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LA TECLA CON CAFÉ

Manolo Fernández, el pintor del Undoso, ha muerto

Manolo Fernández, el pintor del Undoso, ha muerto


 

10/05/2012 21:20:53

 

Una colaboración de Luis Machado Ordetx

 

La noticia vino enlutada, y llegó extemporánea: Manolo Fernández, el paisajista del Undoso,  como prefería que lo nombraran por la notabilidad cultural que le prodigó Sagua la Grande, falleció el último domingo de febrero, allá en su remanso de Varadero, víctima de un accidente cardiovascular.

 

No quise creer en la confidencia de algunos amigos. Indagué en los medios de prensa cubanos, incluso entre artistas y creadores de Matanzas, y nada decían. ¡Qué pena! Otro dato arribó fiable luego de extrañar sus memorables correos postales, y llamadas telefónicas preguntando por amigos y por Santa Clara, una ciudad en adopción, que en las últimas tres décadas jamás tributó un correspondiente homenaje.

El creador no lo necesitó, y tampoco lo reclamó. Era una deuda impagable por cuánto hizo desde la Academia de Artes Plásticas «Leopoldo Romañach» en ese propósito de enraizar una dimensión intelectual en defensa de los valores comunitarios. Varadero, en cambio, lo hizo Hijo Adoptivo, y Sagua la Grande lo encumbró y lo respetó como pedagogo, paisajista e infinito hombre de palabra en el hacer artístico. Todavía le recuerdo aquellos testimonios que ofreció en su casa de la calle Pasaje, número 15, entre 42 y 43, en Varadero. Habló con donaire de la amistad con Benny Moré, Wifredo Lam, Mateo Torriente, Teódulo Morales Rossell, José Ramón (Pepito) Núñez Iglesias, Manuel García Borbón, Ramón Infantes, Carmelo González, Ernesto González Puig, Apolinario Chávez y…

Enumeró de temas y personajes, infinitos de nombrar, y recordó su paso de niñez, juventud y madurez por Santa Clara, Sagua la Grande, Trinidad, Camagüey, La Habana y los más recónditos lugares en el ánimo de enseñar y hacer arte.

Con voz tierna mencionó a Lam, y los deseos de ese universal pintor de comulgar con amigos durante la filmación del documental que preparó Humberto Solás en 1979. Aquel encuentro, excepto el filme, se perdería de la memoria histórica si no fuera por el recordatorio persistente de Manolo Guillermo de la Caridad Fernández García (Majagua, 1925-Varadero, 2012), quien atesoró testimonios y papelerías incontables luego de siete décadas de vida artística.

En 1952 se graduó de pintura y grabado en la Academia de San Alejandro, en La Habana, tras iniciar en Santa Clara sus estudios de la especialidad. Antes ya tenía un reconocimiento nacional y foráneo: muchos de sus grabados en madera figuraron en publicaciones cubanas y extranjeras tras obtener con «Marinero en tierra», la medalla de plata en la Exposición Panamericana de la Universidad de Tampa, Florida (1948). Dos años después alcanzó el premio del iv  Salón Nacional de Pintura, Escultura y Grabado de La Habana.

Ahora lo recuerdo en Varadero, 1990, cuando comenzó a animar los salones anuales de Marinas, y los recordatorios a Romañach y a Clotilde Rodríguez Mesa, y allí con el don imperecedero de convocar artistas, reinó hasta sus últimos días de vida cuando preparaba una retrospectiva surrealista sobre el paisajismo cubano  y las fantasmagorías del folklore insular.

Tal parece verlo de gozo en 2005 durante el aniversario 80 de su natalicio: estuvo eufórico en el Museo de Arte de Varadero presentó 15 piezas, elaboradas en técnica óleo/acrílico, y las exhibió  allí. Fue un suceso retrospectivo superior al que en 1991 instaló en la ciudad alemana de Hidesheim con motivos y temas de la flora autóctona del ámbito rural y urbano de Cuba. Sagua también le tributó similar reconocimiento, y Santa Clara —territorio en el cual existen colecciones individuales de sus obras—, se desentendió de los homenajes a uno de los pasajistas cubanos más notorios de las últimas décadas.

Del ambiente de farándula, de círculos culturales, de historias costumbristas, contó Manolo Fernández, de esa efervescencia que, hacia los años 60 y 70 del pasado siglo se movieron en torno a Santa Clara, y aunque con solo tres años de edad arribó a la ciudad con su familia —luego del peregrinar por Trinidad, Camagüey, Matanzas y Cienfuegos—, fue Sagua la Grande su cuna en adopción. Por eso, más que todo, deseo recodarlo como uno de los más fervientes pintores cubanos radicados en tierras bañadas por las aguas del Undoso.

 

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Galería:

Dibujo, pintura, escultura

2 comentarios

Margarida -

He conocdo Manolo y lo queria e admiraba mucho su pintura..Siempre que ia a Cuba lo visitaba e hablamos mucho .....Lo recuerdo com mucha emicion...todos los años me enbiava un carton de Natal com dibujo dele Nos hablamos muchas vezes por telefono,e, se quedava contento........Tiengo muchas obras de el felizmente.......lo adoraba....Su obra hablará por el Hasta siempre mi amigo.......

CARLOS DIAZ (CARRILLO) -

fue un gran amigo y profesor mio, lamento su perdida. para mi el mejor paisajista impresionista que alla dado cuba.hace cinco anos lo visite en varadero y me regalo varias hobras.