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Por Mercedes Rodríguez García

Mientras la jueza federal de Arizona, Susan Bolton, se prepara para la primera audiencia importante en torno a una de las siete demandas para impedir la entrada en vigencia de una estricta ordenanza migratoria en ese territorio, Gary Herbert, gobernador de Utah, averigua  cómo se filtró  a la prensa de su estado una lista con mil 300 nombres de supuestos inmigrantes indocumentados. La controvertida ley anti-inmigrante entrará en vigor el 29 de julio.

Según la también conocida Ley SB 1070 estar intencionalmente en Arizona, sin pruebas documentales de condición migratoria legal, constituye una violación. Si la policía lo detiene, aunque solo sea por simples sospechas, saque rápido los papeles porque de lo contrario podría tratarse de un inmigrante indocumentado, y como tal ser sometido a un interrogatorio y a los malos tratos de los gendarmes del orden.

Cada día la situación la situación empeora. Personas que ayer podían ser víctima de una posible redada al buscar trabajo, ir de compras, criar hijos o simplemente vivir en sus barrios bajo la mira de las redadas,  ahora tendrán que vivir como fugitivos, bajo el temor de ser  delatados por sus vecinos, compañeros de trabajo o de clase, tal y como sucedió durante los primeros años del tratamiento nazi a los judíos.

De nada han valido las protestas 

De nada han valido las protestas  ni los llamados a la desobediencia civil, porque el sistema se apoya en un gran sector de trabajadores inmigrantes, altamente explotables y vulnerables (en su mayoría mexicanos) pero integrados al «status quo». Ellos constituyen un elemento esencial  en la maquinaria competitiva del capital estadounidense.

Triste realidad. Pero para nadie constituye un secreto que el imperialismo yanqui ha echado y afianzado raíces en México, país que ha ido deformando la economía al extremo de que millones de personas apenas pueden subsistir. De ahí que una de las pocas opciones sea irse al Norte, buscar trabajo, y enviar  algún dinerito a sus familiares que quedaron atrás.

Pero el fenómeno ni es nuevo ni exclusivo de la nación azteca. Los Estados Unidos se formaron, crecieron y desarrollaron gracias al trabajo de los inmigrantes: españoles, irlandeses, ingleses, franceses, asiáticos, polacos, alemanes, holandeses, italianos, israelitas, etc., sin olvidar a los millones de esclavos traídos desde África.

Según el censo de 1990

Según el censo de 1990, el grupo más grande (unos 58 millones de estadounidenses) es en parte o únicamente de ascendencia inglesa; le siguen los 38,7 millones de descendientes de irlandeses, mientras que 32,7 millones lo son de alemanes. Se afirma que en la actualidad  cerca de 31,8 millones de estadounidenses de cinco o más años, crecen en familias en las que se hablaba otra lengua distinta del inglés.

Otros datos registrados muestran que los blancos constituyen el 80,3% de la población; los negros el 12,1%, los descendientes de indios americanos el 0,8%, y los asiáticos e insulares del Pacífico el 2,9%. El 3,9% restante se contabiliza como «otras razas». Y los hispanos, «que pueden pertenecer a cualquier raza» (de acuerdo con Encarta 2009), están contados en las categorías anteriores y representan el 9% de la población. (No aclara la famosa enciclopedia digital si se trata o no de indocumentados.)

Pero los servicios de inmigración estadounidenses, estiman que once millones de emigrantes carecen de documentación. Dicho con otras palabras: viven ilegalmente en Estados Unidos,  asumen faenas de baja paga y llevan una vida marginada.  

Una amenaza a la cohesión social del país

Se ha roto el «sistema migratorio», que si bien acepta la necesidad de fuerza de trabajo de otras nacionalidades,  en estos momentos carece de capacidad para lidiar con los millones de inmigrantes no nacionalizados como norteamericanos. Las divergencias son fuertes y constituyen una amenaza a la cohesión social del país, y por ende, para el sistema, por demás, sumido en la peor de sus las crisis económica, financiera y política de su historia.  

