racismo" y no planea concederle la tribuna en Westminster.

Aunque sea al costo de afrontar la moción de desconfianza por parte de su bloque tory y de ser acusado de hipocresía por no haber tenido reparos en recibir en el recinto, con todos los honores, a líderes controvertidos o de países autoritarios como el chino Xi Jinping.

En cualquier caso, para el gobierno sigue firme el objetivo no solo de consolidar la "relación especial" entre Washington y Londres con la nueva administración, sino de aprovechar a Trump y su euroescepticismo instintivo para garantizarse un margen del otro lado del océano en vista del divorcio con la Unión Europea.

Una estrategia que evidentemente, en el juicio de Theresa May, vale el desafío a los "millones" de manifestantes que los activistas británicos de "Stop Trump Coalition" juran poder sacar a las calles.

(Fuente: ANSA)