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Por Alicia Jrapko /20/09/2010 15:40:05

El pasado viernes 17 de septiembre cientos de personas provenientes de todas partes del país nos congregamos en una iglesia Baptista de Harlem, New York para darle el último adiós a nuestro entrañable amigo, maestro, profeta, revolucionario Reverendo Lucius Walker.

Debajo del altar, yacía su cuerpo inmóvil, en un cajón de pino, el mas sencillo posible, como el lo quiso. Algunos se acercaron para despedirlo y verlo por última vez. Otros preferimos recordarlo con su sonrisa llena de ternura.

Todos los que de una u otra forma fuimos transformados por este hombre maravilloso nos abrazábamos, sin poder pronunciar una sola palabra. A todos nos embargaba una tristeza infinita. Nadie puede estar preparado para aceptar la muerte de un ser querido, pero cuando la muerte es repentina, es mas difícil aun imaginarse la vida sin ese ser humano que se había convertido en una figura imprescindible para mucho de nosotros.

Por cuatro horas, apretados en los púlpitos de la iglesia, celebramos la vida del Rev Lucius Walker Jr a través de los testimonios de familiares, colegas y amigos. Cuando los estudiantes de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Medicas se pusieron de pie, la iglesia parecía estallar de la emoción. ¡Qué mejor testimonio de la vida de Lucius! Allí estaban los médicos jóvenes, con sus uniformes blancos, orgullosos de cumplir con la promesa que le hicieron a Lucius de regresar a sus comunidades y curar a los pobres y desposeídos.

A nivel personal, conservo los gratos recuerdos de una decada y media de amistad y la enorme satisfaccion de haberlo conocido, pero me entristece no haberme podido despedir de él, y no haberle dicho cuanto lo quise y admiré. Aun me embarga una tristeza profunda difícil de explicar y una pregunta me asalta desde el día que conocí de su muerte, ¿Como podremos continuar las batallas venideras por la justicia dentro de EEUU sin Lucius?

(Tomado de: Cubadebate)

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