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11:16:13 a.m.

Cuenta el segunda base tunero Danel Castro, refuerzo durante el último campeonato de color naranja, que aquel 18 de junio de 2013 había vaticinado un batazo decisivo de Ariel Pestano. Claro, primero él tendría que dar alguna conexión importante, como sucedió en 1999 contra los Orioles en Baltimore.

«Me gusta el juego cuando está tenso, cuando la cosa está pareja y uno es quien marca las diferencias. Eso es lo que me agrada. En la final contra Matanzas, sabía que oportunidad que me dieran, tenía que aprovecharla. De todos los refuerzos, era el único que no aportaba a la causa en ese momento. Antes de aquel jonrón de Pestano, le había dicho que recordara el juego contra los Orioles en Baltimore. Aquella vez, primero yo di el triple y después vino él, Pestano, y empujó también. Fue tremendo. Siempre le digo eso, que yo lo sabía».

El oriundo de Manatí es un tipo carismático, me lo pareció antes, cuando recaló en esta ciudad a propósito del primer experimento de los refuerzos, y lo parece ahora, dos años después. Ninguna pregunta le asemeja terreno movedizo, eso también habla de su confianza.

—Primera vez que un tunero es campeón del béisbol cubano.

—Grandioso, no lleva otro calificativo. He regresado al «Sandino» y espero el cariño de la gente, que todo se desenvuelva como toca. Hoy me alegré cuando vi a Borrero, a Pestano. Fue maravilloso volver a este estadio. Cuando jugué con Holguín, los de la peña deportiva que fueron de aquí me preguntaban, me decían que me extrañaban, que me echaban de menos, y eso fue lindísimo.

«Ser campeón nacional era lo que más anhelaba como pelotero, porque tengo varios títulos internacionales, pero ese no lo tenía. Todavía con mi provincia me lo debo. Fíjate si era importante y grande, que mi medalla la entregué en el Museo de Las Tunas. Eso fue lo primero que hice».

—Después viene la Serie del Caribe y toda la nebulosa, los rumores alrededor de quiénes fueron y se quedaron.

—La Serie del Caribe fue algo fenomenal, a esta edad vienes a ver lanzamientos que en las Series Nacionales no viste nunca. Por ejemplo, la recta cortada. Vi al Villa Clara intentarlo, hacerlo lo mejor posible. Allí no abrí jugando de regular, de hecho casi ni jugué. Tuve que exigirle un turno al bate a Víctor Mesa. 

—La inclusión de José Miguel Fernández, para muchos ilógica, te limitó...

—No es por criticar ni por salvarme, ni por hablar bien de mí. Es cierto que Fernández la rompió en el Clásico, pero no se puede vivir de esos momentos. No te puedes casar con un jugador por eso. Como director tienes que probar, alinear con quien mejor esté en ese instante. ¿Cuánto bateó, un hit? A mí que me lo demues­tre en el terreno y no lo hizo, por eso tuve que exigir mi turno al bate. Había que darles el chance a otros que no estábamos ahí para hacer turismo.

—¿Cómo a Víctor Mesa si no era el director?

—Sí, tuve una conversación con él allá. Yo soy de la vieja guardia, de los Kindelán, de los Pacheco, de esos peloteros que por su calidad había que respetarlos. A mí no me pueden venir con cuentos. Por eso fui, me le encaré y le dije: «Dame un turno, no vine aquí por gusto». Se asombró, pero reaccionó al momento. Se lo dije a él, porque es más cercano y por su carácter pensé que sería persuasivo con Moré. Hay peloteros con más gallardía, otros más tímidos, pero repito, yo soy de los más antiguos, a mí no me vengan con historias. En los entrenamientos hice de regular, de pronto todo cambió, por eso la inyección se la di a Víctor.

—En la elección de los refuerzos pasados, hubo oportunidad de que te eligieran otra vez. ¿Lo deseabas?

—Un mánager pide lo que necesita, no te puedo decir que le voy a criticar eso, porque cada quien sabe lo que quiere. Pero siempre pensé que yo cabía en ese equipo, podía compartir con Andy Sarduy la segunda base como antes lo hice. Tenía dos equipos en mente aquella noche, Villa Clara y Holguín, cualquiera me convenía. Con Villa Clara me sentía cómodo, sabía cómo eran, y con los cachorros por cercanía, eran 70 kilómetros nada más, podía viajar mejor a casa.

«Con Holguín hice un buen campeonato, jugué la segunda base y los holguineros son un público de los que llenan el estadio, y eso es lo que nos gusta a los peloteros. Los de aquí también son una gran afición, pero por la tradición que tienen, solo se llena el estadio en los play off. Allá no, la mayor parte del tiempo se mantiene con mucha gente».

—Año tras año eres un pelotero de 300 de average...

—De joven hice bastantes pesas, ahora no hago ni el 90 % de lo que hacía entonces. No me entreno igual que el resto en la actualidad; empecé con 16 años. Ahora solo practico los swings, cojo unos cuantos rollings y algo de pesas, pero con menos cargas, por supuesto.

—¿Qué hay con Las Tunas para la 54 Serie?

—Tenemos que aprovechar a los equipos con más jóvenes, para sacarles provecho. Debemos clasi­fi­car­nos. Ellos piensan así, yo quiero ser campeón nacional. Si me quedo en el camino, bueno; pero propósito pequeño no me sirve. Hay que pensar en grande y eso me lo enseñó Villa Clara.

 (Fuente: Vanguardia / Mayli Estévez)