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07/04/2012 0:29:09

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

«Cuando se es revolucionario verdadero se siente la necesidad de servir a la Revolución desde los lugares más difíciles, en los puestos de vanguardia», escribió Jesús Suárez Gayol (Rubio) a doña Aurora Gayol, la madre a quien acostumbraba llamarle su «Mariana Grajales gallega». Cuando parte de Cuba rumbo a Bolivia para integrase al destacamento guerrillero en las márgenes del Ñancahuasú, le escribe:

 

« [...] Sé que mi madre es una revolucionaria en toda la extensión de la palabra y aunque sufra, porque eso es inevitable, en el fondo de su corazón aprueba esta decisión mía y se siente orgullosa de su hijo [...] Cuando el dolor sea muy fuerte, piensa en tu hijo que es feliz combatiendo por la revolución, aunque ello implique ciertos riesgos».

Bien lo sabía  aquel hombre de mediana estatura y fuerte complexión, de carácter serio y meditativo. Fundador del Movimiento 26 de Julio en Camagüey, consciente estaba de su destino al sumarse a la brigada internacionalista para iniciar la lucha revolucionaria en América Latina.

Al comunicarle que estaba entre los cubanos escogidos por el Comandante Ernesto Guevara para integrar las fuerzas guerrilleras bolivianas, «daba saltos de alegría y me abrazaba», relata Orlando Borrego, entonces Ministro del Azúcar.

Cuando supo de la elección de Suárez Gayol, el hoy coronel Leonardo Tamayo, (Urbano) le muestra su desacuerdo al Che: « [...] creía honestamente que no  tenía suficiente experiencia de lucha guerrillera. Ya en Bolivia pude contarle esa opinión al Rubio, a la vez que reconocía mi error, pues tanto él como Gustavo Machín del cual tenía la misma impresión, resultaron ejemplos por su espíritu de lucha y sacrificio».

En su Diario el Che deja constancia de la caída en combate: « [...] Junto a un herido encontraron al Rubio ya agonizante; su garand estaba trabado y una granada con la espoleta suelta, pero sin estallar, estaba a su lado. [...]»

Aquel 10 de abril de 1967 amaneció calmoso. Mas, en la espesura del monte el peligro acechaba.  Las informaciones recibidas de peones guaraníes y las observaciones de efectivos y huellas dejadas por el ejército boliviano mantenían alertas a los guerrilleros.

A las 10:20 de la mañana ocurrió el primero de los dos combates que sostendrían ese día con una compañía conformada por 150 soldados del regimiento II Bolívar. El fuego duró segundos. Apenas apagados los disparos la noticia impactó a todos. Suárez Gayol estaba herido de muerte. Fue a lanzar una granada y salió de la trinchera. Un certero balazo en la sien le interrumpió la vida antes de llegar al campamento.

El día 11 el Che  reseña en su Diario: «Por la mañana iniciamos el traslado de todos los enseres y enterramos al Rubio en una pequeña fosa a flor de tierra, dada la falta de materiales».

A Leonardo Tamayo le tocó la amarga tarea de darle sepultura al Rubio. «Tuve que hacer dos excavaciones, la primera, que es la que el Che vio y por eso anota que es superficial, y otra mucho más profunda, la cual realizamos más lejos del arroyo, para evitar que la crecida de las aguas lo desenterrara. La noche anterior estuvimos todo el tiempo junto a él y lo despedimos dejando un hermano en suelo boliviano».

Amanece el día12 de abril: «A las 6:30 reuní a todos los combatientes menos a los 4 de la resaca, para hacer una pequeña recordación al Rubio, y significar que la primera sangre del derramada fue cubana», anotó el Che nuevamente.

Suárez Gayol nació el 24 de mayo de 1936, en La Habana aunque el humilde hogar de sus progenitores radicaba en la colonia Dumañuecos, del antiguo central Manatí, en la entonces Victoria de las Tunas.

