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Miles de uruguayos despidieron ayer al escritor Mario Benedetti, en nombre propio y en el de millones de personas de todo el mundo, también enriquecidas con la estética de su verbo y la ética de su vida.Los restos de Benedetti fueron conducidos por trabajadores y estudiantes al Panteón Nacional del Cementerio Central montevideano, en medio de un elocuente silencio solo quebrado por respetuosos aplausos cuando el féretro llegó ante la necrópolis, y en algunos instantes de la despedida de duelo.

Hoy enterramos a un hombre que creía en la esperanza de que las cosas, esas que todos sabemos importantes -amor, justicia, solidaridad, honestidad, rigor, entrega a la vida- pueden ser alcanzadas, dijo Hugo Achugar, director de Cultura del gobierno uruguayo.

El cantautor y amigo íntimo de Benedetti, Daniel Viglietti expresó que "estamos todos consternados, como escribía él cuando la muerte del Che (...), pero su pluma nos deja el alma llena de versos sencillos, sencillos en la altura, como aquellos del cubano José Martí que él tanto admiraba".

Viglietti aseguró que el prestigioso intelectual sobrevivía en los demás, entre otras razones, por su compromiso en la lucha política. Sobrevive por su firme apoyo a la Revolución cubana, su etapa de trabajo en Casa (de las Américas), por su amistad con Haydée Santamaría y Roberto Fernández Retamar, entre otros compañeros, resaltó.

Al sepelio del escritor asistieron políticos, compañeros de luchas políticas, personalidades de la cultura y el deporte, diplomáticos y una legión de niños y estudiantes de escuelas montevideanas. Los restos de Benedetti fueron colocados temporalmente en el Panteón Nacional, para ser trasladados luego a otro cementerio de la capital uruguaya, junto a la tumba de su esposa Luz, fallecida en el 2006.

Palabras de Retamar en el Homenaje a Mario Benedetti

El pasado domingo dejó de existir uno de los más leídos y admirados, y probablemente el más querido de los escritores latinoamericanos de este tiempo: Mario Benedetti. Aunque se le sabía muy enfermo, la noticia conmovió al mundo entero, y de manera particular a quienes estamos vinculados a la Casa de las Américas, como lo estuvo él mismo hasta el fin de sus días.

Mario no fue solo autor de una obra literaria múltiple y rica, sino además una conciencia inclaudicable. Ello lo llevó a conocer dolorosas experiencias. En relación con algunas de ellas me escribió el compañero Julio Cortázar el 6 de octubre de 1975: "Dame noticias de Mario Benedetti. He estado muy inquieto desde que supe de su partida del Perú, y mis informaciones no son acaso las buenas. Me dicen que está con ustedes, cosa que deseo de todo corazón. Mario es uno de los hombres más valiosos de nuestro continente y por tanto siempre en peligro".

En efecto, después de haber tenido que abandonar, perseguido, su país primero y la Argentina luego fue expulsado en 1975 del Perú. Volvió entonces a trabajar en la Casa de las Américas, como ya lo había hecho años atrás, cuando fundó nuestro Centro de Investigaciones Literarias y fue una fuerza irradiante. Con razón un biógrafo suyo, a propósito a esa expulsión del Perú, pudo decir: "Mario se irá, pues, a Cuba, que sigue siendo su patria política y el lugar donde ocurre la Revolución, a la que se siente ligado por un doble compromiso de admiración y lealtad."

La difusión de la obra de Benedetti es tan inmensa como lo merece. Mario, afortunadamente, llegó a conocer en vida el reconocimiento incluso multitudinario que se le negara a otros grandes. Y junto a esa obra es imprescindible destacar la hermosa y valiente dignidad de su conducta. Bien conocimos ambas cosas, obra y conducta, en la Casa de las Américas, donde además de su presencia fundadora nos dio lecciones de modestia y humildad.

Tantas cosas llevan entre nosotros la marca de Mario, que ni queremos ni podemos olvidarlo. Vivirá cuanto viva su Casa de las Américas, que él contribuyó como pocos a hacer realidad.

(Fuente: PL)

http://www.granma.cu/espanol/2009/mayo/mier20/retamar.html