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12/06/2012 23:15:14

 

Pese a que las organizaciones de derechos humanos presentaron un recurso judicial para impedir la realización, el gobierno del conservador Sebastián Piñera permitió que la Corporación 11 de Septiembre celebrara, en el céntrico teatro Caupolican de la capital chilena, el acto de homenaje al hombre que liderara el Golpe de estado contra el presidente constitucional Salvador Allende, en 1973.

 

Y aunque contra el general golpista fueron entabladas más de 300 querellas criminales por los miles de casos de ejecutados o desaparecidos durante su dictadura, Piñera no hizo nada para impedir tan horrenda celebración, pese a que los tratados y pactos internacionales sobre derecho humanitario suscritos por Chile sancionan las manifestaciones de panegírico a quienes cometieron crímenes horrendos contra la humanidad.

Según el ministro portavoz, Andrés Chadwick, el presidente Piñera «no favorece ni colabora ni participa ni es partidario de este tipo de homenajes», pero «obviamente los respeta, porque se celebran sin contravenir ninguna ley».

Es así que más de 40 años después, el fantasma del fallecido ex dictador Augusto Pinochet sale a recorrer las calles de Santiago, a contrapelo del reclamo de los familiares de los más de 3 mil ejecutados o desaparecidos, lo cual puede considerarse, tal y como lo catalogó la oposición  como «una apología a la violencia y al terrorismo de Estado». Una provocación cívico militar.

En cualquier otro país del mundo, quien hace alegoría o reivindica al genocidio o al terrorismo de Estado puede ir a la cárcel. Ni siquiera en Alemania, donde está prohibido homenajear a Hitler. Y si legalmente en Chile es posible este tipo de conmemoración, honestamente no es moral. Escarbar sobre el dolor de las víctimas es un crimen.

Por ello las víctimas de la dictadura y la oposición política a Piñera acusaron al gobierno de «respaldar» el acto de homenaje al exdictador, al mismo tiempo que convocaron una contramanifestación en la que los partidarios de Pinochet y sus detractores se volverían a ver las caras en la calle.

Las organizaciones de derechos humanos daban por descontado que los tribunales de justicia no impedirían el acto de los partidarios de Pinochet, ya que unos días antes tanto el gobierno regional de Santiago como la policía del gobierno actual informaron a la justicia que no había impedimentos legales ni de seguridad para la exhibición del film «Pinochet», que se haría en «un local privado y cerrado».

Efectivamente, llegó el adelantado 11de septiembre-homenaje a Pinochet, y con este el inevitable enfrentamiento, así como la represión de la policía contra los grupos de la izquierda, cuyo objetivo era dar a conocer al mundo su justa inconformidad por la tácita reivindicación de asesino como Augusto Pinochet. Sería una manifestación pacífica.

Es difícil saber si los enfrentamientos del pasado domingo eran evitables o no, pero de todos modos la propia policía los hizo inevitables, al cerrar el paso de los que protestaban y tratar de contenerlos por la fuerza. Como en tiempos del dictador se emplearon gases lacrimógenos, porras, y chorros de agua color amarillenta, altamente tóxica. Todo un ensayo sobre cobayas en este tipo de enfrentamiento.

A pesar de los pesares, el homenaje dio comienzo a las 11 a.m. hora local (3 p.m. GMT) con poco más de un centenar de asistentes (de los cuatro mil que calcularon, invitaron y anunciaron para la proyección del film «Pinochet»), y entre ellos el alcalde de Miami, Tomás Regalado; el presidente de la Liga Demócrata del Estado de Florida en Estados Unidos, Eladio José Armesto; Joseph Torres, presidente de la Juventud Cubana en el exilio; el inglés ultraderechista Lord David Montgomery, quien viajó en representación de Margaret Thatcher, y muchos otros personajes de similar calaña.

El único representante de la familia Pinochet fue el nieto del ex dictador, Augusto Pinochet Molina, quien calificó el homenaje como «un acto para honrar a la historia». « […] Quiero agradecer a Dios y a todos los chilenos diciendo que en el año 73 este país dio un grito fuerte y ese grito fue libertad. Todo eso fue liderado por mi abuelo pero todos ustedes ayudaron. Luchen siempre por la libertad, nunca la pierdan», terminó… ¡desvergonzadamente!

El film duró dos horas. Al final los asistentes aclamaron ruidosamente. aunque algunos críticos aseguran que en la film «Pinochet», el director Cristian Zegers,  utiliza sin permiso abundantes imágenes de otra cinta en la que el cineasta Miguel Littin.

Los asistentes al acto debieron salir del teatro en buses que los Carabineros pusieron para su traslado. Afuera esperaba una multitud que resistía los gases y los embates del agua tóxica.

Alrededor de 50 manifestantes fueron detenidos, algunos heridos y otros puesto fuera de combate. Llegó la Cruz Roja desde tres estaciones de policía. Entre los lesionados figuraban varios camarógrafos de un equipo de televisión española, cuatro o cinco periodistas del grupo, y un corresponsal europeo, que no ha querido dar el nombre.

Observadores de Derechos Humanos y Amnistía Internacional, han denunciado los hechos…

 

(Fuente: Globedia)