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Por Mercedes Rodríguez García

"Para ejercer el periodismo ante todo hay que ser buena persona", afirmó en una oportunidad el periodista polaco R. Kapuscinski.

Periodista de prosa vívida y atrayente, supo denunciar el empobrecimiento que ha sufrido el periodismo en su evolución histórica: “de ejercicio de búsqueda de la verdad, ha pasado en demasiadas ocasiones a instrumento de poder político, y finalmente se ha convertido en espectáculo al servicio de un negocio”, dijo en una oportunidad.

Y el planteamiento rotundo se afianza hoy como nunca, cuando al frente de los medios no suele haber periodistas, sino hombres de negocios, sean de uno u otro tipo, incluso, administradores. Los que pagan o controlan el poder, mandan. Diría el digno polaco. Entonces, no os asombréis de que la información se haya separado de la cultura y de los más caros intereses sociales.

Siempre admiré a Ryszard Kapuscinski, porque a través de sus crónicas hizo visible infinidad de acontecimientos políticos en esas naciones acuñadas terceras del planeta Tierra.

Prácticamente desconocido en Cuba, siempre hago espacio en mis clases de Periodismo Impreso para hablar de él, grande para mí junto a ese otro monstruo de la entrevista llamado Oriana Fallaci

Como pocos de su generación R. Kapuscinski utilizó los recursos de la literatura para hacer mejor periodismo, y en sus crónicas supo combinar el relato de los grandes acontecimientos -revoluciones, independencias, dictaduras, guerras- con las vidas pequeñas y cotidianas de las personas que las atraviesan. Sus obras, traducidas a 30 idiomas, vendieron más de un millón de ejemplares en el mundo.

Hace unos días terminé de leer el libro “Los cínicos no sirven para este oficio”, texto que recoge dos encuentros y una entrevista con R. K., celebradas en 1994 y 1999. Kapuscinski muestra con sencillez su modo de entender y hacer el periodismo, y lo hace con la autoridad de quien ha tratado de vivir lo que aconseja durante largos años de ejercicio profesional.

“Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”, dice. Y nos ofrece una consideración que hará sonreír a más de uno, pero que es preciso recordar hoy: para ejercer el periodismo ante todo hay que ser buena persona. “Si se es buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”.

A su juicio, la capacidad de sacrificio y formación permanente constituyen elementos indispensables para el buen periodismo. "En el periodismo, la actualización y el estudio constantes son la conditio sine qua non. Nuestro trabajo consiste en investigar y describir el mundo contemporáneo, que está en un cambio continuo, profundo, dinámico y revolucionario. Día tras día, tenemos que estar pendientes de todo esto y en condiciones de prever el futuro. En periodismo, nada que pueda aprenderse, sobra. Aunque el recién fallecido colega Eduardo Dimas, saber mucho en periodismo es un peligro. Yo, por lo menos, asumo los riesgos de lo que digo, escribo y hago. Allá los que no son buenas personas y cancanean. Nada como la verdad. Aunque moleste e incomode, aunque nos haga sangrar o llorar. Por eso es necesario estudiar y aprender constantemente, para que no nos engañen y por extensión, tampoco engañar nosotros. Siempre habrá quienes no nos lean, a quienes no les guste lo que escribimos, incluso, quienes no entiendan —o no quieran entender— lo que escribimos.

Por si acaso, sigo el consejo de Kapuscinski, quien recomendaba al periodista paciencia y trabajar duro: "los lectores acaban reconociendo la calidad de nuestro trabajo y asociándola con nuestro nombre. Son ellos los que deciden, no el director"…

Pero, desgraciadamente, los directores, dominan el espacio.