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Vivir con el cine o sin el cine que le enseñó a ver en imágenes, es un dilema confesado por Gabriel García Márquez. El Festival de La Habana —donde nació en 1985 la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, que él presidió desde entonces, y un año después la Escuela Internacional de Cine y Televisión, a la que tanto contribuyó— le rinde en su muy cercana edición 36 merecido tributo de recordación.

El certamen, que siempre contó con su aliento, ha programado un conjunto de actividades: el panel “Gabriel García Márquez y el cine de América Latina y el Caribe” y la exhibición de tres documentales sobre su vida y su obra: Buscando a Gabo, del colombiano Luis Fernando “Pacho” Bottía; Gabriel García Márquez: La escritura embrujada, realizado por el francés Yves Billon y Mauricio Martínez-Cavard, y Tales Beyond Solitude - Cien años de soledad, acercamiento de Holly Aylett (Estados Unidos).

Como parte de este homenaje dentro del apartado Entornos, se efectuará la presentación del libro Los amores contrariados, de la autora costarricense María Lourdes Cortés, acerca de este Premio Nobel de Literatura que tuvo mayor número de hijos cinematográficos que los 17 concebidos por Aureliano Buendía en Cien años de soledad, su novela fundacional.

A propósito, recorramos ahora los vínculos del demiurgo de Aracataca con la cinematografía cubana. El chileno Miguel Littin, tentado por la literatura garciamarquiana, filmó en 1980 su versión del relato La viuda de Montiel, en coproducción entre compañías de México, Venezuela y el ICAIC. Littin vistió a Geraldine Chaplin con el luto de esa viuda, frágil, lacerada por la superstición, la única que no se sintió vengada por la muerte de don José Montiel. Por la parte cubana figuró en el reparto el actor Reynaldo Miravalles, y en el equipo técnico tres créditos fundamentales correspondieron a profesionales nuestros: el sonidista Raúl García, el compositor Leo Brouwer y el editor Nelson Rodríguez.

Este notorio profesional del montaje obtuvo el premio Coral en su categoría en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano por su labor en la cinta colombiano-cubana Tiempo de morir (1985), realizada por Jorge Alí Triana. Era una nueva versión —dirigida antes en televisión por el propio cineasta— del primer guion escrito expresamente por García Márquez para el cine, que filmó en 1965 el director debutante Arturo Ripstein, quien aún no descarta la posibilidad de retomarla con mayor fidelidad al espíritu original y menor aliento de western.

La participación criolla fue determinante en esta coproducción del ICAIC, al abarcar, además, a los productores Santiago Llapur y Camilo Vives, el director de fotografía Mario García Joya, y de nuevo el músico Leo Brouwer y el sonidista Raúl García en el staff de realización, así como al desaparecido Enrique Almirante y Reynaldo Miravalles en el reparto.

Locaciones cubanas sirvieron como escenarios para dos de los seis filmes de la serie Amores difíciles (1987-1988), sobre historias de García Márquez, coproducidas por TV Española e International Network Group con el auspicio de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

En El verano de la señora Forbes, dirigido por el mexicano Jaime Humberto Hermosillo, un matrimonio contrata a una institutriz alemana (Hanna Schygulla) para cuidar a sus dos hijos cuando emprenden un viaje, sin sospechar su temperamento autoritario y sus deseos reprimidos. El productor Evelio Delgado, el editor Nelson Rodríguez, el compositor Sergio Vitier, el sonidista Carlos Fernández y los actores Francisco Gattorno y Roberto Perdomo figuraron en este filme por el ICAIC.

Cartas del parque, el aporte de Tomás Gutiérrez Alea a esta serie, se inspiró en un pasaje de la novela El amor en los tiempos del cólera, trasladado por Titón y el guionista Eliseo Alberto Diego desde Cartagena de Indias a la ciudad de Matanzas en 1913. Allí, dos jóvenes enamorados solicitan los servicios de un escribano para comunicarse mediante sus cartas. Pero los sentimientos del redactor se imponen y terminará por prendarse de la joven.

