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Por Mercedes Rodríguez García

Parece que de veraz el Planeta vive sus días finales. Los incendios en bosques se suceden unos tras otros. Los volcanes esperan sin mucha paciencia y en Irak cualquier día las llamas lamerán el cielo para corroborar un apocalipsis. Ahora las islas del Delta semejan una hoguera. Ya llevan 11 días ardiendo y el fuero está fuera de control. Cuatro personas murieran en plena carretera como consecuencia de choques en cadena producidos por la casi nula visibilidad, y cuando ya se habían calcinado unas 10.000 hectáreas.

En total, son 292 focos que afectan unas 70.000 ha en Buenos Aires y Entre Ríos, a lo largo de 120 km lineales. El humo tiene un alcance de hasta unos 500 km. Anteayer llegó a Mar del Plata y, ayer, al departamento de Rocha, en Uruguay.

Dicen que no se trata de un incendio forestal. Son incendios tolerados socialmente que las jurisdicciones monitorean. Cuando llegó la alerta, el jueves pasado, el fuego ya era incontrolable. La ciudad de Buenos Aires y el centro urbano permancen envueltos en humo. La salud de los vecinos empieza a trastornarse. Todo radica en que no cambie de no tóxico a nocivo.
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Incógnitas, continuidad y muertes en accidentes de tránsito, preocupan a la justicia federal. Dos sospechosos de haber iniciado uno de los incendios, se investigan.
"Se van extinguiendo focos, pero estamos hablando de 120 km con más de 60.000 hectáreas quemándose", explicó a La Nación el jefe de la Brigada Puma, Gustavo Busilachi, y agregó: "Los recursos son óptimos, el problema es que la solución no es rápida.En 2000, estuvimos un mes apagando muchos menos focos".

El acceso a la zona de los focos es complicado, y se hace por aire, en los helicópteros. Si pudieran entrar por tierra sería mejor.

Pero la tierra está brava, muy brava. Y quiere vengarse.