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Hoy, cuando la luna asome apenas un cuarto de su rostro y el reloj junte instantáneamente sus manecillas en el número doce, habremos dado un salto que agregó -en este caso- 366 días más a nuestras vidas. A esa hora, en muchos hogares de Cuba y el Mundo, familiares y amigos alzaremos copas para recibir al Año Nuevo. Besos, abrazos, promesas, peticiones...

 

ES EL ÚLTIMO DÍA DEL 2009

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Las costumbres imponen sus reglas y muy pocos las violan desde el año 336 antes de Cristo cuando los romanos decoraban sus casas con luces y hojas de vegetales, y daban regalos a los niños y a los pobres en un clima que hoy llamaríamos «navideño» , a pesar de que el año romano comenzaba en marzo.

No obstante, conviene adentrarnos en el sentido de los hechos más que en los hechos mismos. Razones sobran si decidimos echarnos un vistazo caja del cuerpo adentro para que hoy, pasada la medianoche, empecemos a transformarnos en mejores seres humanos, independientemente de credos y filiaciones de cualquier índole. Y ello equivale -sin miedos ni titubeos- a mudar la falsa piel conque algunos cubren su camaleónico caparazón en uno y otro sentido.

Y puede que griten los más estruendosas vivas atomizados en sidra,  champaña barata o licores de exportación. ¿Cuánto del corazón les va en la euforia del último día de 2008? ¿Dejarán de existir por un acto increíble de concientización, por voluntad propia, o porque le cortemos la retirada en el 2009?

Mucho he meditado en los últimos tiempos sobre el tema. Porque más allá de los precios falseados por intermediarios, de los avatares del transporte y de las carencias materiales cotidianas, me duelen los rumbos torcidos, las adopciones de modos y costumbres ajenos a creencias e idiosincrasias; la indolencia, el olvidarte del hermano pobre al lado de tu casa, o del otro, del que distante en un punto del planeta cae víctima de genocidios o de hambrunas.

No. No tengo intención de echarme a llorar en medio de las doce campanadas. Pero créanme, luego de lanzarle una ojeada a las noticias y artículos que pueblan los mares internianos, la bomba cardíaca acelera su ritmo. Ante los contrastes abismales, inspiro y expiro mi impotencia. Y van desde la cena navideña más espectacular del año en Londres, organizada en casa del Príncipe de Gales con la presencia de uno de los iconos mundiales de la elegancia, Isabel Preysler, y la actriz Nicole Kidman, hasta las superofertas de microchips y satélites de última generación en tiendas especiales del Irak mil veces bombardeado y saqueado.

O la supuesta carta de un niño latinoamericano a Santa Claus, a quien le aclara: «Yo no le escribo para pedirle juguetes, porque tenemos otras urgencias»; o las tarjetas de Navidad de la UNICEF para pagar abortos en el Tercer Mundo. Buena la época también para que los medios de prensa europeos ametrallen África con imágenes dramáticas de negritos famélicos: es cuando más dinero se recauda para proyectos de desarrollo en ese continente.

Yo no trato de arreglar el Mundo, pero tampoco puedo aceptarlo como está. En el caso Cuba, me duele todo: los ciclones que arrasaron hogares y cultivos, los compatriotas que aun no han podido levantar su techo; los enfermos de SIDA y los de cáncer.   Pero, además, el que pasea en auto estatal, el que roba donde administra, el ciego que no ve porque no quiere ver, el sordo que no escucha porque no quiere oír; el que calla y otorga, el que dice con la boca chica.

No es tiempo de cruzar los brazos y sentarse a esperar. Cada cual desde su lugar y sus posibilidades debe prometerse, a partir de la media noche de hoy, luchar por el prójimo; lastrar los egoísmos, las envidias, los resquemores, las bajezas, las superficialidades;  pensar, hablar y actuar en consecuencia, dar lo mejor de sí a su  familia, al trabajo y a la sociedad; ser tolerante y tolerable,  exigir y exigirse...  

¿Cómo es posible pedir sin ofrecer? ¿Cómo es posible recoger sin sembrar? ¿Cómo es posible fundar sin crear? ¿Cómo es posible crecer sin creer?

Brinde usted por lo que quiera y como pueda, y como buen cubano no olvide lanzar un cubo de agua a la calle. ¡No!, no tire el arbolillo con sus luces, sería como tirar el sofá por la ventana. Estamos vivos y a la vida le hacen falta colores y matices.

Encuéntrele sentido a lo que hace. No obre por instinto ni siga la corriente para caer bien. Luche, ayúdese usted primero y pida ayuda después. Abrace y bese a quienes compartan esta noche, ya breve.

Mas, sienta que el beso y el abrazo viajan de casa en casa, de pueblo en pueblo, de nación en nación. Y sí, dé todos los vivas que la Patria se merece. Seguimos en pie. Nos sobra dignidad. Urge juntar todas las manos.