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Pokémon Go, una fiebre que aún no se detiene, obliga a las escuelas a aguzar el ingenio para luchar contra los monstruitos virtuales, una carrera donde se lleva las palmas el colegio de María Auxiliadora de Bernal, en la periferia de Buenos Aires. Allí la respuesta a Nintendo fue un juego análogo (y analógico) en el que se "cazan" santos.

Bulbasaur, Charmander, Pidgey, Pikachu y otros cientos de pokemones de las varias evoluciones que tienen ya los personajes son reemplazados así por María Auxiliadora, Ceferino Namuncurá.

Laura Vicuña, Domingo Savio y otros santos y referentes católicos. Por supuesto, los santos y beatos no combaten entre sí como los "pocket monsters" de origen japonés, que hasta tienen "gimnasios" virtuales para entrenarse, sino que se consiguen respondiendo preguntas.

La prensa local habló con David Brandán, el coordinador de Pastoral del colegio, que tuvo la idea de organizar una jornada inspirada en la lógica "Pokémon Go", pero destinada a celebrar el nacimiento de Don Bosco, fundador del movimiento salesiano.

"En los recreos se la pasan jugando con los teléfonos. Incluso en la capilla del colegio hay una pokeparada y tuvimos que controlarlos, para que no vayan todos juntos", dijo Brandán.

En la jornada creada por la escuela participaron los más de 200 alumnos de la secundaria. "Don Bosco tiene una famosa frase que dice: 'Amen aquello que aman los jóvenes y ellos aprenderá a amar lo que ustedes quieren que amen'. Por eso, intentamos acercarnos a los chicos a través de sus costumbres actuales", observó el coordinador.

"Don Bosco Go" cumplió la misma dinámica del juego y el proyecto de la escuela es, a futuro, desarrollar también una aplicación para atrapar santos y beatos con los teléfonos celulares.

El María Auxiliadora no fue la única escuela que tuvo que vérselas con el Pokémon Go. En otras instituciones, que también se vieron sorpresivamente invadidas por el juego, las autoridades colgaron por todos lados el ya famoso dibujo de un Pikachu que cabalga sobre el cuello de un joven, inclinado sobre su celular, para concientizar sobre el fenómeno.

Otra alternativa fue bloquear las redes de Wi-Fi de los colegios, pedir la eliminación de las poképaradas que justamente suelen hallarse en la puerta de las escuelas, y controlar rigurosamente —aunque sea casi imposible— el uso de celulares.

La propia ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, respaldó a los profesores que sancionen a los estudiantes por jugar Pokémon Go en clase.

El problema, desde ya, no se limita a las aulas argentinas. En todo el mundo hay nuevos desafíos planteados por el juego de Nintendo. Y no hay mal que por bien no venga: como dijo con filosofía Philippe Tournier, del liceo Victor-Duruy de París, "si Pokémon puede liberarnos de Periscope (una aplicación para filmar y transmitir en directo por Internet), no estaría nada mal".

(Fuente: ANSA)

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