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Por Mercedes Rodríguez García

 

A pesar de los pesares los coches y carretones constituyen para la mayoría de la población un vehículo de locomoción indispensable y prácticamente obligatorio. Forzados por la carencia de piezas de repuesto y el racionamiento de combustible, el milenario carruaje coexiste junto con otras alternativas arcaicas de carga y transportación. Mas, la utilización del caballo como bestia de tiro, no justifica el maltrato a que son sometidos algunos de estos equinos por parte de sus dueños.

Un estudio realizado entre cien carretoneros de la ciudad de Santa Clara, y facilitado a esta reportera por el departamento de Medicina Veterinaria de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas, reveló que un elevado por ciento de los animales permanece en explotación pese a anomalías orgánicas evidentes. La inexistencia en Cuba de una ley de protección a los animales impide sancionar o condenar a los culpables, contra quienes se alzan cada vez más voces de protestas.

Si un caballo hablara, esta podría ser la crónica de su vida...

"¿Por qué me diste de fustazos y cuando no pude más y resbalé al asfalto, me caíste a patadas? No encuentro explicación. ¿Quejas?... ¡Al contrario!: yo te proporcionaba el sustento. Ahora me pongo a recordar y a sacar cuentas, ¡qué vida más infeliz!

"Nací el 10 de abril de 1988, en un establo, al que por casualidad, trasladaron a mi madre. El amo deseaba un caballo fuerte, ágil y veloz, por eso me puso Raboenube. No descendía de ninguna raza árabe, tampoco, española, pero mi estampa era grácil, vivaz.

"Los dos primeros años transcurrieron sin novedad, pero, al tercer cumpleaños: ¡adiós a las comodidades y a la buena comida!

"Con la madurez suficiente, me embridaron y adiestraron para tirar de un carretón atestado de pasajeros. En lo adelante: latigazos, malas palabras, malas palabras y latigazos, por la mañana y por la tarde, con sol y con lluvia. Y cuando al fin descansaba de los arreos, no me quedaban fuerzas ni para relinchar.

"Un poco de hierba y agua constituían el alimento habitual. De noche, el resplandor de la luna y el brillo de las estrellas filtrándose entre la fronda del Ateje, resbalaban por mi lomo hasta los ijares, y atraían el sueño; pero las garrapatas, las picaduras de los insectos y las  magulladuras en las patas traseras, me impedían bajar la cabeza y descansar a plenitud.

"A la mañana siguiente todo se repetiría.

"De fuerte, grácil y veloz, sólo me quedaba el nombre. Mis fuerzas aminoraban y se traslucían, filosos, ilíacos y costillas. Una hora de trabajo se tornaba diez. Las rutas variaban a menudo por lo que nunca logré adaptarme a una en específico, ello, sin contar los tramos que debía recorrer muy aprisa, huyendo de los inspectores y policías del tránsito. O lo que resultaba peor, en franca competencia con algún congénere cuyo dueño también bajaba su euforia alcohólica por la punta de la cuerda de nailon retorcido.

"Aún no soy, lo que se dice, viejo. Con veinte años mi vida se limita a un viajecito, bien temprano, en busca de dos o tres sacos de pasto fresco para una yegua y su cría con las que comparto el potrero. No tengo esperanza, tampoco, me embargan odios. Simplemente, pienso en los humanos, y me compadezco."

CUESTIÓN DE ÉTICA

Constituye una opinión bastante difundida que la moral atañe exclusivamente a la conducta y a la obligación de un ser humano en relación con otro. Pero si tomamos en serio la historicidad, subjetividad y relatividad de la interpretación moral, no debíamos extrañarnos que alguien admita que le debemos a los seres vivos no humanos obligaciones morales, de lo que puede inferirse que quien de manera despiadada maltrata a un animal está más preparado para hacer daño al prójimo, pues sabemos que estos comparten con el humo sapiens las mismas experiencias neurofisiológicas de placer, dolor y miedo a la muerte, de ahí nuestra obligación moral de protegerlo, independientemente de su condición irracional y la inexistencia de un contrato social basado en la reciprocidad y en una concepción común de los aspectos positivos de la vida.

¿Comparten esta actitud los más de 500 carretoneros que conducen  en la capital villaclareña?

DOS CARAS DE LA MONEDA

José pasa de los cincuenta. Apenas aclara se levanta, toma un buche de café y va donde Virulo, el preferido de sus dos caballos. Ya atado al carretón, comienza la faena diaria desde La Riviera hasta el Parque Vidal.

"Mis animales no conocen la fusta, la porto, pero no la utilizo; en su lugar uso una campanita, cuando la sueno, el animal apresura la marcha, trota y hasta corre. En ocasiones algún pasajero protesta porque voy lento. Allí mismo comienza la guerra de los demás contra el viajero apurado."

Virulo carece de lesiones en el cuerpo -mataduras como le llaman- y aunque lleva casos de goma, parece marchar cómodo. Su alimentación, basada en pasto fresco, se complementa con abundante agua, sal, mieles finales y, si  puede, un poco de harina de maíz.

Como José, muchos conductores cuidan de sus equinos. Pero, ¿y Rolando?

 -¿Cuántas horas trabajan sus animales?

 -Eso depende, algunas veces cuatro o cinco; mientras esté en condiciones le saco el quilo.

Aunque él no lo reconoce los demás carretoneros le han apodado "El verdugo". Según manifiestan hace como cinco años tuvo un  percance, una noche en que andaba de parrandas. Golpeó a la bestia que, fatigada por el esfuerzo del día, se desbocó. En varias ocasiones Rolando ha sido requerido por las autoridades y los propios pasajeros. Si no cambia el hombre, pronto al bruto se lo comerá la tierra.

