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Con un racimo de cuatro carreras los universitarios estadounidenses liquidaron a la tropa de Roger Machado, nuevamente desarticulada, sin brújula en el plato y los brazos pesados ante un pitcheo rápido, de variado repertorio, con un control inusual para tiradores tan jóvenes.

Desde una mirada puramente resultadista, el Tope bilateral entre Cuba y la selección de universitarios de Estados Unidos se decidirá hoy miércoles, luego de la victoria (4-1) de los norteños en el cuarto desafío para igualar el match con dos triunfos por bando.

En el duelo de marras, J. B. Bukauskas, David Peterson y Tyler Jhonson, el trío de lanzadores norteños aplacaron cualquier amenaza local durante toda la ruta, en la cual solo incordiaron con particular hostilidad William Saavedra, Jefferson Delgado y Yosvani Alarcón, autores de seis de los siete inatrapables antillanos.

Al margen de la incertidumbre, los serpentineros tampoco mostraron su mejor versión, y lo peor, el alto mando dio ciertas muestras de desesperación al utilizar a Liván Moinelo y Miguel Lahera —los cerradores del conjunto— antes del último tercio, y ambos fueron castigados, lastrados también por el descontrol.

En un sinfín de ocasiones hemos visto cómo las ansias de victoria muchas veces nos traicionan en el plantel nacional, pero debemos meternos en la cabeza de una buena vez, que no hace daño perder un simple tope.

Lo importante es que se cumplan los objetivos pautados, en este caso, ver a los jugadores más jóvenes y evaluar su respuesta ante distintas situaciones de juego, todo frente a un contrario con armas que no son comunes en nuestro campeonato.

Para no ir muy lejos, Estados Unidos utiliza, invariablemente, a los hombres designados por día. No se salen de su hoja de ruta, no alteran el plan, sin importar el marcador, y eso se debe a que su propósito en esta confrontación pasa por desarrollar peloteros que, en su gran mayoría, engrosarán las filas de las distintas organizaciones de las Grandes Ligas más temprano que tarde.

En ese sentido tenemos mucho que aprender, todos, desde los directivos del béisbol en Cuba hasta la afición y la prensa, quienes ejercemos una constante presión por obtener la victoria, obviando que en estos momentos un triunfo no marcará la diferencia ni determinará el real crecimiento de nuestro pasatiempo nacional.

(Fuente: Granma)