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Por Mercedes Rodríguez García

Vestida de un blanco relampagueante que incluía turbante, mantilla, medias, zapatos y sombrilla, una mulata cuarentona quiso romper a toda costa mi incredulidad con una advertencia que me pareció dirigida a todos los que esperábamos aquella mañana en el punto de recogida de la carretera central banda Esperanza:

«Hay que tener mucho cuidado con los accidentes en la vía, no coja cualquier transporte. Es una de las 24 recomendaciones de da Ifá en la Letra del Año 2010 para Cuba...» Y aunque no entiendo mucho de de dioses ni ritos yorubas, acepté el consejo.

Claro que no iba a subirme a una carreta. ¡Y nada que ver con asuntos religiosos! Sin embargo, unas diez o doce personas, apremiadas por llegar a sus hogares o centros de trabajo, corrieron varios metros, y fuera del sitio oficial treparon al primer vehículo que ofreció cobertura: un camión sin barandas ni cubierta, más apropiado para trasladar sacos de cemento que al heterogéneo grupo de hombres, mujeres, dos niños y una pareja de ancianos.

Para los hijos legítimos de Liborio el traslado hacia otras localidades se ha una especie de batalla contra la propia naturaleza de lo humanamente aceptable, pues cualquier «artefacto» rodante sirve para ese aventón ¿salvador? que tantas veces niegan quienes conducen vehículos ligeros u ómnibus estatales, mucho más seguros.

A raíz de las inevitables e impostergables modificaciones del Código de Vialidad y Tránsito, todos hemos escuchado -con razón o no- opiniones, criterios y en menor sentido críticas sobre el tema. Mas no acaban de entrar en vigor las propuestas al Decreto-Ley No. 231, de 12 de diciembre del 2002, «Modificativo de la Ley 60, de 28 de septiembre de 1987, Código de Vialidad y Tránsito.»

Ya perdí la cuenta de las audiencias y consultas para debatir su contenido. La propuesta legislativa ha sido discutida ampliamente por diputados integrantes de las comisiones de la Defensa, de los Servicios, Constitucionales y Jurídicos, y de Salud y Deporte, así como por miembros de la Comisión Nacional de Vialidad y Tránsito, especialistas de varios organismos de la Administración Central del Estado, y representantes de organizaciones sociales y de masas.

Innegable que como consecuencia de la crisis económica internacional, el bloqueo y también errores y situaciones internos, los medios de transportación de pasajeros escasean o circulan en un estado técnico inapropiado. También muchas calles, carreteras y caminos, no ofrecen condiciones óptimas ni poseen la adecuada señalización.

Y no hurgaré en la desatinada confluencia urbana de caminantes distraídos, viejitos, deambulantes, escolares sin la guía de mayores, coches y carretones, ciclos, motocicletas, ómnibus y autos modernos y «prehistóricos», que ponen a prueba habilidades adicionales para conducir, amén de la paciencia y comprensión del más sobrio de los conductores.

Preciso actuar con urgencia, pues aunque últimamente se ha puesto de moda el eufemismo de que la gente posee «poca percepción del riesgo» frente a los accidentes, del tránsito, es muy real la ocurrencia de indisciplinas peatonales y el escaso sentido de responsabilidad de los choferes.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud confirma que cada año mueren en el mundo 1,2 millones de personas por causa de choques en la vía pública y 50 millones resultan heridas. En Cuba, según la Dirección Nacional de Estadísticas del Ministerio de Salud Pública, las lesiones por accidentes constituyen una de las primeras causas de muerte.

Durante 2008 fallecieron en todo el país 778 personas y alrededor de 7mil 707sufrieron heridas, lo cual representa 835 accidentes por encima, y dos fallecidos y 96 lesionados más con relación al año precedente. El 2009 cerró con la cifra más baja de accidentes del tránsito en los últimos 40 años: 10 mil 371 accidentes, 742 víctimas fatales y 7mil 447 lesionadas. Vale señalar que varios de los ocurridos alcanzaron dimensiones catastróficas.

¡Y para qué recordar el comienzo de 2010!

En la madrugada del primero de enero, la guagua marca Yutong que hacía la ruta Santa Clara- Santiago de Cuba, impactó al tren 96, con itinerario Bayamo- Grito de Yara. Tres personas murieron y 40 resultaron heridas.

El pasado 15 de marzo, un camión que trasladaba pasajeros impactó a otro detenido en el kilómetro 126 de la autopista La Habana-Pinar del Río. El saldo preliminar: siete muertos y 40 heridos, nueve de gravedad.

Y solamente menciono estos dos ya que nuestra prensa, remisa a la llamada crónica roja, solamente reporta accidentes cuando resultan de extrema gravedad. No vendría mal un poco de imágenes dramáticas (¿recuerdan las del terremoto en Haití?) para ver si se esfuma la «poca percepción del riesgo» y reaccionamos ante esa «dramática tendencia», promotora en Cuba de la cuarta y quinta causa de muerte en los últimos años, pero la primera en el grupo de edad comprendido entre uno y 19 años.

Hago un llamado a quienes integran las comisiones de especialistas y a las diferentes estructuras de cada uno de los organismos para agilizar el proceso de gestión de las acciones que garanticen en el más breve plazo la puesta en práctica de las modificaciones del Código de Viabilidad y Tránsito, no sin antes emprender un grupo mejoras en el plano institucional contra el deterioros de calles, caminos y carreteras, y a la colocación de señales, entre otros aspectos críticos.

Aunque la Letra del Año recomiende tener mucho cuidado con los accidentes en la vía, es incorrecto que los conductores de tractores fuera de su área de labor monten personal ajeno, y camiones de carga, sin el mínimo de condiciones -o por ansias de lucro, como también sucede- trasladen a personas.  Constituyen soluciones, pero la Ley lo prohíbe.

No puede continuar disparándose la indisciplina vial. Y aunque el consejo de Ifá resulta muy sabio y oportuno, hay que respetar también la «Letra del Tránsito», y continuar participando masivamente en las audiencias públicas sobre el referido Decreto y aportar cuantas ideas y sugerencias puedan contribuir a su perfeccionamiento y justa aplicación.