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11/02/2013 23:20:27 

 

Rompiendo con una tradición de siete siglos, y en pleno uso de sus facultades, Benedicto XVI anunció hoy que dejará de ser Papa el próximo 28 de febrero a las 8 de la tarde. El texto de su renuncia, leída en latín a los cardenales, cumple al detalle los requisitos del Derecho Canónico y explica claramente los motivos de un gesto que no producía desde la abdicación de Celestino V en 1294.

 

Con voz serena, el Papa informó que les había reunido «para comunicaros una decisión de gran importancia», y la explico con toda sencillez: «Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio de Pedro».

En realidad, Benedicto XVI está en buena forma para una persona de 85 años, y de hecho no ha faltado ni un solo día al trabajo en casi ocho años, pero «en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve» es necesario «el vigor tanto del cuerpo como del espíritu» para gobernar la Iglesia. Y, a su juicio, ese vigor «en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado». 

Por ese motivo, continuó el Santo Padre, «con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el Cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice».

El Papa agradeció de todo corazón «el amor y el trabajo» de todos los que le han ayudado en su tarea y, en otro gesto de grandeza, pidió «perdón por todos mis defectos». Sus últimas palabras fueron para confiar la Iglesia «al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo» y suplicar «a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice». A partir del 1de marzo —concluyó— «quisiera servir de todo corazón a la santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria».

Aunque recortará las audiencias privadas, Benedicto XVI mantendrá su agenda pública, bastante limitada este mes ya que el Papa y los cardenales realizarán ejercicios espirituales del 17 al 24 de febrero. Será un momento excelente para que todos puedan reflexionar sobre el futuro. El programa de Benedicto XVI para marzo estaba extrañamente vacío hasta el Domingo de Ramos 24 de marzo. Ahora se entiende el porqué. Las ceremonias de la Semana Santa estarán ya a cargo del próximo Papa.

El momento del anuncio ha sido una sorpresa, pero no en cambio la intención de llegar a la renuncia, pues Benedicto XVI lo adelantó claramente en el libro «Luz del Mundo», la larga entrevista con Peter Seewald realizada en Castel Gandolfo en el verano del 2010. El Santo Padre dijo que un Papa no debe dimitir en tiempos de dificultad, como eran aquellos debido al problema de los abusos sexuales. Pero, en cambio, «se puede renunciar en un momento sereno o cuando ya no se pueda más».

No solamente eso, según Benedicto XVI, si el Papa constata que no puede cumplir con todas sus obligaciones, «tiene el derecho y, en ciertas circunstancia, también el deber de renunciar». Benedicto XVI ha reflexionado serenamente y ha decidido con libertad. Una libertad que deja, en herencia, a todos sus sucesores que consideren llegado el momento de tomar una decisión similar.

 

(Fuente: EFE /abc )