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Por Mercedes Rodríguez García

En un convite madrileño Mario Vargas Llosa y Pedro Almodóvar han clamado «democracia para Cuba». O mejor, la han condenado por ser un país libre.

Del escritor peruano Mario, no me extraña, ya estoy acostumbrada: su odio contra la Isla y todo lo que huela Fidel Castro, raya lo visceral. Ahora, que al carrito de «apretarle el cuello a Cuba» se sume el cineasta español, me hace dudar de sus buenas películas, «lo mejor que hace en este mundo», al decir del bayamés David Rodríguez en su artículo publicado en Kaos en la Red.

Pero, suerte. Cuba está de moda gracias a los acólitos de los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea, pues soy quienes piensan que es mejor que hablen mal a que la omitan. De todas maneras ambos «genios» no viven sus mejores momentos y de algo tienen que valerse para que sus nombres no desaparezcan de los titulares.

Las celebridades pueden darse el lujo de caer en estos chismorreos de carroza. No son los primeros ni serán los últimos. Detrás de la pasarela y el look, están los políticos y toda una cohorte de cubanos nostálgicos y reprimidos en tierras bien lejanas a la que los vio nacer.

Arman su alharaca, y la prensa, que ahora más que nunca tiene que vender y hacer más con menos redactores y reporteros, acoge más allá de banalidades, insensateces tan repetidas que pasan al «Larousse» de frases hechas contra Cuba. Una especie de «periodismo de croqueta», como sueñen llamarle los propios españoles.

Como a David, a mí también me resulta difícil a veces «entender a algunos intelectuales, entre ellos a muy buenos intelectuales, capaces de escribir y legar obras maravillosas a la humanidad y al mismo tiempo gozar de una ceguera en el corazón que los coloca en la frontera del ridículo.»

A uno y a otro, es decir, al gran Mario y al pequeño Pedro, los insto a que miren a sus respectivos países. No vaya a ser que la paja en el ojo ajeno «encachorre» más al primero, y le haga decir más cosas sobre su madre, a Almodóvar.

Y aunque no me gusta el tono doctrinal ni asumo lo reiterativo del discurso del articulista (cada cual con su estilo), acierta en lo que escribe para la publicación digital antes citada.