Cartas del parque sumó en el equipo al fotógrafo Mario García Joya, la editora Miriam Talavera, la asistente de dirección Ana Rodríguez, la diseñadora de vestuario Miriam Dueñas, el compositor Gonzalo Rubalcaba, el sonidista Germinal Hernández y el escenógrafo Fernando Pérez O’Reilly, mientras que Santiago Llapur asumió la responsabilidad de la producción por el ICAIC, como productora asociada. Secundó al actor argentino Víctor Laplace como Pedro, el escritor y escribano público, un elenco de intérpretes de la Isla: Ivonne López, Miguel Paneque, Mirtha Ibarra y Adolfo Llauradó, entre otros.

Titón había experimentado poco antes la frustración de no poder filmar Für Elise, un argumento original de Gabriel García Márquez para el cual llegó incluso a seleccionar locaciones en la geografía colombiana.

Volvió a sucumbir al influjo de su prosa en el corto Contigo en la distancia (1991), que realizó en México para la trilogía “Con el amor no se juega”, serie televisiva integrada por textos del taller de guiones dirigido por García Márquez, en este caso uno original firmado también por Lichy Diego. En él, una mujer mayor, ya casada y con hijos y nietos, recibe al cabo de muchísimos años una carta de su novio de adolescencia en la cual la citaba para escapar de sus padres para ser felices… y que no llegó a tiempo por ponerle tanto pegamento que quedó adherida al buzón.

A lo largo del año 1988, el cineasta argentino Fernando Birri, entonces primer director de la Escuela Internacional de Cine y Televisión, convirtió locaciones cercanas a La Habana en el poblado pesquero imaginado por el novelista en su relato Un señor muy viejo con unas alas enormes.

La adaptación fílmica, rodada en coproducción por el ICAIC junto a firmas de España e Italia, relata lo que ocurre después de la caída durante un ciclón en la costa próxima a un caserío de un anciano provisto de dos enormes alas. A partir de ese momento ocurren hechos insólitos que transforman la vida de la pareja que lo acomoda en su gallinero y de todos los habitantes del lugar.

Integraron el equipo cubano el productor Miguel Mendoza, el fotógrafo Raúl Pérez Ureta, el escenógrafo Raúl Oliva y muy especialmente el compositor José María Vitier, quien concibió una serie de excelentes temas incluso antes de ser filmada la primera imagen. El venezolano Asdrúbal Meléndez y la brasileña Marcia Barreto se incorporaron al nutrido reparto liderado por el propio Fernando Birri y Daisy Granados, y en el que figuraron además Luis Alberto Ramírez, Adolfo Llauradó, Silvia Planas, María Luisa Mayor y la veterana actriz camagüeyana Parmenia Silva.

El ICAIC, la Televisión Española y el International Network Group se unieron para el rodaje íntegro en La Habana de la serie de seis capítulos Me alquilo para soñar (1991-1992) dirigida por el cineasta de origen mozambicano Ruy Guerra, coautor del guion junto al brasileño Claudio Macdowell.

El texto es original de García Márquez, Eliseo Diego y el taller de guiones impartido por el novelista en la Escuela de San Antonio de los Baños. Una extraña mansión es el escenario perfecto para el universo claustrofóbico y delirante de Alma Kréstshmer, la enigmática mujer cuyos sueños deciden el destino de los otros.

Esta historia que pone al desnudo la tenue separación que existe entre sueño y realidad fue remodelada posteriormente por el Gabo y publicada en el libro Doce cuentos peregrinos. Con la actriz germana Hanna Schygulla y los españoles Fernando Guillén y Charo López como protagonistas, la serie contó con fotografía de Raúl Pérez Ureta, música de Mario Daly, y entre los intérpretes intervinieron los cubanos Jorge Luis Álvarez, Leonor Arocha, Elvira Valdés, Alicia Bustamante y José Antonio Rodríguez.

Como puede apreciarse por los títulos citados, la filmografía garciamarquiana debe no poco a la contribución del cine cubano.

(Fuente: CC / Luciano Castillo)