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Carlos Monsiváis, uno de los grandes cerebros de México y pensador de izquierda, prolífico ensayista, autor de numerosas crónicas y columnas en los principales periódicos de la historia reciente, activista e irónico crítico del gobierno mexicano, se fue poco después que Saramago ¿al reino de los cielos? Tenía 72 años.

Falleció el sábado 29 de junio debido a una insuficiencia respiratoria que sobrellevó en un hospital mexicano en el que ingresó el 2 de abril.

De Carlos Monsiváis recuerdo varias obras a las que obligatoriamente recurrí como profesora de la carrera de periodismo. Era un cronista y ensayista muy agudo, de la ahí lo imprescindible que me resultaba, al menos, la consulta de «Cultura y sociedad en América Latina» (2000).

También escribió críticos artículos periodísticos que crónicas sobre actores o encuentros deportivos. Fue, además, un activo participante en movimientos políticos y ciudadanos. Al referirse a él sus amigos decían era «ajonjolí de todos los moles», una frase mexicana que se refiere a la participación de una persona en varios temas distintos.

Y es que Monsiváis fue uno de esos intelectuales indispensables en la hermana nación azteca. No sólo por su obra literaria sino por el trabajo que emprendió en aras de recuperar y conservar expresiones de la cultura popular.

Según el periodista Jenaro Villamil, lo que más le molestaba era la intolerancia. Como otros literatos —y en ello me remite a Hemingway— me lo imaginaba un personaje singular pues durante varias décadas vivió en su casa de la colonia Portales, un popular barrio al sur de Ciudad de México, acompañado de 16 gatos.

Tampoco era muy amigo de la telefonía celular. «Siempre se resistió a utilizar un móvil, y cuando no quería contestarle a alguna persona que le llamaba a su casa, modificaba su voz para hacerse pasar por una auxiliar doméstica», cuenta Jenaro, uno de sus colaboradores y amigos más cercanos.

Monsiváis participó en el movimiento estudiantil de 1968, que terminó en una matanza de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco.

En el sismo de 1985, que devastó una parte de Ciudad de México, el escritor dio cuenta del movimiento ciudadano para rescatar a las víctimas, y el que surgió después que, según analistas, transformó la vida política del país.

Obtuvo numerosos reconocimientos y el más reciente le fue otorgado por el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo (CCPNP), el pasado 12 de mayo cuando llevaba más de un mes hospitalizado.  

(Fuente: AP)