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10/08/2012 19:17:28

 

Un sacerdote estadounidense que actualmente se está entrenando como exorcista en la diócesis de Roma (Italia), aseguró que el diablo y los demonios en general odian a la familia. En las personas poseídas ve gente con «profundas heridas en sus vidas y sobre todo, en su familia». 

 

El presbítero, que prefirió mantenerse en el anonimato, señaló que entre los factores comunes que encuentra en las personas poseídas ve gente con «profundas heridas en sus vidas y sobre todo, en su familia», a la cual el demonio accede  fácilmente pues «los padres han tomado elecciones realmente malas», y al obrar así «han invitado a influencias malignas al interior de su hogar». 

Según el clérigo las malas acciones que atraen al demonio a los hogares son «la infidelidad marital, el aborto, hacer cosas que rompen la familia». 

El sacerdote es parte de una nueva generación de exorcistas en formación en Estados Unidos, luego que de los obispos del país decidieran, en noviembre de 2010, incrementar el número de exorcistas. A pesar de que la ley canónica estipula que cada diócesis debería contar con un exorcista, se estima que no superarían los 50 sacerdotes dedicados a esta labor en Estados Unidos. 

Durante su estancia en Roma, donde fue enviado por su obispo para aprender del trabajo de seis exorcistas oficiales de esa diócesis, el eclesiástico está «involucrado» en alrededor de tres exorcismos al día.«No hay dos casos parecidos. Ese ha sido un real aprendizaje para mí. El rito del exorcismo no es una fórmula mágica», dijo. 

«Una vez que el rito inicia, normalmente (el demonio) se comienza a manifestar en la persona, que sufre de diferentes maneras, con violencia, cambios en el rostro, cambio de la voz, es diferente»[…] El demonio «sólo quiere intimidar, pero básicamente hay que ignorarlo y decir “oye, yo soy el que da las órdenes aquí, amigo”», explicó , refiriéndose a recientes exorcismos. 

La inteligencia angélica del demonio, también implica que ellos saben que Dios sólo permite sus actividades diabólicas para llevar la salvación a personas a través de un «sufrimiento expiatorio», de ahí que estas «personas sufrientes se están volviendo santos al ofrecer sus sacrificios», que Dios entonces recibe y «bendice a gran parte de la Iglesia en todo el mundo», aseveró. 

El presbítero aseveró que «cuando le recuerdas eso al diablo, se pone furioso», porque sabe que está perdiendo, y por lo tanto «quiere conseguir lo que pueda, mientras pueda. Si no puede ganar las almas de estas personas, quiere al menos hacer sus vidas miserables». 

Indicó que cuando habla con el demonio le hace una serie de preguntas, como: «¿cuál es tu nombre?» ya que «cuando usas su nombre en una orden, eso lo debilita». Una vez que el demonio dice su nombre, el exorcista le ordena «salir», y también le podría preguntar «cómo entró y cuándo va a salir». 

«(Al responder a) eso último es como si ellos hubieran sido entrenados para decir lo mismo, “nunca me voy a ir”, pero eventualmente lo harán».

La clave es limitar el diálogo, dijo el aprendiz de exorcista. «No quieres hacerle preguntas sólo por curiosidad, eso no es saludable», subrayó. 

También es posible «decir cosas para humillar al demonio», tales como invocar la presencia de santos, ángeles guardianes y, la más «temida» de todas, de la Virgen María. Es entonces que «puedes realmente ver un cambio en el comportamiento del demonio». 

El final viene a menudo cuando el diablo empieza a mostrar arranques de ira y violencia, cuando «es común que bote espuma por la boca». En caso de que se haya roto una maldición, la persona «comenzará a vomitar objetos que fueron usados en la maldición. El vómito cambia a verde, luego a rojo, y otra vez verde». 

Entonces, el exorcista sabe que «estoy tocando fondo, que esto está siendo realmente eficaz y esas son buenas señales. No es algo placentero de ver, pero tú sabes que “estoy siendo efectivo aquí”».

 

(Fuente: ACI/EWTN Noticias)