Revolución, órgano del partido Comunista de los Estados Unidos, en su número 207, de 18 de julio de 2010, se refiere a un sector derechista duro de la clase dominante norteamericana defensor de la SB 1070, que «ha llegado a ser una causa célebre de los republicanos de peso» y entre los que figuran activistas del Tea Party, fuerzas semejantes al Ku Klux Klan, y los supremacistas blancos.

«Estas personas —cita Revolución— consideran que los cambios que ha traído la inmigración están socavando el carácter del país, que se define por la dominación y privilegios de los blancos. La declarada 'intención' de la ley es de lograr 'el desgaste mediante la aplicación de la ley', una forma de limpieza étnica cuyo propósito es expulsar del estado (y del país) a los inmigrantes indocumentados, mediante la movilización de todo nivel de autoridad policial para que la vida sea tan insoportable y la amenaza de la deportación tan omnipresente que los inmigrantes de plano empaquen sus chivas y huyan.»

Un curso de acción arriesgado y peligroso

Tales fuerzas pueden catalogarse fascistas al considerar que Arizona es solamente «la primera iniciativa de muchas más para poner el programa en marcha», pues se han propuesto proyectos legislativos similares en Pensilvania, Michigan, Minnesota, Rhode Island y Carolina del Sur.

Otros sectores de la clase dominante, como las fuerzas agrupadas en torno al gobierno de Obama y los demócratas en general, así como algunas figuras de peso del Partido Republicano, «consideran que cosas como la SB 1070 son un curso de acción arriesgado y peligroso.» Imposible procurar la deportación de los once millones de indocumentados, lo cual provocaría  un caos en la economía y la sociedad en general.

Además, «consideran como un peligroso precedente el que Arizona haya dado pasos para desarrollar sus propias leyes migratorias, un precedente que podría interferir con los intereses nacionales más amplios de los imperialistas en su conjunto; en particular por lo que se refiere a México», analiza la misma fuente.

Aumenta la militarización de la frontera

Obama no tiene un pelo de tonto, y sabe muy bien que mantener el nivel de estabilidad en México resulta estratégico para el imperio que encabeza. Reconoce «la frustración» de los partidarios de la SB 1070,  y cataloga el programa «comprensible pero no realista». Una manifestación del hecho de que los demócratas «no pueden llamar y no llamarán al pueblo a tomarse las calles» en contra de tales medidas fascistas. Temen la conmoción social que podría surgir y obran para mantener al pueblo desmovilizado y paralizado políticamente.

Mientras tanto la militarización de la frontera aumenta. Según el propio Obama, «hoy hay más botas militares en el terreno en la frontera del Sudoeste que en ningún otro momento de nuestra historia». Y por supuesto más mexicano asesinados y lesionados por la policía migratoria.

El ejemplo citado por Revolución resulta elocuente: «En un lapso de dos semanas de junio, mataron con una pistola de descarga eléctrica a un inmigrante en un retén al sur de San Diego y el agente de la Patrulla Fronteriza que mató a balazos a un joven de 15 años le disparó desde el lado estadounidense de la frontera hacia Juárez, México.»

A la vez, una gran cantidad de personas en México y en los países más al sur siguen teniendo pocas opciones salvo intentar emprender la peligrosa travesía hacia «El Norte». Pero el llamado «efecto embudo» de la construcción del muro fronterizo y la aplicación del orden público en la zona fronteriza,  «obligan a una cantidad sin precedente de personas a arriesgar la detención, así como la muerte al cruzar el traicionero y mortífero desierto de Arizona y Sonora», regiones donde se han encontraron los restos de 85 personas. Imposible  calcular el número exacto de seres humanos perecidos por el intenso calor, el hambre y la deshidratación.

Un sistema de tarjetas de identificación nacional

Para el presidente de los Estados Unidos queda «más trabajo por hacer» porque la frontera «simplemente es tan larga como para solucionar el problema solamente con cercas y patrullas fronterizas». Y aunque no lo mencionó en su discurso, una parte del plan migratorio que apoya, incluye —según Revolución— «la implementación de un sistema de tarjetas de identificación nacional de alta tecnología a prueba de falsificaciones que tendría un identificador biológico, como huellas dactilares o la digitalización de la retina», y que  por supuesto,  portaría toda persona radicada en Estados Unidos, que quiere trabajar, sea  inmigrante y ciudadano.

