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Por Mercedes Rodríguez García.

 Afirma, Enrique Milanés León, periodista del semanario cubano Adelante. El joven periodista cobró una nueva carta de crédito al ganar el Concurso de Crónica Miguel Ángel de la Torre 2009 (modalidad prensa plana), organizado y auspiciado por la filial de la Unión de Periodistas y Escritores de Cuba (UPEC) en Cienfuegos. Como periodista -expresa- pienso que nuestro ejercicio profesional debe distinguirse, además de la prominencia de los textos signados por la actualidad, por la calidad de lo escrito, muchas veces carente de originalidad, de ese sello propio que marca un estilo.»

Joven de pocas palabras, pero de muy buena pluma, Milanés León considera a la crónica como el más vivo entre los géneros periodísticos, porque permite individualizar a las personas. «A veces, en el mundo y en Cuba, aparentamos tanta impersonalidad que aburrimos», afirma el reportero camagüeyano, ciudad situada en el este de Cuba, capital de la provincia de Camagüey, y la más grande en extensión de la isla.

Para Milanés -apellido de un bardo matancero e inmortal- la crónica «permite ver al periodista, esa persona en ocasiones injustificadamente anónima», idea que sustenta a partir de que «la óptica de cada ser humano es única», por lo que  asumir esa verdad «demuestra un mayor respeto por los lectores, oyentes o televidentes».

Y en ello coincide Luis Sexto Sánchez, Premio Nacional de Periodismo José Martí 2009 e invitado especial al IV Encuentro Nacional de la Crónica -homónimo del certamen- porque la crónica permite como ningún otro género periodístico acercarse a la realidad. De ahí que constituya el eco de los acontecimientos en quien los describe.

«Incluso -afirma el profesor Sexto-así puede resultar más efectivo el trabajo ideológico, hecho por muchos a través de la repetición, el calco, y no a partir de la sensibilidad, la calidad expositiva y literaria (...)».

Óleo de la oreja y la grandeza es el título de la obra premiada, y en la cual Enrique Milanés León -según acta del jurado-«juega con el lenguaje, lo subyuga y esclaviza hasta convertirlo en dócil cómplice de la comunicación efectiva con los receptores».

«De cierta forma, la crónica me hace a mí, me obliga a escribirla, ella se me impone, me da sus recursos. Me enamoro del tema, la situación, y las palabras precisas para construir el relato aparecen poco a poco. Cada tema, personaje o situación sugiere por el camino los modos en que se los presentaré a los lectores», confiesa.

Sin pruritos Milanés expresa su punto de vista acerca del futuro del periodismo cubano, llamado a sacudirse lo que yo llamo lenguaje de barricada, y al que Gabriel García Márquez calificó allá por los 80 de monótono, y el presidente Raúl Castro -por esa misma época- de chato y gris. Digo yo, carente de matices, lo que nada tiene que ver con cierto carácter oficialista de los temas que aborda reiteradamente, sin cambiar ni siquiera una letra al discurso de actos, actividades, asambleas, reuniones, etc., etc., etc.,... 

«Bueno, desde el género, medio o territorio que se mire, nuestro ejercicio profesional debe pasar por una elevación de la calidad, de la originalidad... Si el trabajo mejor fundamentado ideológicamente carece de inteligencia y creatividad, será inútil. No llegará a la gente, no la informará, o la conmoverá ni la movilizará a construir el proyecto socialista que queremos. Deviene imprescindible estimular la sensibilidad del público», resume de modo categórico.