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8/8/2013 6:52:15 

 

La lectura de la carta enviada por Fidel a las tropas cubanas cercadas en Cangamba por fuerzas de la UNITA, inició un conversatorio efectuado en la sede de la dirección municipal de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC) en Guantánamo, donde este martes, se recordaron los sucesos, 30 años después. 

 

En la misiva, el Comandante llamó a los cubanos y a los integrantes de las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola ( FAPLA ), a resistir  el tiempo que fuera preciso, con la promesa de que serían rescatados a cualquier costo, que no lo pusieran en duda. 

Miguel Narciso Martínez Toyos, entonces integrante de la brigada de rescate y salvamento, narró a los presentes  los largos combates y las circunstancias en la que se produce el cerco a los 82  cubanos que en Cangamba, tenían la misión de brindar asesoramiento a la 32 Brigada de la FAPLA, y así evitar la penetración de fuerzas extranjeras por este punto. 

«El 2 de agosto inicia el avance de las tropas de la UNITA sobre Cangamba. El objetivo clave era tomar el aeropuerto y de ahí apoderarse de Luena, con la intención de declararla capital de "la nación negra", como un triunfo que celebraría el cumpleaños de Savimbe, líder de estas fuerzas apoyadas por Sudáfrica y otras naciones». 

Según consideró Miguelito, como le dicen los amigos a este trabajador de la salud devenido combatiente, al enemigo lo ayudó el ataque sorpresa con una fuerza superior en hombres y en artillería, que contabilizaban más de 60 piezas. 

Él no fue uno de los cubanos cercados, pero la heroicidad demostrada por los miembros de la brigada de salvamento y rescate de la que era miembro, aquí, no fue menos importante. Y más aún, los siete helicópteros, cuatro de los cubanos y tres de la FAPLA, fueron decisivos en los combates para finalmente, rescatar a los combatientes y la población. 

Y siguió el relato: «Las tropas de la UNITA  hicieron desplegar a los de la FAPLA hacia las posiciones cubanas. Entonces no había agua, ni comida y las municiones se agotaron. Allí se comió cepa de plátano, arroz crudo, azúcar, agua del radiador de los carros. 

«Los helicópteros,  para no ser derribados por el fuego de la artillería, pues en Cangamba se presume que caía un mortero cada tres minutos,  tenían que volar pegado a los árboles. Esto último, permitió suministrarle municiones a los cubanos. Otros intentos de hacerles llegar comida y agua, fueron en vano porque casi todo caía en  las posiciones enemigas. 

«No había descanso, los que estábamos a  bordo de los helicópteros, apenas teníamos tiempo para comer, no dormíamos, y el cansancio era mucho, por lo que nos turnábamos  para disparar la ametralladora de cinta que pusimos a bordo. 

Finalmente a los helicópteros se debió la salvación de los emplazados en Cangamba, pues por la distancia, el avance por caminos minados y las acciones enemigas, las tropas que salieron desde  Menongue y Huambo,  no pudieron llegar. Entonces se trasladaron hombres de la brigada de desembarco, algunos llegados directamente desde Cuba para el rescate de los combatientes  en Cangamba. 

Ya el día 9, se habían retirado del teatro de operaciones las tropas de la UNITA. «Algo olía mal, Fidel lo intuyó y de inmediato mandó a sacar a todos de allí —la parte soviética se negó a evacuar al personal de la FAPLA— la población se refugió en el poblado más cercano». 

El 14 de agosto fueron atacadas con morteros las posiciones ocupadas por las FAPLA en Cangamba y cuarenta minutos después se inició un bombardeo sobre este lugar. 

Allí murieron 18 cubanos y  27 resultaron heridos. Mucho se habla de Cuito Caunavale, pero los presentes en el conversatorio, coincidieron que Cangamba fue donde más valor derrocharon los cubanos en Angola, pues el personal emplazado aquí no era regular, y aún así resistió el empuje del enemigo, el hambre y la sed por más de una semana. 

 

(Fuente: Venceremos/ Yaniuska Duvergel Brooks)