En el bachillerato sobresalió como  magnífico organizador y fogoso dirigente contra la tiranía batistiana. El asalto al cuartel Moncada lo conmueve hondamente y se suma a la campaña pro amnistía de los moncadistas encarcelados. En 1956 ingresa en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Habana. Ese año, durante una manifestación contra Batista, una bala a sedal le hiere en un brazo.

Luego del ataque al Palacio Presidencial es detenido y conducido al Buró de Investigaciones. Tras las rejas permanecería un mes. Ya libre, trata de incorporarse al Ejército Rebelde, pero recibe la orientación de partir hacia México, vía Estados Unidos. En Miami realiza «pruebas de valor para detectar quiénes de verdad estaban dispuestos a partir en una expedición que se preparaba y a jugarse la vida por la Revolución, pues había muchos charlatanes.», según Fernando Vecino Alegret.

Ya en México, a mediados de noviembre de 1957 —escribe Vecino Alegret—   Suárez Gayol pidió ser situado junto a las armas, «pues era el lugar más seguro para partir, en caso de una reducción de personal expedicionario. Por este motivo, o por haber sido uno de los primeros incorporados, Gayol fue enviado a la región costera de Cancún, en Yucatán».

En una pequeña cabaña abandonada se guardaban más de cien fusiles, muchas ametralladoras Thompson y otros numerosos artefactos bélicos adquiridos con las colectas realizadas en territorio norteamericano. Poco después, el movimiento revolucionario de Pinar del Río envió a Cancún la embarcación El Corojo, expedición que llegó a Cuba el mismo día de la fracasada huelga del 9 de abril fracaso, y junto con ella, Suárez Gayol.

Más tarde se incorpora a las guerrillas del Che en la provincia de Las Villas, donde se destacó por su valor. Combatió en Fomento, Cabaiguán, Jatibonico y Placetas, y cuando el Che le dio la misión de tomar el cuartel de Ciego de Ávila, le informó de su ascenso con una sencilla frase de despedida: «Suerte, Capitán».

Tras el triunfo de la Revolución ocupó diversos cargos administrativos, incluso, el de viceministro de Producción del Ministerio del Azúcar, creado en 1964.

Sobre su desempeño como tal Borrego cuenta acerca de una investigación cuyo objetivo era diagnosticar el estado de la moral de trabajo. Dentro de los parámetros a evaluar se contemplaba el grado de ascendencia, prestigio, reconocimiento y popularidad de los dirigentes del organismo de cara a sus trabajadores, y al computar los resultados fue  Suárez Gayol quien alcanzó la más alta puntuación.

«A pocos meses de su nombramiento en el Ministerio conocía todas las instalaciones azucareras y a miles de sus trabajadores por su nombre y su apellido. Su capacidad excepcional para cultivar las relaciones humanas dejaba su sello imborrable en cada uno de los trabajadores con quienes se comunicaba, influyendo de igual forma en los demás funcionarios del Ministerio, ya fueran pertenecientes a su área de trabajo o de cualquier otro lugar del organismo», relata Borrego.

Jesús Suárez Gayol, legó consejos de gran valor para cualquier joven revolucionario. Por ejemplo, los que dejara por escrito al único hijo de solo cuatro años, cumplidos, el mismo día en que arribó al campamento de la guerrilla boliviana, el 19 de diciembre de 1966 :

«Quiero que rechaces siempre lo fácil y lo cómodo. Todo lo que enaltece y honra implica sacrificios [...] que siempre veas el bienestar común como único medio de obtener el bienestar propio  [...] Mantente siempre vigilante y defiende tu Revolución con celo y con fiereza. Ha costado mucha sangre y representa mucho para los pueblos del mundo. [...] Prefiere siempre la verdad por dura que esta sea  [...] Rechaza siempre la lisonja y la adulonería. Sé siempre el más severo crítico de ti mismo».

Y concluía recomendándole  la lectura de los versos de José Martí  « [...] Medítalos y recuerda que quiero que, ante las alternativas que la vida te ofrezca, tú siempre escojas la estrella que ilumina y mata».

Los restos de Jesús Suárez Gayol, no se han encontrado…

Puede que hayan tomado el camino de  esa estrella martiana de luz y muerte que recomendó a su hijo.