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Pese a ser relativamente pocos, en la fauna cubana existen determinados animales cuya mordedura puede resultar suficientemente tóxica como para dañar la salud humana y requerir cuidados médicos.

El jubo tiene hábitos esencialmente diurnos y alcanza a medir un metro y medio de longitud total.

Pese a ser relativamente pocos, en la fauna cubana existen determinados animales cuya mordedura puede resultar suficientemente tóxica como para dañar la salud humana y requerir cuidados médicos.

Sucede,  por ejemplo, con la culebra conocida popularmente por jubo (Cubophis Cantherigerus), que es una serpiente de la familia Dipsadidae, de coloración gris plomizo o parda, la cual de manera general solo ataca al hombre cuando se siente acosada o intentan atraparla.

La inoculación de la saliva tóxica del jubo suele provocar enrojecimiento del área de la piel afectada, inflamación, necrosis del tejido dañado, fiebre, dolor e incremento del pulso, manifestaciones clínicas que en dependencia del estado físico, padecimientos y la edad de las personas, pueden ser más o menos agudas.

Por eso no es recomendable usarlos de mascota, ni tratar de capturarlas, pues al percibir la amenaza se vuelven agresivos. Incluso, ante esta situación de peligro el jubo es capaz de levantarse y aplastar la región anterior de su cuerpo, parecido a una cobra, adoptando una conducta intimidatoria.

Más allá de este llamado de atención referido a una faceta de su comportamiento, son importantes controladores y reguladores del equilibrio biológico, de ahí la conveniencia de no matarlos.

(Fuente: Granma)