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30/06/2011 1:59:28 AM

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

En octubre de 2007 visité la Catedral de León de Nicaragua, también conocida como la Basílica Catedral de la Asunción de León, aunque su nombre real es Insigne y Real Basílica Catedral de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.

 

Junto a un grupo de jóvenes estudiantes de la Maestría en Periodismo organizada por la Universidad de Managua (U de M), subimos hasta el campanario, caminamos imprudentemente por el embovedado techo y, desde allí, divisamos la ciudad donde destaca la sierra de Marrabios, salpicada de volcanes como el Telica, el Rota, el Asososca o el Momotombo.

León, fundada en 1524 por Francisco Fernández de Córdoba, está ubicada al oeste de Nicaragua, y es capital del departamento de igual nombre. En ella murió el poeta Rubén Darío (1867-1916), poeta, periodista y diplomático nicaragüense, considerado el fundador del modernismo. Sus restos descansan, precisamente, en esa majestuosa catedral, declarada — ¡al fin! — declararla Patrimonio de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura. 

La ciudad es, hermosa, tranquila y acogedora, constituye el centro de transporte y comercio del algodón que se recoge en el área agrícola circundante; cuenta con fábricas que producen muebles, calzado y artículos de piel. Fue fundada en 1524 por Francisco Fernández de Córdoba, y la habitan unos 174.051 habitantes. 

Bien que la recuerdo, pues a León iba cada jueves a impartir un ciclo de conferencias a los profesores de Periodismo de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (1812). Pero aquel día, yo fui una turista más.

Recuerdo cuánto nos detuvimos frente a la religiosa mole arquitectónica, y les comenté sobre su fachada y muros cubiertos de moho y al daño presente en los simbólicos leones de cemento que resguardan la entrada. Ya dentro, me preocuparon el piso parte de su ornamentación de madera, agrietados.

Sé que recientemente se han hecho esfuerzos de restauración, principalmente en las pinturas que adornaban los muros del edificio, y que hasta hace poco lucían quebradas y desteñidas. Mas, de no acometerse acciones rehabilitadoras urgentes, toda la riqueza cultural que resguarda continuará deteriorándose. 

Me encantaron León y los habitantes de esta ciudad de gran importancia en Centroamérica en cuanto a su historia y cultura. Ubicada al oeste de Nicaragua, es la capital del departamento de igual nombre, y centro de transporte y comercio del algodón que se recoge en el área agrícola circundante; cuenta con fábricas que producen muebles, calzado y artículos de piel. 

Quisiera visitarla de nuevo, compartir con quienes tuve el placer de impartir mis modestos conocimientos. Ellos quedaron para siempre en mi mente y corazón. Y por supuesto, desearía con toda el alma, volver a entrar a la Insigne y Real Basílica Catedral de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, pero ya sin grietas ni moho que pudieran estar afectan su valiosa estructura.

No sé si llegará ese día. De lo que sí estoy segura es del largo camino que deberá emprender que el Estado nica, de hecho comprometido a proteger y conservar ese pertenencia para el disfrute de generaciones futuras y con la mirada atenta de la comunidad internacional.

Sería lastimoso que, de no cumplir con los requisitos de la organización de Naciones Unidas, la Basílica Catedral de la Asunción de León pasara a la lista de Patrimonios en Peligro.

No se trata de un« monumento católico» y para católicos, sino de Nicaragua y sus ciudadanos. Y desde ya de toda la humanidad.  Y ello, si bien constituye motivo de orgullo, honor y recogocijo, resulta sobre todo un serio compromiso para mantenerla y preservarla.

Mi deseo es que cuiden ahora más que nunca esta reliquia, y con el aporte de los profesionales interesados en brindar sus conocimientos y experiencias, pongan de inmediato manos a la obra. A mi juicio, ya es un asunto de Gobierno.

Además de la Catedral de León, Nicaragua cuenta con otros monumentos Patrimonio de la Humanidad: las Ruinas de León Viejo, El Güengüense , y la  isla de Ometepe, en el lago de Nicaragua, que forma parte de la Red Mundial de Reservas de la Biosfera.