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23/07/2011 11:00:00 PM

 

Por Mercedes Rodríguez García.

 

Las cenizas del pastor norteamericano Lucius Walker, ya están en Cuba. De acuerdo con su voluntad, reposarán para siempre en esta tierra. Los días 25 y 26 del presente sus restos incinerados permanecerán en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), en Santa Clara. El 27 regresarán a La Habana, y el 30, la urna será colocada para el reposo definitivo en el centro Martin Luther King, donde serán reverenciadas como las de un hijo propio.  

El 7 de septiembre de 2010, el corazón batallador de Lucius Walker no soportó el ataque, y dejó de existir. La hija Gail anunció la muerte del reverendo, ocurrida en su residencia de Demarest, New Jersey. Un mes antes, este buen hombre había festejado su 80 cumpleaños.

No es extraño ni causal que Lucius haya pedido una parada definitiva en Cuba. Aquí yacen los huesos y cenizas de quienes combatieron con las armas y derramaron su sangre en luchas libertarias, pero también los de otros que defendieron con las ideas y pusieron su pensamiento humanista, científico, filosófico y político a favor de una causa.

Muchos de ellos «llegaron a formar parte definitiva del armazón esencial sobre el que se sustenta el cuerpo de la nación cubana», como apuntara Wilkie Delgado Correa, en el sitio digital Rebelión.

Lucius descansará en suelo martiano porque su vida intercepta con la Isla. Porque a lo largo de su historia —incluyendo los momentos actuales—, «Cuba ha seguido siendo un punto de la geografía que atrae, enamora, encanta y, en muchos casos, impele al compromiso con sus destinos, su suerte y proyección en el mundo», al decir del articulista.

Junto con sus seguidores «Pastores por la Paz», Lucius, desafió con valentía y entereza de cristiano verdadero, los injustos rigores del bloqueo de EE.UU. contra Cuba, para entregar, sucesivamente, 21 cargamentos de ayuda humanitaria.  

A Lucius le asistía el convencimiento de que la amistad y solidaridad de su pueblo con el nuestro era una causa por la cual valía la pena correr cualquier riesgo, incluso una huelga de hambre por 23 días, en 1993.

«La Biblia dice que alimentar a los hambrientos, vestir a los pobres. No dice que matar de hambre a los comunistas», expresó Walker en una entrevista con The Washington Post en 1996. Cinco años después, el periodista Ross Douthat no vaciló en tildarlo junto con su organización de «pieza bien establecido en la maquinaria política de la izquierda.»

Y como desde el lado izquierdo de su pecho le gritaba el corazón, en el 2000 Walker ayudó a formar un comité nacional para devolver al niño Elián González a su padre en Cuba, frente a la actitud oportunista de los familiares en Miami, y la agresiva oposición de grupos de cubano-americanos y conservadores con sede en la Florida.

También destacó por su incansable lucha a favor de la libertad de los Cinco cubanos presos en Estados Unidos.

Fue uno de los creadores de la Fundación Interreligiosa para la Organización Comunitaria (IFCO), creada en 1967. De 1973 a 1978, ocupó el cargo de Secretario General Asociado del Consejo Nacional de Iglesias de Cristo en los EEUU.

Hijo de albañil y ama de casa, Lucius Walker nació el 3 de agosto de 1930, en Roselle, New Jersey. De adolescente, ya era reconocido como predicador. Después de graduarse de la Universidad Shaw, en Raleigh, Carolina del Norte, realizó un Doctorado en Divinidad en Andover Newton Theological School como parte de su «historia de amor con las enseñanzas de Jesús». En 1958 y recibió su ordenación como sacerdote. Más tarde, la Universidad de Wisconsin, cursó una maestría en el trabajo social.

Este año Lucius no vino físicamente al frente de la 22 caravana, pero sí en cada uno de los hombres y mujeres que ya desandan el territorio cubano, luego de recorrer más de 130 ciudades de EE.UU. y Canadá recopilando más de 100 toneladas de donativos, entre ellos medicamentos, computadoras, material escolar, herramientas, paneles solares portátiles y 14 vehículos, prohibidos por una ley que desde 1963 los considera fuera de los límites del comercio norteamericano con la isla.

Tal y como mismo escribiera Delgado Correa, Lucius continuará viviendo en la organización Pastores por la Paz. «Ambos a nivel individual o colectivo merecieron el Premio Nobel por la Paz por sus acciones concretas y relevantes en este campo y, en consecuencia, debieron haberlo recibirlo».

Pero existen premios mayores en este mundo que el Nobel, pues los otorgan la conciencia y el corazón de los pueblos y se expresan no en un valor monetario, sino en un valor excelso consustancial a la gratitud y la inmortalidad.

Lucius era de esos hombres imprescindibles de que hablaba Bertold Brecht. Siempre le recordaremos. La más de las veces, sonriente, amoroso; otras, ceñudo y pensativo. Y si con tristeza recibimos hace un año la noticia de la muerte del querido pastor bautista, negándonos a «pensar un mundo sin Lucius Walker».

Sin embargo, ya el mundo dispondrá en Cuba de un sitio para venerarlo. Aquí yace, regresado en polvo de luz, amor y fe, uno de los pacifistas más incansables y más importantes de estos tiempos.

Valga en lo adelante la alegría del reencuentro con su espíritu y su memoria.

 

(Fuentes documentales utilizadas: Periódico Granma Internacional; Cubadebate; Terra-EFE; The New York Times)

 

  

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