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25/09/2012 16:08:22

 

Esta croniquilla me lo envió por e-mail una amiga, por lo mucho que conversamos de nuestras edades y lo poco que nos ocupamos de nosotras mismas, cuando debiera suceder todo lo contrario. Me gustó y le hice algunos retoques de modo que no supiera tanto a nosotras mismas, una en Cuba y la otra en Estados Unidos. Y aunque no lo suscriba el 100% (aún me mantengo trabajando), puede que al cabo del tiempo, ya jubilada, lo acepté en su totalidad. Aquí se los dejo… 

 

Pertenezco a la generación que tenía un solo mandato. Debíamos ser y así lo intentamos: las mejores hijas, las mejores esposas —amantes, las mejores madres, las mejores profesionales, etc.— Y ahora, que ya hice todas esas cosas lo mejor que pude, no siempre tengo ganas de cuidar nietos, ni de escuchar los problemas de los demás, y me gusta estar sola, mirar películas o no hacer nada... Ya demostré, acabadamente, quien soy como persona. 

Lo que me queda de vida, intento que sea mío, disfrutándolo con lo que me venga en ganas: leyendo, viendo vídeos, tomando café, haciendo lo que me plazca, así sea estar durmiendo una semana. ¿Se entiende?

Me he dado cuenta que por más que los demás nos amen mucho y seamos importantes para ellos, todos seguirán viviendo cuando no estemos. Por eso ya es tiempo de nuestro tiempo, y de dejar de rendir examen en tantos roles con que la vida nos puso a prueba. No pienso dar más examen de nada, y eso incluye a todos. 

Las de mi edad, criamos hijos, trabajamos, cuidamos padres, estuvimos presentes cada vez que alguien nos necesitó. ¿Acaso después nos van a hacer un monumento donde diga: «a una luchadora, un ser ejemplar y virtuoso»? 

Seguro que no. Y si de casualidad lo hicieran... ¡Estaremos bajo tierra! Somos una generación que rompió estereotipos, allanamos el camino a los que vinieron después. 

Por librar tantas batallas en soledad hemos sufrido tanto cada una de nosotras. Por distintas razones. Por eso ya es hora de que empecemos a relajarnos y a divertirnos más. ¡No saben lo bien que se siente!

Muchas veces me planteo qué rápido pasó la vida, distraída como estaba, haciendo mil cosas. También me pregunto ¿cuánto nos queda de vida? No lo sabemos, por suerte nadie lo sabe. 

¿Algo cambiará en quienes nos quieren, cuando nos vayamos? No, la vida seguirá igual en nuestra ausencia y hasta tal vez dirán: «la vieja estaba un poco loca el último tiempo». Pero nosotras felices igual... porque ya no escucharemos.

Cuídense, no se repriman, aprendan a decir NO cuando quieran decir NO. Si es necesario y siempre para bien de nuestra salud mental, aprendan a mandar lejos a la gente que no sirve para nada. (Eso sí, con elegancia). 

Ya es hora de discernir a quien le hace bien mi amistad, mi cariño, mi compañía y quien me busca sólo para llenar su aburrimiento, descargar su neurosis o hacerle un servicio. La vida está llena de gente egoísta que solo se satisface a si misma usando a los demás de distintas maneras y para diferentes propósitos. 

Huyamos de esos vampiros que nos roban la energía para seguir subsistiendo, y juntémonos, cada vez que podamos, con aquellos que nos hacen reír. Practiquemos nuestra merecida libertad, ya sea quedándonos en la cama todo un día, viendo por TV lo que se nos ocurra, leyendo poesía, biografías interesantes o simples revistas del corazón. 

Qué placer caminar sin apuro ni rumbo fijo, y detenernos en cualquier lugar que nos llame la atención. Por favor, visitemos más seguido a las amigas positivas, vayamos a lugares nuevos, escuchemos más música, animémonos a pintar, a hacer manualidades, yoga, meditación, canto, salsa, idiomas, jardinería… ¡lo que más nos guste! Todo sirve y es válido para hacernos sentir bien. Vivamos en plenitud.