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China prohíbe el juego Battlefield 4 «por seguridad nacional», difunden algunos medios digitales, sin más comentario que ciertas características de  esta cuarta parte de la saga de juegos de disparos en primera persona que recrea una historia en la que un militar chino urde una conspiración contra el Gobierno de su país. Son decisiones que cada cual sabe por qué las toma. 

Y sin inmiscuirme en políticas culturales de nadie, pienso que se actúa sabiamente cuando se evita, de la manera menos caústica posible, cualquier juego que promueva la subversión directa o indirectamente. 

Sabemos muy bien el efecto que este tipo de juego provoca en las psiquis humana. Si China ha prohibido Battlefield 4 «por seguridad nacional», sus razones tendrá. China no es hoy lo que es a escala internacional por sus 9,6 millones de kilómetros cuadrados de extensión territorial, ni tampoco por sus más de  1.300 millones habitantes que la hacen el país más poblado del mundo. El poderío real de esta nación asiática yace en la filosofía sobre la cual se establecen las bases de su política, su cultura y su economía.

Ahora, existe una verdad muy grande: los gobiernos no podrán seguir desentendiéndose de como los entretenimientos, la publicidad, la propaganda, resultan la herramienta más eficaz para la manipulación de las masas, cada vez más banalizada y estandarizada la cultura en un mundo mayoritariamente sometido a los dictados del mercado y al desenfreno tecnológico que, concentrado en unos pocos, amenaza y violenta la privacidad de cualquier ser humano, incluyendo la de los gobernantes. 

En el caso de Battlefield 4, desarrollado por Electronic Arts (EA) y lanzado en octubre, se trata de un juego ambientado en 2020, cuando un alto cargo militar, el Almirante Chang, planea un golpe de Estado contra el Gobierno chino, apoyado por Rusia y colocando también a Pekín al borde de una guerra con Estados Unidos. El jugador elige desde donde combate: junto a las fuerzas chinas, las rusas o las estadounidenses. 

La decisión de que «no podrá venderse en el mercado chino, ni tampoco aquellos productos relacionados con él, según un comunicado del Ministerio de Cultura del que hoy se hizo eco la web china de juegos electrónicos www.PCgames.com.cn», no deja de ser razonable si nos ponemos en la piel del otro. 

Ya sé que las prohibiciones no gustan y casi siempre tienen efectos contraproducentes o negativos, sobre todo en materia política. Pero,  ¿a quién le agradaría que le hablen mal de su familia en la propia cara? ¿A quién, que desde la propia sala de su casa le planificaran el robo, sabiendo del tipo de caco que se trata? El anarquismo tecnológico no lleva por buen camino, y la dignidad nacional se defiende a cualquier precio. 

Que el título en mandarín del juego esté bloqueado en las redes sociales chinas,  es normal. Sucede en muchas otras cosas, en todas partes y en todos los gobiernos. ¡Ah, es que también vas a permitir que te pongan la «bomba» encima del sofá! Aunque ya se sabe bien que «algunos jugadores lo van a conseguir bajándoselo de la red bajo otros nombres». Las frutas vedadas son más sabrosas, y en la red de redes todo es posible.