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07:25:48 a.m.

El 18 de septiembre, Escocia celebrará un referéndum para independizarse de Gran Bretaña. London está rotundamente en contra de la separación, amenazando a Edimburgo con diversa clase de restricciones.

El primer ministro David Cameron, realmente, tiene por lo que temer. Si los escoceses votan a favor de la independencia, cinco millones de súbditos de la Corona británica y la base de submarinos nucleares de Glasgow se verán en territorio de otro país.

Europa está en el umbral de una serie de plebiscitos independentistas en algunos territorios que hoy forman parte de los principales países de la UE, entre ellos Reino Unido, España e Italia. Sin embargo, esta circunstancia no lleva los ánimos al grado de histeria ni provoca mucha agitación. La UE y EEUU no lanzan terribles amenazas contra Roma, Londres o Madrid, tal como lo hicieron contra Rusia que respaldó la voluntad expresa de la mayoría de la población de Crimea sobre la adhesión al Estado ruso.

Es bien real, aunque poco probable, que Escocia termine separándose de Reino Unido. Por eso, casi no hay polémica en torno a este referéndum. El director interino del Instituto de Europa, Alexéi Griomiko, aclara:

En Reino Unido no hay leyes que prohíban a las regiones la convocatoria de referéndums. Y si la mayoría de la población vota por separarse del país, Londres no podrá impedirlo por vía legal. Pero todo el mundo sabe que los nacionalistas escoceses perderán la votación, porque solo cuentan con el apoyo del 35 % de la población. En Escocia hay ánimos separatistas, pero seguirá siendo parte de Reino Unido.

Sea cual fuere, el Gobierno escocés no renuncia a su decisión. Ha publicado un Libro Blanco, en el que detalla su plan de separación de Reino Unido. El año pasado, el primer ministro escocés Alex Salmond señaló que la soberanía permitiría aprovechar el enorme potencial de la actual comunidad autónoma. Escocia tendría garantizada su prosperidad gracias al petróleo del mar del Norte, que, de acuerdo a los separatistas, es propiedad de los escoceses por razones geográficas. Otra fuente de desarrollo sería el importante flujo turístico. Con estos ingresos, el Gobierno podría aumentar las prestaciones y subsidios sociales. Al independizarse, el país crearía su propio sistema fiscal y su propio ejército. La realización de estos planes sentaría un precedente realmente peligroso, potencialmente capaz de poner fin a uno de los más ambiciosos proyectos de la segunda mitad del siglo XX: la Unión Europea.

A pesar de que los ánimos separatistas en Escocia no son muy fuertes, el resultado del referéndum no está predeterminado. Los escoceses aún tienen tiempo para acordarse de su lucha soberanista que viene de muy atrás. En el siglo XIV, tras numerosos intentos de anexionar a Escocia por parte de Inglaterra, tuvo lugar la batalla de Bannockburn, después de la cual Londres reconoció la independencia del país vecino. Más tarde, en Escocia surgieron órganos de gobierno propios y el Parlamento escocés defendido por el rey Jacobo VI. El Acta de Unión, aprobada cuatro siglos después, eliminó el legislativo de Escocia creando un gobierno central y un parlamento único. Desde aquel momento comienza la historia de Escocia como parte de Reino Unido y su «guerra fría» por la independencia.

Ante la inminente culminación de esta complicada historia, el analista político español Manel Parra sostiene que cada Estado miembro de la UE tiene derecho a decidir por sí solo si está dispuesto a conceder la independencia a alguna de sus partes. Así lo establece el Tratado de la Unión Europea. Y es justamente el caso de Escocia. Dado que Londres no ha prohibido la convocatoria del referéndum, la posibilidad de la separación persiste. Otra cosa es que Escocia perdería su lugar en la Unión Europea como parte de Reino Unido, y hay mucha incertidumbre en cuanto a su posible readmisión. Lo más probable es que no la quieran tomar de vuelta.

El analista político Ígor Kovaliov señala otro detalle importante que en cierto detalle explica la calma que reina en las Islas Británicas en relación al plebiscito escocés:

El referéndum de Escocia se celebra por acuerdo entre los separatistas escoceses y el Gobierno británico. Las autoridades han dado su visto bueno para convocar el plebiscito y reconocen su legitimidad. Pero si Escocia se separa y se convierte en un Estado independiente, tendrá muchos problemas. Los demás países miembros de la UE no lo van a aplaudir de ningún modo, porque también albergan separatistas, como, por ejemplo, España. En estas circunstancias, pueden emprender acciones orientadas a contener la tendencia separatista, evitando su propagación a otros países del Viejo Continente.

Resumiendo, el solitario aún no está del todo terminado. Es obvio que las tendencias centrífugas preocupan a Londres, porque amenazan a la seguridad nacional. Pero la mente fría propia de los británicos y su absoluta convicción de que Escocia seguirá siendo parte de Reino Unido, no da lugar al pánico. Pronto veremos si los políticos de Londres tienen razón confiando en su intuición.

(Fuente: La Voz de Rusia)