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Por Mercedes Rodríguez García

27/10/2010 7:23:14

Las encuestas pueden decir esto o lo otro, y no sería atinado de mi parte negar su efectividad. Constituyen un instrumento para  tantear estados de opinión, costumbres, nivel económico o cualquier otro aspecto de la actividad humana.

Pero no necesito de ningún sondeo para asegurar que Obama no repetirá la victoria en los comicios presidenciales estadounidenses de 2011. Nada ha hecho que valga la pena (y no lo culpo totalmente), ni para su país ni para el resto del Mundo.

No creo que resulte tampoco de mucho interés para los Demócratas la reelección del actual presidente. Ya lograron su gran objetivo, que el primer presidente negro de los Estados Unidos fuera uno de sus partidarios: el afro-musulmán, Barack.

Del suceso unos y otros se beneficiaron. Como en un teorema, mediante reglas de inferencia aceptadas, los ciudadanos del poderoso imperio demostraron lógicamente que en los Estados Unidos de Norteamérica todo puede suceder. (l.q.q.d.)

En lo adelante, risas, pitos, cascabeles y matracas para los próximo shows, y de seguro el triunfo para los Republicanos. Pero no creo que a muchos habitantes del planeta les interese el asunto. Las expectativas no se cumplieron. Ni para los pobres, ni para los ricos, ni para los negros, ni para los blancos, ni para los cananeos ni para los hebreos…

Pero vamos a  considerar los resultados de la última encuesta, instrumento mucho más científico que mis emocionales pronósticos. Si a estas alturas el 54 % de los entrevistados considera que Obama no se merece la reelección, espero que a finales de año el porcentaje crezca.

Según el sondeo de Gallup realizado a 1.029 personas entre el 14 y 17 de octubre —con un margen de error del 4 %—, sólo el 39 % de los estadounidenses cree que Obama debería seguir en la Casa Blanca.

Siempre van existir fieles y fervientes seguidores del carismático líder Nobel de la Paz.

Considerar que se merece repetir como presidente cuatro años más, es una posibilidad. Y de corazón, yo me alegría. Ya lo dice el refrán: «Vale más malo conocido, que bueno por conocer».

 

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