20110609062846-rusia.jpg

 

 

09/06/2011 12:18:18 AM

 

En los próximos diez años Rusia tiene que convertirse en una de las cinco primeras economías del mundo, expresó Vladimir Putin. Pero la mayor parte de su industria sigue utilizando máquinas e instalaciones de los años 70 y 80 del pasado siglo. Pese al incremento de la deuda estatal y del déficit presupuestario, el modelo japonés parece el más conveniente a seguir, aunque ello eso supone un gran riesgo: la gestión administrativa. De mejorar, la nueva industrialización podrá traducirse en el aumento de cantidad de los millonarios y de sus capitales.

 

El 11 de mayo, durante el Congreso de Fabricantes de Automóviles en la ciudad rusa de Toliatti, el primer ministro Vladimir Putin presentó un nuevo programa federal para el desarrollo del sector automovilístico nacional para los años 2011-2016.

Según el jefe del Gobierno, en los próximos diez años Rusia tiene que convertirse en una de las cinco primeras economías del mundo, y la parte de la industria de alta tecnología tiene que aumentar desde el actual 12% hasta el 35%.

 «No podemos conservar las líneas de producción de los años 60 y 80 del siglo pasado», declaró Putin en el Congreso de Fabricantes de Automóviles. La triste realidad es que, bien entrado el siglo XXI, la mayor parte de la industria rusa sigue utilizando máquinas e instalaciones de los años 70 y 80 del siglo XX, a veces incluso de los años 30 y 40.

Las autoridades rusas planean facilitar el acceso de las nuevas tecnologías al mercado nacional. El primer ministro habló de la necesidad de bajar los aranceles de importación para la maquinaria moderna que no pueda ser fabricada en Rusia en los próximos años.

En el período comprendido entre 2011 y 2015 más de 14 mil millones de rublos (unos 350 millones de euros) se invertirán en el desarrollo del sector de fabricación de motores.

Los expertos del Centro de Análisis Macroeconómico señalan que dentro de las élites económicas de Rusia se consolidaron dos  bandos: el que aboga por la estabilidad financiera, y apoya la nueva industrialización.

Los partidarios de la estabilidad apuestan por un presupuesto equilibrado, privatización de activos estatales y atracción de inversiones directas del extranjero, queriendo así seguir el ejemplo de China.

Los adeptos de la industrialización masiva optan por la experiencia de Japón con las inversiones estatales en grandes corporaciones como las «zaibatsu» japonesas, gran grupo de empresas que están presentes en casi todos los sectores de la economía.

La historia conoce sólo dos casos del despegue industrial hecho por los países agrarios sin la ayuda exterior. Son el de Japón en la segunda mitad del siglo XIX y el de la URSS en la primera mitad del siglo XX.

Tanto Japón como la Unión Soviética captaron, claro está, tecnologías extranjeras y profesionales, pero lo hicieron por cuenta propia y, frecuentemente, en contra de la voluntad política de sus socios.

No se podría decir lo mismo de Corea del Sur, Taiwán, Singapur o Hong Kong, cuyas economías fueron «criadas» cuidadosamente por Estados Unidos que concedió a los «tutelados» facilidades crediticias, ayudas monetarias (que a veces superaban el 50% del presupuesto nacional), tecnologías y mercados.

Es por eso que el modelo de industrialización de Corea del Sur es inadmisible para Rusia, al igual que el de China. Los chinos encontraron el punto débil de la economía occidental —la constante necesidad de la mano de obra barata y nuevos mercados— y lo explotan.

Rusia no tiene estas posibilidades. Así que sólo queda el modelo japonés que tiene también sus defectos como el incremento de la deuda estatal y del déficit presupuestario. Además, el éxito de este modelo depende, en gran medida, de la gestión administrativa. Para Rusia eso supone un gran riesgo.

Por lo tanto, las promesas de inversiones estatales en la industria no infunden mucho optimismo. El problema de la economía rusa no está en el déficit de recursos sino en el sistema de distribución de los mismos. Si este sistema no se llega a mejorar la nueva industrialización podrá traducirse en el aumento de cantidad de los millonarios y de sus capitales.

 

(Fuente: RIA Novosti / Vlad Grinkévich)