UN ESTUDIO SERIO

 Como parte de un proyecto aprobado por la facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas  (UCLV), a la cual pertenece el departamento de Medicina Veterinaria, tuvo lugar un estudio denominado "Vehículos de tracción equina, su impacto sanitario en el municipio de Santa Clara", a la cual ya hicimos referencia en el segundo párrafo.

La investigación, arrojó que el 46 % de los conductores posee nivel de séptimo a noveno grados, y el 28 %, de primero a sexto. Al preguntárseles sobre el trato dado al caballo, el 92 % reconoció el daño que ocasiona correrlo y golpearlo con la fusta. No obstante sucede con frecuencia.

Por otro lado, el 87 % refirió que tales acciones encuentran eco en el talonario de los agentes de Tránsito. ¿Cierto? 

Según pudimos conocer, sólo se reprimen las violaciones contempladas en los artículos 85, 96, y 97 de la Ley de Vialidad y Tránsito, relacionados con la detención obligatoria ante la señal de PARE, ingestión de bebidas alcohólicas y exceso de pasaje.

Maritza Cabrera Cruz, Oficial de la Unidad Provincial del Tránsito, informó que no se registra la ocurrencia de accidentes protagonizados por vehículos de tiro en Santa Clara, aunque sí en Ranchuelo y Santo Domingo.

Aunque consta un reglamento interno para coches o carriolas (entiéndase carro pequeño con tres ruedas o tarima con ruedas), y la Declaración de los Derechos Universales del Animal, establecida por la Asociación Mundial de Veterinarios en 1989, en la cual se expresa que el animal no deberá sufrir malestar físico ni dolor, ni hambre ni sed, ni padecer  heridas y enfermedades, «no existe ninguna ley que sancione a los culpables, no solo de maltrato a los equinos, sino a los demás animales domésticos», afirma la fiscal Eralia Rodríguez Rodríguez, y añade:

«Creo que llegó la hora de ir  pensado en algunas regulaciones más allá de lo estipulado en el Artículo 2 del Decreto Ley 141, que prevé multa y demás medidas a quien deje sueltos en zonas públicas o vías urbanas o áreas comunes de edificios multifamiliares, animales domésticos o domesticados que puedan causar daños o molestias. »

- Y, ¿puede acusar a un carretonero por maltrato consuetudinario a su caballo?

-No. Solamente existe sanción si, a tenor con los dispuesto en el Decreto antes mencionado si se comprueba que por negligencia, el propietario del caballo ha producido daños a la propiedad ajena.

¿HASTA CUÁNDO?

Muchos hombres, mujeres y niños, manifiestan su interés por la creación en Cuba de una asociación protectora de animales. Al respecto comenta el doctor Omelio Cepero, profesor de la UCLV:

"Existe y cobra fuerza como movimiento, pero sin oficializar. En otras naciones las leyes condenan a quienes, sin motivo alguno, abandonan a sus mascotas. El caso nuestro se ha prolongado. La tarea inmediata radica en agrupar a todas esas personas y salvaguardar las especies. De crearse como organización, muchos pensarían dos veces antes de maltratar a los animales."

-La investigación dirigida por usted, ¿pone al descubierto parámetros de salud animal inadecuados para el tiro de carretones?

--Sí. Por ejemplo, el 34 % de los caballos padece desnutrición, estado en el que bajo ningún concepto pueden circular, pero no contamos  con un cuerpo de vigilancia especializado que controle este problema. Además, solo el 58 % posee la condición corporal normal; un porcentaje ínfimo si se calcula que en cada viaje el animal tira de unos 730 kilogramos, casi el doble de lo que pueden cargar de acuerdo con su alzada promedio.

-¿Abundan las magulladuras, los parásitos u otras enfermedades entre la masa estudiada?

-El 40% presenta lesiones corporales, y el 60 %, herraje inadecuado; y el 11 %  afecciones ectoparasitarias, principalmente garrapatas, que pueden saltar y contaminar a los pasajeros. Muy preocupante: el 45 % padece anemia, provocada por la dieta desbalanceada, situación en la que no deben circular.

"En menor cuantía aparecen los portadores de la leptospirosis, enfermedad que se trasmite por las excretas líquidas. Si no se limpian las calles, la orina se deseca, y a través de las mucosas, el germen pasa a las vías respiratorias de los humanos.

-¿El estudio a los caballos se ha realizado en otras ciudades?

-Este proyecto ya marcha en Caibarién y en otras provincias, por ejemplo Cienfuegos. La solución no radica en deshacerse de los animales o dejar de transportar personas en el rústico pero obligatorio vehículo. El problema hay que enfrentarlo, cada cual desde la parte que le corresponde.

Nuestra obligación moral respecto a los animales encuentra justificación como consecuencia ineludible de la evolución y la expansión de los sentimientos de comunidad.

En muchos países han proliferado leyes y organizaciones en defensa del bienestar de los animales y su ambiente. Esperamos que en un futuro cercano Cuba también las cree y las haga cumplir.

Mientras tanto, apelemos a la persuasión y a la conciencia ciudadana. No olvidemos que un animal como el caballo sirve a su dueño aunque este último sea un perfecto abusador.

El tema no queda agotado. Mucho menos los lamentos de los pobres cuadrúpedos, esos cuyo relincho de dolor y furia traduzco en apenas dos palabras:

Carretonero... ¡Sooo... !