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24/5/2013 22:52:25

 

Por Mercedes Rodríguez García


 Los blogs son la moda de nuestro tiempo. Lo tienen los famosos y las personas comunes. odo el mundo quiere un blog, y en el mundo de la 3W existen de todo tipo. Lo mismo para la reflexión que para la promoción, para hablar de la guerra que de excursionismo, de mascotas que de aviones, de Rock que de Salsa, de sexo que de armas, de amor, de odio y de locura…

 

Y ¿qué es un blog o weblog, como se les conoce? El término «weblog» fue acuñado  en1997. La forma corta, «blog», dos años después. Rápidamente el término se castellanizó, adoptándose  tanto como sustantivo como verbo. Llámese entonces «bloguero» a quien posee un blog, «bloguear»  a la acción de editar el propio blog o un mensaje en el weblog de alguien, y por extensión, «blogosfera», a ese universo.

Pero, más allá de las definiciones semánticas y gramaticales, un blog es un medio o soporte para publicar contenidos diversos en Internet, gratis y sin limitaciones de espacio, y sin mucha o ninguna ética, ni compromiso social ni entendimiento en la materia de la que se habla, lo cual resulta lo más doloroso y cuestionable.

Porque un blog —y es criterio generalizado— constituye el único espacio «tuyo de verdad», como he escuchado montones de veces. Porque en un blog «solo te haces la competencia a ti mismo», porque «no hay nadie más ahí dentro».

El reto yace en conseguir que accedan y «naveguen» por él, en que lleguen a las páginas propuestas. «Aquí la competencia es personal», afirman unos; en Facebook, Twitter o en cualquier otra red social, «compites con todo el mundo», aseguran otros.

Ambas líneas de pensamiento resultan válidas. En realidad el blog permite razonar con calma sobre lo que quieras. Sin el sometimiento a la tiranía de ningún editor, que además de orientarte el qué, te impone el cómo y el cuando. En el blog uno decide su propio perfil editorial. Uno es el amo y señor de lo que muestra y ¿demuestra? 

Un aspecto importante de los weblogs lo constituye su interactividad pues a menudo funcionan como herramientas sociales, permitiendo el intercambio entre personas y comunidades, afines o no.

De ahí la relevancia que le concedan los profesionales de distintas esferas, ramas o sectores a esta forma de expresión en el entorno virtual donde se pueden integrar en perfecta armonía —si la plantilla lo permite—  texto, imagen y sonido. Otro de los grandes poderes de esa anhelada internet que tantos desean tener en casa, de esa red de redes que sin duda «acompaña la emergencia de una cultura contemporánea atravesada por la impronta de las tecnologías de la informática y las comunicaciones (TIC)», al decir de la colega Rosa Miriam Elizalde, editora de  del sitio www.cubadebate.cu

Aunque no encontré cifras actualizadas, hasta hace el año pasado existían alrededor de 2 400 millones de usuarios distribuidos en todo el mundo, un tercio de la población mundial. Incluso —estima Rosa Miriam— Internet  es un referente para quienes no acceden a la web, o no tienen contacto directo con esta tecnología, pues «la desconexión absoluta no existe […] y a partir de ella la vida no es la misma».

Por lo tanto —argumenta— la web, el blog, Facebook, Twitter, constituyen «extensiones simbólicas de instituciones que existen en la realidad».  De ahí que compare la web con «la biblioteca más el estanquillo de la esquina», Twitter con el rumor, Facebook con «la discoteca o el parque donde los jóvenes se relacionan», y un  blog con «un diario personal».

Cierto que en el caso cubano —como en casi todo Cuba—, no es tan fácil tener su propio blog ni tampoco acceder a las redes sociales, indispensables hoy día para difundir particularísimos mensajes desmitificadores, o desmentir no pocas falacias que circulan por la red de redes.

Aún para los que pueden acceder a internet existen limitaciones tecnológicas, sin que se vislumbre de inmediato la oportunidad tangible de tenerla. El asunto es bien complejo y transita no solo por aspectos de infraestructura tecnológica y disponibilidad financiera del país, sino por políticas, sean educacional, cultural, e incluso, de seguridad nacional.

Existen quienes defienden que lo importante no es la tecnología, sino cuáles relaciones se establecen con ella y en qué sociedad se utiliza, ya que «más volúmenes de información no equivalen a mayor desarrollo cultural», como delibera Iroel Sánchez, coordinador de EcuRed y editor del blog «La pupila insomne».

Y en parte coincido con él, pues, de acuerdo con numerosos especialistas, el hecho de que cualquier persona «suba» contenidos o imágenes «humanas y divinas» a internet, conspira contra el nivel cualitativo de lo que se publica.

No obstante el carácter bizantino de la polémica y la urgencia de convertir a nuestra Isla en un país «conectado» (a internet), el cerco tecnológico y mediático crece día a día. ¿Estamos preparados para este enfrentamiento? En lo referido a la apropiación cultural de las nuevas tecnologías, las circunstancias de Cuba son excepcionales, porque dicha apropiación empezó mucho antes de desarrollarse la infraestructura.

Los cubanos que se encuentra en la franja de los nativos digitales han tenido acceso desde su educación elemental a los recursos informáticos y no hay grandes diferencias entre regiones geográficas y grupos sociales.De ahí que —y vuelvo a citar a la colega Rosa Miriam— «ante las limitaciones del acceso a la web, los jóvenes se pasan información por celulares y memorias flash, juegan en redes locales adaptadas con los sistemas inalámbricos de las computadoras o chatean aprovechando el Bluetooth de sus celulares». Por lo que resulta disfuncional  y descontextualizado que alguien quiera consolarlos diciéndoles que los empleados de Google y Microsoft en Silicon Valley eligen mandar a sus hijos a escuelas donde no se utiliza Internet ni computadoras.

Mas, la nación no es dueña de las redes troncales de Internet, por lo tanto el acceso a ella representa una importación-inversión-erogación, que según Juan Fernández, asesor en el Ministerio de Comunicaciones y profesor adjunto en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), incluye «la infraestructura necesaria para que puedan llegar y ofrecer servicio los cables» — asunto del que no se sabe mucho—, y precisa de «ordenar en Cuba el proceso económico, hacerlo eficiente, y luego informatizarlo», algo que no sucederá de ahora para ahorita.

Les doy un dato interesante. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, Cuba es la tercera nación en el mundo en cuanto a habilidades para las TIC. Así que como cibermambises —y en función de la sociedad que queremos construir—  estamos llamados a aprovechar ese enorme capital humano, y a «navegar» con cabeza propia, independientemente de que Juan piense que «cuando se informatiza la ineficiencia, se multiplica la ineficiencia», lo cual no deja de ser una idea prejuiciada, y de cualquier manera un riesgo que a correr.

Y ojalá pronto todo compatriota que lo desee pueda poseer su blog. Tal y como lo tenemos 79 profesionales de la prensa en Villa Clara, la mayoría creado y actualizado desde las redacciones, nada boyantes en equipamiento ni conectividad. Cada cual con su perfil, estilo, discurso y nombre. Puede que unos destacan más; y otros, menos.

Pero para la blogosfera cubana, la misión está clara. La Reina, no hace el panal, lo construye un enjambre, esa multitud de abejas con su maestra, que juntas salen de una colmena para formar otra colonia. Por ahora no existe otro modo de contrarrestar el cerco tecnológico y mediático.

 

Nota: Las citas están tomadas de la relatoría de «Último Jueves», espacio de reflexión y debate que organiza la revista Temas, y recogido en un artículo titulado «Navegar con cabeza propia», suscrito por Tania Chappi Docurro.

 

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