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Los comunicados de prensa y otras informaciones de los militares sobre HAARP minimizan continuamente lo que podría hacer el proyecto, e insisten en que no difiere de otros calentadores ionosféricos que operan sin peligros por todo el mundo en sitios como Arecibo, Puerto Rico; Tromso, Noruega, y la ex-Unión Soviética. Sin embargo, en 1990, un documento del Gobierno estadounidense reconoció que la emisión de energía de radiofrecuencia (RF) conducirá a la ionosfera a actividades poco naturales:

« ... Con las energías HF más altas disponibles en Occidente, las inestabilidades comúnmente estudiadas se acercan a su capacidad disipativa máxima de la energía de RF, más allá de la cual los procesos de plasma ‘se escaparán’ hasta que se alcance el siguiente factor restrictivo.»

Si los militares, en cooperación con la Universidad Fairbanks de Alaska, pueden demostrar que esta nueva tecnología de «Guerra de las galaxias» basada en tierra es sana, ambos partes ganan. Los militares tienen un escudo de defensa relativamente barato y la Universidad puede jactarse de la manipulación geofísica más drástica desde las explosiones atmosféricas de bombas nucleares. Después de que las pruebas tuvieran éxito, poseerían los megaproyectos militares del futuro y enormes mercados para el gas natural del Norte de Alaska. Pero, además, el sistema HAARP podría: 

1) Convertirse en un instrumento para sustituir el efecto de pulso electromagnético de dispositivos atmosféricos termonucleares.

2) Sustituir el enorme sistema de comunicación submarino de Muy Bajas Frecuencias [Extremely Low Frequency] (ELF), que funciona en Michigan y Wisconsin, por una tecnología nueva y más compacta.

3) Suplir el sistema de radar sobre-el-horizonte que antes se planificó para la ubicación actual del HAARP, por un sistema más flexible y exacto.

4) Proporcionar un modo de borrar las comunicaciones en una zona sumamente grande, manteniendo a la vez el funcionamiento de los sistemas de comunicaciones propios de los militares.

5) Facilitar una tomografía penetrante en la tierra de amplias zonas, la cual combinada con las capacidades de cálculo de EMASS y los ordenadores Cray, haría posible verificar muchas partes de los acuerdos de no proliferación nuclear y de paz.

6) Dotar de un instrumento para el sondeo geofísico en aras de encontrar depósitos de petróleo, gas y minerales en grandes zonas.

7) Ser usado para descubrir aviones que llegan en vuelo bajo y misiles de crucero, convirtiendo en obsoletas otras tecnologías.

Las capacidades que acabamos de enumerar parecen una buena idea para todos los que creen en la sana defensa nacional, y para los que se preocupan por la reducción de gastos. Sin embargo, los usos posibles que los documentos de HAARP no explican, y que sólo se pueden encontrar en documentos de las Fuerzas Aéreas, del Ejército, de la Marina y otras agencias federales, resultan alarmantes.

Según algunos científicos, los efectos del empleo imprudente de estos niveles de energía en nuestro escudo natural —la ionosfera— podrían ser catastróficos.

Dos habitantes de Alaska lo plantean sin rodeos. Una fundadora del movimiento NO HAARP, Clare Zickuhr, dice que «los militares va a dar una gran patada a la ionosfera y van a ver qué pasa».

¿Lo que pasará exactamente? Según un artículo científico de Penn State (publicación oficial de la Universidad Estatal de Pennsylvania, EE.UU.) elproyecto HAARP usa los mayores niveles de energía de todos los tiempos, en un juego al que Begich y Manning llaman «los chicos grandes con sus nuevos juguetes».

Se trata de experimento en el cielo, y como experimento al fin tienen lugar para averiguar lo que todavía no se conoce. De ahí que científicos independientes dijeran a Begich y Manning que un «rompedor del cielo» del tipo de HAARP con sus efectos imprevistos podría convertirse en un acto de vandalismo global.