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 08/08/2011 7:15:14 AM

 

Mi querido amigo y colega Pedro Hernández Soto, está de vacaciones y aprovecha bien el tiempo, según veo en su página web Café Mezclado . Así que ha la primera semana, además acompañar a mi nieto en sus juegos de béisbol en la III Copa Gran Habana, disfruta la lectura «Fuego cruzado, contra las bandas de Pluto y Mangosta», del historiador y coronel (r) José R. Herrera Medina». Aquí les dejo sus impresiones sobre el valioso texto:

 

Operación Pluto fue el nombre que dio la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos de Norteamérica al plan de sabotajes, atentados, penetraciones, organización, de bandas armadas (incluidas preparación, asistencia técnica, suministro de la logística necesaria incluidas armas y equipos de comunicaciones, asesoramiento para la creación de redes de información y colaboradores), provocaciones así como acciones diplomáticas y económicas, que culminaron en la fracasada invasión mercenaria por Playa Girón. Sobre el tema el autor publicó en 2006 por la Casa Editorial Verde Olivo (con reedición en el 2008 a cargodel Instituto Cubano del Libro), Operación Jaula, contragolpe en el Escambray; precisamente Fuego cruzado… se inicia con un rápido recuento sobre tal impresión.

Como Operación Mangosta fue bautizado el proyecto aprobado por el Grupo Especial Ampliado, del Consejo Nacional de Defensa de USA, para dar una rápida respuesta que permitiera borrar el fracaso de la Operación Pluto.  Tal Grupo fue creado por presidente John F. Kennedy, y el nuevo plan fue presentado por la Fuerza de tarea W, creada especialmente por la CIA para participar en la maniobra.

La nueva obra de Herrera detalla las acciones revolucionarias para contrarrestar todas esas acciones programadas, creadas, financiadas y asesoradas por el imperialismo yankee. El autor dibuja con precisión encomiable, en 243 páginas, desde las condiciones propicias en 1960 para el surgimiento de las primeras bandas hasta la liquidación de las últimas, en 1965. El período tratado con mayor profundidad es el comprendido tras la victoria cubana de abril de 1961.

Cada página deja un rastro indeleble sobre la forma revolucionaria que se enfrentó la agresión, los asesinatos y otras fechorías cometidas por las bandas, el enfrentamiento armado continuo, el surgimiento de nuevos órganos de la defensa (incluidos Lucha contra Bandidos –LCB- y los de inteligencia y contrainteligencia), el avance en la coordinación y apoyo entre las fuerzas, la preparación creciente del personal, el intercambio de experiencias, el mayor aprovechamiento de fuerzas y medios, el trabajo de las organizaciones políticas y de masas, el mejoramiento de las condiciones de vida de los campesinos, pero sobre todo la decisión firme del pueblo de Cuba, liderado por Fidel, de vencer a tan terribles fuerzas del mal. Ese fue el fuego cruzado que recibieron los bandidos.

 

Fuego… permite apreciar en toda su magnitud la guerra que se llevó a cabo contra esa gavilla de asesinos bien preparados y armados y con asesoría permanente. Me impactó de manera tal que recordé varios episodios personales del último trimestre del ano 1960, las noches de vigilia bajo el estrellado cielo del Escambray villareño, los temores de los primeros días, las tremebundas anécdotas que se contaban sobre los bandidos, el acompasado y sordo sonido de las botas de mi pequeña unidad marchando sobre el mullido y húmedo suelo del monte, la vida de campamento, los interminables tiroteos nocturnos, el olor de la lluvia sobre la tierra.

Pero sobre todo accedí a gran parte dela inmensa tragedia de aquella confrontación que tuvo héroes, mártires, renegados, traidores, familias divididas, pérdidas materiales. Particular atención me provocaron las desdichas de las familias Luján León, de Taguayabón, Sancti Spíritus, donde la madre enterró a los dos hermanos, primero al sargento LCB Isaías, en junio de 1963, y cerca de doce meses después al hermano alzado, Valentín; de Hurtado Hernández que sufrió la muerte en combate del miliciano Miguel  y también en ese combate de Agustín, al acudir en ayuda su hermano; de la Tartabull Chacón de Cumanayagua,  cuando la madre, Marcelina Chacón, veló a su retoño el sargento LCB José Esteban  en agosto de 1962 y casi un año exacto después reprochó al oído del cadáver de su otro hijo, Rigoberto, en un monólogo apenas audible, el haberse alzado contra la Revolución.

Fuego cruzado contra las bandas de Pluto y Mangosta será  puesto  a la venta en la próxima Feria Internacional del Libro. No deje de leerlo, se lo recomiendo.