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MÁS DE UN OSCAR SIN REMAKE

Por Mercedes Rodríguez García

 

Si de premios cinematográficos se trata habrá que otorgarle un Oscar a la superproducción Elecciones en los EE.UU 2008, rodada por entero en esa nación, con la participación de 136 millones de extras provenientes de sus 50 estados y a un costo superior a los mil millones de dólares.

Por supuesto, la estatuilla dorada de mejor actor correspondería a Barack Obama, quien desarrolló una sorprendente y meteórica carrera que lo llevó a la Casa Blanca, escenario donde transcurrirá una segunda parte del film, luego de la premiere que abarrotó y desbordó el lunetario internacional, el pasado 4 de noviembre.

Muy a lo Hollywood, cierto. Mas, digna de elogios por la metódica, sistemática y perseverante labor de este actor negro de ascendencia musulmana, factores determinantes para el éxito desde que se presentara —a mediados de 1980— al casting de la política entre un tropel de aspirantes al rol de Presidente. Su carisma, juventud, facilidad oratoria y, sobre todo, sus promesas, ganaron carta de crédito para sucesivas victorias. Además, los rivales aspirantes mostraron fallos estratégicos como falta de cohesión y débil desempeño ante lo inmenso, heterogéneo y complejo de los múltiples escenarios.

Lo cierto: ahora lo encontramos disfrutando del éxito, gracias también al respaldo de la clase dominante; a Joe Biden, su compañero de fórmula y experto en política exterior, y, sobre todo, a la coyuntura por la que atraviesa el imperio con 760 mil empleos perdidos, 482 mil millones de dólares de déficit fiscal y serios quebrantos generalizados a nivel de la economía doméstica, la salud y la educación.

Formidable guión y excelente dramaturgia. Elogios para la música que irrumpió en la barriada de Harlem, en pleno Nueva York, y otras de Georgia y Nueva Orleans. Magnífica la fotografía de primera plana en casi todos los periódicos del mundo. En suma, un buen diseño de campaña y, por supuesto, caritativos patrocinadores. Estupenda promoción por la radio, y en niveles de sobresaturación por la TV, psicotrópico que no puede faltarle a los estadounidenses, sean negros, blancos, nativos, latinos o judíos, históricamente condicionados por la publicidad.

Porque si algo ha demostrado Obama desde el casting primario hasta el capítulo final de esta primera parte, resulta la capacidad de asumir riesgos, cualidad imprescindible para continuar adelante hasta el 20 de enero cuando ocupe la silla presidencial, bien calientica por el extenso y belicoso anidamiento de su predecesor G.W.Bush, aún a tiempo de tejer ardides y traquimallas, y ejecutar maquiaveladas de conjunto con un grupo de actores rabiosos y envidiosos, ni siquiera mencionados por actuaciones secundarias notables.

Así que el actor Barak Obama no deberá abandonar el entrenamiento ni cegarse por el rotundo éxito de la primera parte del film, que bien pudiera constituir motivo para un largo culebrón, de esos donde los televidentes deciden — también por encuestas— si incorporar un nuevo personaje, eliminar a alguno por antipático o malvado, y hasta desviar el curso de la trama de acuerdo con la psicología social y gustos condicionados por la llamada industria cultural estandarizada y banal, pero de factura impecable.

Quien vive de ilusiones muere de desengaños, enuncia la conocida sentencia que llama a cautela, a encender la luz larga y a usar prismáticos de ahora en adelante.

¿Abandonará Bush la Casa Blanca como mansa avecilla? De asumir la presidencia, ¿podrá Obama cumplir sus promesas en medio de la recesión económica y la crisis financiera que amenazan las bases del propio sistema?

La anterior coyuntura le garantizó la victoria. Su ofrecimiento de levantar la economía del bienestar socio-económico de la nación, constituirá el mayor reto, su batalla de las Termópilas (del griego Thermopylai, «puertas calientes»).

La paradoja que le aseguró el éxito puede también llevarlo al fracaso, y personalmente, no creo que un cambio de partido —o de presidente— vaya a resolver en corto ni mediano plazos los grandes problemas que atraviesan los Estados Unidos, luego del fracaso de la política republicana. Por lo tanto, tal vez necesite de un segundo mandato. Y Obama a penas comienza a caminar por los inseguros corredores del Senado, aunque lleva casco protector con rayos infrarrojos. Sin duda ha demostrado vitalidad y suspicacia suficientes.

¿Recaerá en sus manos y la de su vicepresidente el fin de la guerra en Irak o de un bien planeado cambio de fichas: sacar tropas de acá para mandarlas a allá? ¿Arreglará su agenda sometida al bipartidismo los panoramas nacional e internacional capaces de sumir en el caos a la humanidad?

Ya afirmó que será implacable con los enemigos. ¿Quiénes son ellos? ¿Dónde están? ¿Cuáles clasifican entre los amigos? Él lo sabe todo, o casi todo. Nadie llega a la White House sin un proyecto de gobierno. La suerte está echada.

Pues sí, allá lo tenemos, en medio de un período de transición, con el Oscar de mejor actor principal radiante en su diestra erguida. Menos mal que no se trata de un remake, sino de la ópera prima del primer presidente negro en más de dos siglos. Sin embargo, no olvidemos algo puramente cinematográfico.

Para rodar de manera segura un fragmento de película de 30 segundos, el equipo puede emplear horas y horas colocando focos, ubicando cámaras y repitiendo tomas para obtener los efectos deseados. Una escena es rodada con diferentes cámaras situadas a varias alturas y desde diversos ángulos; las diferentes perspectivas se unen después para que el espectador encuentre… continuidad entre el movimiento y la acción de los personajes.

Y me vienen a la mente algunas de los filmes verdaderos agraciados con la codiciada estatuilla: Casablanca, El político, El mayor espectáculo del mundo, El cazador, Bailando con lobos, Una mente maravillosa, Crash…

¿Simple asociación de ideas? Sin demasiadas aprensiones esperemos, que del lado de acá sobra paciencia, inteligencia y resistencia, y al no ser por la Paloma ciclónica que nos mantiene en vilo, las cosas transcurren Sin novedad en el frente.