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Ivette Chauviré, la gran leyenda de la danza clásica francesa en el siglo XX falleció hace pocas horas a los 99 años, tras haber dejado su huella en importantes salas de Europa y Estados Unidos. La prima ballerina assoluta Alicia Alonso, directora del Ballet Nacional de Cuba (BNC), lamentó el deceso,  y en un comunicado difundido por el BNC, recordó la amistad que unió a Chauviré con Cuba. 

En un comunicado difundido por el BNC, Alonso recordó la amistad que unió a Chauviré con Cuba y cómo esa bailarina parisina la acompañó en momentos importantes de su carrera relacionados con Francia. 

"Nos ha dejado una artista y una maestra que influyó decisivamente en los jóvenes bailarines de varias generaciones (…) Su nombre queda para siempre en el mundo del Ballet, concluyó la creadora del BNC. 

Su nombre queda para siempre en el mundo del Ballet, concluyó la creadora del BNC. 

Nacida en París el 22 de abril de 1917, Chauviré entró a los 10 años en la Escuela de la Ópera, donde la progresión de esa niña prodigio fue rápida y, después de ingresar oficialmente en el Ballet, con 15 años, pasó a ser "principal bailarina" en 1937, a los 22. 

El 31 de diciembre de 1941, estrenó la obra Istar, del ucraniano Serge Lifar, pieza en la que tocó el techo en la jerarquía de la danza al ser nombrada "Estrella". 

Radicada principalmente en la Opera de París, se enroló en el Nouveau Ballet de Montecarlo después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1945 y 1947, años en los que se dedicó a representar obras de Lifar. 

Chauviré bailó estilos contemporáneo y clásico en todo el mundo, participó en películas (la primera en 1937 La Mort du Cygne, de Jean Benoît-Lévy), pronunció conferencias y montó producciones. 

La bailarina encarnó los principales roles románticos y clásicos, entre ellos en el Lago de los Cisnes, Giselle, La Bella Durmiente y en Romeo y Julieta. 

En 1972, a los 55 años, se despidió de los escenarios de danza y cuatro años más tarde se dedicó a la comedia, interpretando Léda, en el Amphitryon 38 de Jean Giraudoux. 

En 1998, cuando cumplió 80 años, la Opera de París la homenajeó en una gala y con una exposición de fotografías. 

Según Yvette Chauviré, que obtuvo algunas de las más altas condecoraciones otorgadas por el Estado francés, bailar era "una forma de fe y de esperanza" en la que se llega a un estado que hace progresar "para buscar una verdad". 

(Fuente: Granma/EUM)