20150822125940-2013-sandalias-birkenstock.jpg

 

6:55:58 a.m.

Las sandalias de Birkenstock son bloques poco elegantes de suela de goma y corcho y tiras de cuero, es decir la antítesis de la moda. Esto las ha convertido desde hace años en un símbolo de la contracultura y una pieza infaltable en los armarios de los hippies y los ecologistas.

De improviso, no obstante, comenzaron a aparecer en boutiques chic, en revistas de moda y en los pies de mujeres que en su momento no hubieran lucido menos que un par de zapatos de Manolo Blahnik.

La revista Glamour nombró a las Birkenstock como el calzado de la temporada de verano 2013, y durante el verano europeo del año pasado estaban aún más de moda. Según la revista Vogue, la sandalia lucía “sexy” después de una sesión de pedicura y con un vestido femenino.

El aumento de popularidad es particularmente notable porque no fue buscado por Birkenstock. El presupuesto de marketing de la empresa es “casi nada”, señala Reichert, quien hace que sus hijos aparezcan en el catálogo de la empresa.

Él y un copresidente ejecutivo representan a los dueños de la compañía, herederos del fundador Johann Adam Birkenstock, un fabricante de botas del siglo XVIII. Al no tener que rendir cuentas ante inversionistas hambrientos de ganancias, Reichert puede seguir una estrategia de publicidad que podría “resumirse en lo que aprendes en tu primera clase de la escuela de marketing”, resalta. “Si tienes un profesor bueno”.

Hace unos años, la mayoría de los creadores de tendencias se burlaban de este calzado.

“‘Uf’, pensé mientras las miraba”, cuenta Tine Andrea Lauvli, directora del blog thefashioneaters.com, sobre su primer encuentro con las Birkenstock. Hoy en día, ella combina sus “Birks” con cualquier cosa, desde faldas hasta tops de encaje vintage.

Andrea Rosso, director creativo de la marca italiana de licenciamiento de productos de moda Diesel, sostiene que la súbita popularidad de las sandalias demuestra que las tendencias de la moda pueden ser tanto resultado del entusiasmo del momento, como del marketing de marca.

“El diseño Birkenstock no está hecho para la moda”, afirma Rosso, quien colaboró el año pasado con la firma en un diseño de edición limitada de las sandalias. Lo que ha ocurrido, explica, es que hay “gente de la moda que aprovecha a Birkenstock y [hace que se convierta en] moda.”

La diseñadora Shana B. Tabor, propietaria de In God We Trust, una cadena de tiendas de Nueva York que vende Birkenstocks, señala que este renovado interés no tiene “nada que ver con Birkenstock” y que es sólo una manera de hacer que el soporte del arco parezca atractivo.

“Yo sé que nuestros clientes no comprarán este calzado el verano que viene”, asegura Tabor. “El año pasado fue el calzado de un pionero de la moda, este año, es el de un seguidor, el año entrante será el de mi mamá”.

En realidad, los aficionados a la moda parecen haber dejado de lado las Birkenstocks, más allá de los beneficios que proveen para sus pies.

“Me olvidé de las Birkenstocks”, dice Charlotte Groeneveld, una bloggera que dirige thefashionguitar.com. Después de todo, reconoce, “la moda no tiene que ver con la comodidad”.

En la sede central de Birkenstock, en las afueras de la localidad rural de Neustadt, Reichert observa todo desde una tranquila distancia. El edificio se encuentra a 20 minutos de la estación de tren y en la calle principal no hay ninguna señal que ayude a encontrarlo. No es mucho lo que se puede apreciar en el entorno, aparte de árboles, césped y uno o dos caballos. “Somos como dinosaurios en este negocio, seguimos pensando que un buen producto es todo lo que hace falta”, dice.

Birkenstock, que no divulga sus ingresos o ganancias, informa que el año pasado las ventas crecieron 40% en la mayoría de las regiones y se duplicaron en EE.UU. Un portavoz indicó que la empresa podría alcanzar pronto la meta que se fijó para 2020 de vender 20 millones de pares al año.

La fiebre comenzó durante la Semana de la Moda de París en septiembre de 2012, cuando la diseñadora de Céline, Phoebe Philo, sorprendió a los adinerados espectadores al combinar una prenda finísima con unas voluminosas sandalias forradas de piel. Las sandalias, pronto apodadas “Furkenstocks”, fueron duramente criticadas. “¿Son estos los zapatos más feos del mundo?”, tituló un periódico británico.

Poco después, marcas como Givenchy, Steve Madden y Giambattista Valli crearon sus propias versiones de las “Birks”.

Tabor, la diseñadora, dice que las “falsas glam-Birks” de Céline reavivaron su cariño por las Birkenstocks por primera vez desde la secundaria. Y las Birkenstocks, que cuestan alrededor de US0 el par, son más baratas que las copias de las casas de alta costura, que pueden llegar a valer US.000.

Mientras que los fanáticos de la moda predicen un rápido fin a la historia de Cenicienta de Birkenstock, otros creen que las otrora despreciadas sandalias están para quedarse.

“Me siento como si hubiera estado caminando por un frío camino de metal toda mi vida y de repente el suelo se transformara en algo blando y esponjoso y lo único que siento es felicidad y cachorritos muy lindos”, dice Lauvli, la bloguera.

El propio Blahnik divisa un futuro. “Uno, obviamente, tiene que tener los pies inmaculados y una buena pedicura”, observa. “Aparte de eso, no veo ninguna razón para no usarlas”.

Reichert, por su parte, trata de mantener los pies en la tierra.

“Cuando uno tiene 240 años a sus espaldas, ha visto a muchas empresas ir y venir”, dice, relajándose en su oficina. “Cuando todos se hayan ido ... todavía estaremos aquí”.

(Fuente: LWSJ/ Ellen Emmerentze Jervell)