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A los 62 años, a las 3 de la tarde, se fue Fontanarrosa, víctima de una esclerosis lateral amiotrófica que hace más de un año lo inmovilizó en una silla de ruedas. Sus restos fueron velados en la Cochería Bassi, a pedido de su familia, pese a que la intendencia rosarina ofreció el Palacio Municipal. Los suyos no quisieron flores en el velatorio, sino donaciones a entidades de bien público, como el Negro Fontanarrosa hubiera querido. Sus restos fueron inhumados en el Cementerio Parque de la Eternidad, de General Baigorria.  

Humorista, dibujante y escritor con un ingeniosa mirada sobre la realidad, Fontanarrosa creó personajes memorables como el gaucho Inodoro Pereyra y Boogie el Aceitoso, tras su paso por el mundo publicitario.  Lo lloran su familia, sus amigos, sus colegas, sus lectores de aquí y de allá, gente —supongo— de todas partes del Planeta. Y hasta  los parroquianos del bar El Cairo, el histórico punto de encuentro con sus malas compañías, en palabras de su gran amigo Joan Manuel Serrat.  

Lo lloran —también lo supongo— las mujeres de su ciudad, cuya belleza siempre elogió, y los hinchas canallas, como se conoce a los seguidores del Rosario Central, del que fue un fanático. http://www.educared.org.ar/guiadeletras/archivos/fontanarrosa_roberto/index.htm 

Nació en 1944. Y cómo él mismo escribió en su website www.negrofontanarrosa.com.ar "era domingo y el parto fue normal, salvo por el detalle de que el bebe resultó negro y canalla". En su vida unió su pasión por el fútbol con el humor gráfico y la escritura, que plasmó en sus libros El mundo ha vivido equivocado , La mesa de los galanes , No sé si he sido claro , Nada del otro mundo , Los trenes matan a los autos , El mayor de mis defectos , El rey de la milonga y las novelas Best Seller, El área 18 , La gansada y varias recopilaciones de sus historietas.  

Pese a no haber tenido una formación tradicional, sus obras alcanzaron el sitial de los escritores más populares y su matiz argentino y "futbolero" fue celebrado. Entre sus influencias reconocía a Oesterheld, Salgari, Jack London, Cortázar, Vargas Llosa, Borges, Hemingway, Capote, Mailer.

A todos los había leído con devoción.  En 2004, el escritor intervino en el III Congreso Internacional de la Lengua Española y dedicó su exposición a las malas palabras, con una broma dedicada al moderador, José Claudio Escribano: "Se nota que esta mesa es polémica porque es la única a la que le han asignado un escribano para que controle lo que se dice en ella". Y arremetió: "¿Por qué son malas las palabras? ¿Acaso les pegan a las buenas o son de mala calidad? ¿Se deterioran cuando uno las pronuncia o tienen actitudes reñidas con la moral?"