También habló Obama sobre «la necesidad de darles a las granjas una forma legal de contratar a los trabajadores de los que dependen, y un camino para que esos trabajadores obtengan un status legal.» Se refiere   al llamado programa de «trabajadores huéspedes». Un sistema de «migración circular», que ya existe en pequeña escala pero que piensa generalizarse. 

El programa habilita a los empleadores

El programa habilita a los empleadores «a importar trabajadores legales eventuales por hasta seis meses, y luego enviarlos de vuelta a casa cuando ya no los necesiten o quieran. Para ello se requiere que estos que «entreguen sus documentos de inmigración a sus empleadores lo que en esencia los convierte en mano de obra esclava. Este sistema crea una clase marginada de trabajadores que pueden ser fácilmente deportados si son despedidos; a menudo no les pagan sus salarios; y son forzados a vivir en condiciones terribles.», explica Revolución.

Para Obama  esta es la mejor forma para «demandar que acepten su responsabilidad las personas que viven aquí ilegalmente. Se requiere que acepten que violaron la ley, y que se inscriban, paguen impuestos, paguen una multa y aprendan inglés. Deben saldar sus cuentas con la ley antes de que puedan solicitar y ganar la ciudadanía». 

Este es el plan de los demócratas para resolver el problema de millones de los de abajo que «viven en las sombras.» Nadie sabe —comenta Revolución— «cuántos de aquellos que admiten que violaron la ley terminarán tras las rejas o deportados en lugar de integrados a la sociedad con una forma de status legal, y si el uso de 'documentos fraudulentos' para obtener empleo es motivo de rechazar una solicitud para entrar a este programa», ya que estima que podría excluir aproximadamente al 75% de los trabajadores indocumentados.

Todo pensado. Tanto el referido programa como la SB 1070 van dirigidos a encontrar una forma diferente para regular a los inmigrantes, restringiendo aún más el cruce de la frontera e impidiendo que puedan trabajar quienes carezcan de documentación. Sí. «Trabajadores huéspedes», para reducir la necesidad de los indocumentados y encontrar la forma más efectiva para sacarlos «de las sombras» y ponerlos «al alcance» del sistema y su autoridad. En su conjunto, una reforma migratoria que «no ofrece nada, salvo mayor represión, desesperanza y criminalización» para los millones de inmigrantes y sus familiares indocumentado.

El resultado a corto plazo estaría por verse

El resultado a corto plazo estaría por verse. Mas, pase lo que pase, «sin un desafío mayor contra el ambiente tóxico anti-inmigrante, las fuerzas reaccionarias, ya envalentonadas, no van a retroceder. La soga terminará rompiéndose por lo más débil. «Necesitamos urgentemente una oposición amplia y visible a las propuestas sobre la inmigración de todos los sectores de la clase dominante», concluye su llamado el órgano de los comunistas en los Estados Unidos.

¿Algo más parecido al nazismo? ¿Funcionará la «lista de Herbert», que nada tiene que ver con la Oskar Schindler (1908-1974), el alemán cuya actuación salvó la vida de numerosos judíos? Recordemos el largometraje de Steven Spielberg (1994), basado en la novela de Thomas Keneall, que dio a conocer las actividades de este industrial a un público mucho más numeroso, pero cómodamente sentado ante las pantallas de los cines o de sus telereceptores?

No lo creo. Jamás vi en el carismático primer presidente negro de los Estados Unidos al hombre capaz de restablecer (o al menos influir) en un nuevo orden mundial. A lo mejor la lista ni es cierta, ni se publica. Esperemos.

El sueño ha dejado de existir. Y nuestro querido Planeta ¿verde? parece ahora una reseca cancha de fútbol, con una negra y enigmática portería en el Golfo de México, sin muchos arqueros aptos para desviar la Jabulani nuclear, pateada por un único, irresponsable, desenfrenado y poderoso jugador llamado Barak Obama.