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11:05:05 p.m.

Hacía poco había escrito a su amigo paraguayo Ticio Escobar, “estoy luchando ferozmente contra el cáncer, aunque ello me cueste la vida”. Así, con ese mismo ingenio imperturbable con el que enfrentó la muerte, Eduardo Galeano enfrentó la vida. En Suiza recuerdan también a ese humanista que amaba el futbol.

Sus restos mortales permanecen en el paisito, en esa “Suiza de América Latina” que evocó con rabia y con ternura, pero su palabra echó raíces en los diversos confines del mundo, a lo largo de medio siglo de ejercicio político y literario, y florece entre todos aquellos que comprendieron que una utopía no es el espejismo del “optimista ‘full time’”, sino el camino para seguir adelante.

“Me gusta andar mientras las palabras me caminan dentro”, había dicho este escritor, periodista, caricaturista, editor y, sobre todo, “sentipensante” que conoció ‘Días y noches de amor y de guerra’ y que pasó por el tamiz de su verbo fluido y contundente, la gloria y la miseria de la condición humana.

Defensor a ultranza de la soberanía latinoamericana y crítico implacable del neoliberalismo, este latinoamericano nacido en Montevideo que reivindicaba el derecho a soñar y celebraba la indignación de los indignados, hizo visibles a los más desamparados.

En la generosidad de su discurso cupieron todos: las Madres de la Plaza de Mayo, las de Ayotzinapa , los niños de la calle, los emigrantes, las víctimas de la dictadura militar, las del nuevo desorden económico internacional, las de los narcoestados… Habló del miedo pero también de la esperanza…   

Su retorno al “abrazo inicial” se produjo el lunes 13 de abril. La noticia estremeció a esa América Latina cuyas venas siguen abiertas, pero no solo. Los titulares de diversos periódicos del orbe dieron cuenta de su partida y en la redes sociales se desató el torrente de su palabra.

‘Le Temps’ abordó una de sus mayores pasiones. En su artículo “Así habló (de futbol) Eduardo Galeano”, el cotidiano suizo refiere que algunos de los más bellos aforismos de ese deporte fueron anotados por el indeclinable hincha del Nacional de Montevideo. “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de futbol”, evocó el diario ginebrino a aquel que enseñó a leer el futbol a Maradona.    

Las venas abiertas

Muchos medios informativos del mundo, incluida la radio-televisión suiza, aludieron a esa Cumbre de las Américas de 2009 en la que Barak Obama recibió un ejemplar de ‘Las venas abiertas de América Latina’ de manos de Hugo Chávez, “ese extraño dictador” que llegó al poder por la vía reiterada de las urnas y “fue el primer presidente de la humanidad que (en referéndum revocatorio) puso su cargo a disposición de la gente”.

Eduardo Galeano habló del comandante: “De Hugo Chávez dicen que murió,  pero yo no me lo creo…”

De Salvador Allende: “Dijo, ‘voy a nacionalizar  el cobre y de aquí no salgo vivo’ y tuvo el coraje de su verdad y cumplió su palabra”.

De Cuba: “Hay cosas que no me gustan pero es un ejemplo de dignidad, un país chico que ha sobrevivido a 12 presidentes de Estados Unidos, y el país más solidario del mundo”.

Habló también de Paraguay y de ese “golpe de Estado mal maquillado” contra el presidente Fernando Lugo:

Recuerdos de un “suizo revolucionario”

Eduardo Galeano había llegado a Asunción para asistir, el 15 de agosto de 2008,  a la investidura de Fernando Lugo, el obispo que trocó la sotana por la banda presidencial para bregar por los desposeídos, tras 61 años de régimen del Partido Colorado, incluidos los 35 de la dictadura de Alfredo Stroessner.

“Llego para compartir la alegría de este país por la nueva era que se abre con Lugo”, dijo el escritor uruguayo a su arribo a Paraguay. Para asistir “a la resurrección de la otra Iglesia”, añadió en alusión a la Teología de la Liberación. 

La víspera de la ceremonia, y en un Teatro Municipal desbordante, el escritor uruguayo había dado lectura a extractos de su libro ‘Espejos’, esa historia de la humanidad contada “desde el punto de vista de los que no han salido en la foto”.

“Fue una velada fascinante”, recuerda Walter Suter, diplomático retirado y presidente del Consejo del Público de swissinfo.ch. “Galeano cautivó al auditorio con su aura, con la fineza de su ironía y la profundidad de su palabra sin pretensiones grandilocuentes”.

Como Galeano, Suter había viajado a la capital paraguaya para asistir a la toma de posesión de Lugo, con quien había trabado amistad años antes cuando el prelado era obispo de San Pedro y él, representante oficial de Berna en Asunción. 

Frente al Teatro Municipal, y en forma previa al evento literario, un pequeño grupo se reunió en el ‘Café Littéraire’. Ahí, el entonces presidente de la sección internacional del Partido Socialista de Suiza fue presentado al escritor. “¿Un embajador suizo revolucionario? ¡Vaya sorpresa!”, exclamó Galeano.

 (Fuente: swissinfo.ch/Resumen.com)