20161109054402-opt-sullivanweb-master1050.jpg


11:34:59 p.m.

Ella es una mujer blanca, con estudios universitarios,  y más cercana en edad a Hillary que a Chelsea Clinton. Es madre de una chica católica de Jersey que creció en un hogar amigo de los sindicatos. Su abuela, de 89 años está horrorizada, al igual que muchas de las amigas de mamá, que también son blancas y con estudios universitarios.

No le importa, para la mujer de esta historia resultó una decisión sencilla. A ella le ha tocado explicarle a su hija adolescente cómo es que los hombres —Donald Trump o el equipo masculino de fútbol de Harvard— dicen cosas espantosas de las mujeres en los vestidores o los autobuses de las celebridades. Eso ya es bastante malo. Pero también ella tuvo que explicarle que Hillary llevará de vuelta a Bill Clinton a la Casa Blanca. (Todo el mundo debería estar consciente de que el expresidente, quien fue sometido a un proceso de destitución, mintió acerca de por lo menos un abuso sexual y usó a otra mujer, una pasante, como juguete sexual en la Oficina Oval). 

Luego vienen las plataformas de los candidatos. ¿En serio? Preguntan sus amigos. ¿Construir un muro, prohibir el ingreso de musulmanes al país y meterse con los mexicanos? ¿Hablar de tocar a las mujeres desconocidas de manera inadecuada? Es un bufón, un arrogante, un multimillonario. Se burló de un héroe de guerra, criticó a una reina de belleza y respiró demasiado fuerte durante los debates.

Y sí, a esta mujer le interesan las propuestas de los candidatos, los temas importantes. La economía de su país avanza dando tumbos, con un crecimiento anual de menos de dos por ciento durante los últimos ocho años.

Para ella, Hillary Clinton —como muchas de sus amigas—, no tiene idea de lo importante que es el crecimiento económico para la fortaleza y vitalidad de los norteamericanos. Trump promete construir el oleoducto de Keystone, frenar las normas que estrangulan a las empresas y recortar impuestos para soltar las riendas de la economía. Clinton hará lo opuesto.

Ella, esta mujer, blanca, universitaria y más cercana en edad a Hillary que a Chelsea Clinton, forma parte del consejo escolar de Hoboken, Nueva Jersey, y escribe sobre temas educativos para Forbes.com. Los sindicatos de maestros de escuelas públicas han hecho grandes donaciones para Clinton, a fin de proteger su cuasimonopolio. A cambio la Clinton no ha dicho casi nada sobre la educación primaria y secundaria. El plan integral de Trump para reasignar fondos federales sería una bendición para las iniciativas de selección del centro escolar.

Trump quiere llevar a los constitucionalistas a la Corte Suprema; Clinton no. Ella volverá a apostar por el fiasco de Obamacare; él lo desmantelará. Él quiere acabar con los acuerdos comerciales y en eso está completamente mal.

Sin embargo, Clinton ahora dice que también se opone a un nuevo tratado comercial con los países asiáticos. Los republicanos en el congreso tal vez podrían hacer entrar en razón a Trump. No obstante, Clinton estaría bajo una enorme presión de la izquierda para mantener su postura anticomercial.

Ella es bien conocida por rodearse de gente que le ayuda a ocultar sus mentiras y mal juicio: Benghazi, los correos electrónicos ultrasecretos, el servidor privado, la Fundación Clinton. Él asumiría la presidencia menos agobiado por las lealtades partidistas, con la posibilidad de elegir a miembros del gabinete y asesores sin ataduras de pensamiento.

¿Será Trump un buen presidente? Esta mujer todavía no está segura. ¿Y ella, la Clinton? Es más probable que no.

Nota: Versión de una crónica publicada en The New York Times