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16/08/2012 12:33:57

 

Hanser García brilló en Guadalajara. Y lo hizo nuevamente en Londres. «El Pollo», como lo llama cariñosamente toda Cuba, nos hace soñar cada vez que se lanza a una alberca y demuestra esa estirpe que extrañamos a veces entre nuestros deportistas. 

 

Me sorprendió su llegada a la Terminal Aérea número 5. Su grupo hacía varios días que ya se encontraba en la Isla, pero él vino a esperar, junto a otros atletas, a la última comitiva que nos había representado en los Juegos Olímpicos. El tiempo apremiaba porque, según algunos, el avión casi aterrizaba y había que tomar puestos. Igual, dialogar con «El Pollo» es algo que no se puede dejar pasar, no importa si son solo segundos…

Desde el primer momento, el sueño fue el protagonista de la conversación: «Para la clasificatoria no dormí. Te juro que competí 18 veces esa noche. En mi mente solo repasaba la carrera y sentía cómo la presión me cansaba. Tras pasar a las semifinales, nunca había tenido tan buena relación con la cama. Estaba relajado, porque el primer paso fue cumplido».

—En la semifinal marcaste record nacional, fuiste segundo… ¿Y el otro sueño, el más difícil, pero igual de añorado?

—Realizar 48.04 segundos me hizo pensar en medalla. Quizás fue un error haber soñado tanto, debido a que no estaba acostumbrado a una presión tan fuerte. Esto trajo como consecuencia que me contrajera mucho en la parte inicial del evento, donde perdí la carrera. Creo que me ilusioné demasiado. Pero era imposible no hacerlo.

—Fuera del agua, una mirada a la final…

—Nunca pensé en un séptimo lugar. Incluso en mi cabeza lo primero era rebajar el tiempo de la anterior carrera. Las cosas no estuvieron bien en el inicio -normalmente ahí me sacan la mayor ventaja, pero a golpe de fuerzas fui poniendo todo en su lugar, aunque no fue suficiente. Haber repetido el mismo crono de un día para otro dice que en cualquier momento puedo bajar de los 48. Y cuando esto suceda ya estoy entre los tres mejores del mundo. No superé la marca porque no estaba para mí o por la presión. Tampoco estuve conforme. Iba por más.

—Provienes del polo acuático, por lo que tus principales debilidades están en no dominar a la perfección elementos imprescindibles, ¿cuánto has avanzado en la parte técnica?

—Ya estoy reaccionando a la par de todos. Salgo con ellos. Bajo el agua es donde está el problema, pues no soy potente en la patada de delfín. Eso es algo que se hace desde chiquito. Mi potencia y mi mente son los brazos, y esto es lo primero que salgo a buscar. Todo se lo dejo a ellos. Ya tengo la velocidad, las ganas, la fuerza para estar al nivel del mejor, solo estoy en fase de detalles: un poco la vuelta, la arrancada, para romper la tan anhelada barrera.

—Saliste de la nada, de un país de poca tradición en este deporte, ¿te respetan o te respetas?

—No. Yo nunca he respetado a nadie. Sé que son buenos, pero son atletas como yo, no son dioses. La preocupación no va por mí.

Quince minutos después aún no se divisaba el grupo que llegaba desde Londres. Le conté que el día que clasificó para la final, esta Isla fue un poquito más feliz en el Caribe, y a él le brillaron los ojos como a un niño: «¿Verdad, compadre? Todo lo hago por mi mamá, que es quien me abre los caminos. Por mi abuela, y también por este pueblo que ha aprendido a quererme».

 

(Fuente: Cubadebate)

 

 

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