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2:04:15 p.m.

Por Mercedes Rodríguez García.

No me despido. Estoy viva, sana y esplendorosamente lúcida. Por ello, un penúltimo café en la red de redes. Adiós a mi Tecla que desde 2005 alimento día a día con el corazón, sin traicionarme, ni traicionar.

Ya tengo 64 años, bien andados y sufridos, pero también con inconmensurables horas de felicidad. Nada tengo y tengo mucho, aunque no todo lo que debía de tener. (Parafraseando al poeta Nicolás Guillén). Han sido 43 años dedicados al periodismo. Y no del malo, o como muchos pudieran pensar, despersonalizado. A la causa que he servido, serviré. Mis escritos se parecen tanto  a mí que quien los lea y me haya tratado, escuchará mi voz.

Pero llegó la hora. Nada debo, y nada me deben. Dejo mi cuenta de internet, a quien la “consiga”. Desde hace una semana, la han bloqueado. (En eso de las conexiones, me he vuelto demasiado suspicaz).

No pertenezco a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV), sino a la Unión de Periodista de Cuba (UPEC), y mi cuenta siempre ha estado vinculada a enet, servicio que, a ahora, a través de Etecsa, disfruta una parte de los profesionales en activo del sector. Aunque en el curso 2002-2003 fundé la carrera de Periodismo en la UCLV, desde 2010 me reintegré al periódico Vanguardia, que por entonces me cedió a tiempo completo, y a donde llegué como secretaria de la dirección, con apenas 22 años. Allí me casé, me gradué como filóloga y nacieron mis dos hijos. Ahora soy la Jefa de Redacción, cargo que acepté ya a punto de jubilarme. Mi experiencia hacía falta, y me quedé.

De mi penúltimo café, les brindo.

Después de todo, mi PC, comprada en Nicaragua, donde  impartí clases durante tres meses, en 2007. Fue un convenio con la Universidad de Managua (UdeM). De lo devengado, me correspondió el 50 %, unos 950 dólares. La otra mitad, fue al Ministerio de Educación Superior.  Con lo ganado, me compré la Pentium, por entonces, lo último. (Unos 550.00 dólares) y una cámara fotográfica digital (169.00 dólares). Poco me quedó. Pero regresé contenta. Me esperaban mis alumnos de cuarto año de Periodismo.

Ahora mi “maquinita” está inutilizada… ¡ha muerto el disco duro! Y yo, no dispongo de recursos monetarios, para adquirir otro. (No me pagan en moneda cubana convertible, ni recibo remesas, ni tengo absolutamente a nadie Malecón afuera. Además, los periodistas ganamos muy poco, de modo que, salario a salario, tendría que reunir más o menos el de tres meses). Bueno, todo esto, por arribita. No soy de las que utiliza relaciones ni me valgo de métodos ni recursos ilegales o mal habidos. Creo en Dios, y confío en que me ayudará. Pero ya es hora. Y quiero descansar como me merezco.

Café, no me faltará. Espero que la última taza demore un poquito. Me quedan muchas cosas por ver. Paciencia, he aprendido a tenerla. Perseverancia, también.

¡Goodbye!, MercylaTecla