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  «Se necesita solo de un minuto para que te fijes en alguien, una hora para que te guste, un día para quererlo… pero se necesita toda una vida para que lo olvides».Anónimo 

¿A quién no le gusta escuchar un halago, o no se siente recompensado con una sonrisa cómplice tras lanzar una de esas simpáticas frases —ya sea propia o copiada— al paso de una persona que llamó su atención?   Piropear es una de esas tradiciones a las que no deberíamos renunciar por ninguna modernidad en el lenguaje o las comunicaciones.

Sin embargo, una estudiante que conocimos en un viaje entre Ciego de Ávila y Cienfuegos preguntó qué pasaba con la imaginación de los jóvenes —y de los que ya no lo son—, porque últimamente solo escuchaba frases soeces para llamar su atención o la de sus amigas. «Nada que ver con los piropos lindos que le decían a mi mamá cuando yo era chiquita, o los que le oí a mis primos muchas veces cuando venían de visita a mi pueblo hace dos o tres años», comentaba ella en el ómnibus.  «¿Será que se olvidaron las frases más famosas? ¿Se acabó la creatividad de los hombres o están todos contagiados con esas letras horribles de reguetón y salsa que solo hablan de groserías y desprecio hacia las mujeres?», preguntó alarmada.  

Al llegar a la Redacción echamos a rodar su inquietud entre los colaboradores electrónicos de Sexo Sentido, y aquí están algunas de las respuestas. SABOR CUBANO «En mi opinión, el piropo es muy hermoso, ya sea romántico o un poquitín descarado, pero siempre sin pasarse ni caer en faltas de respeto. Cuando dices algo así ellas miran, sonríen y a veces dan las gracias… y la que no, por lo menos lo oye y piensa inconscientemente en él». 

Así opina Alain, joven capitalino que se encargó de contactar con otros lectores para armar esta página, sobre todo entre  muchachos de la UCI, donde estudia su novia, la santiaguera Daymi, de 22 años, quien piensa que los piropos son «la forma de expresar con palabras lo que cada cual ve cuando tiene una chica en frente o la ve pasar por su lado. «Es muy agradable saber que nuestros encantos causen asombro», reconoce ella. «Algunos se pueden oír, pero hay otros que se las traen… Eso depende de la educación de cada persona y de la cultura que con sus ojos alcanza a ver. «Mientras el piropo es atrayente, encantador, interesante, sugestivo, nos llama la atención; pero todo se convierte en una mirada desapacible y un gesto retraído cuando el hombre se propasa».

Con esta opinión coincide Indira, de 22 años, otra de las muchachas informáticas contactadas, quien afirma que le gustan tales expresiones «si es algo espontáneo, a lo cubano… que cuando te lo dicen, no sabes si ponerte colorada o reírte de la ingeniosidad. Pero detesto que me digan una frase grosera». El santiaguero Adonis, también de 22 años y estudiante del mismo centro, es partidario de los requiebros originales. A su juicio los piropos se utilizan «para enriquecer el lenguaje corporal y ensalzar una conversación entre un hombre y una mujer cuando él desea conocerla… o al revés». Por eso los describe como un puente para el coqueteo y la zalamería típicas del cubano. «Cuando se piropea, el estado anímico cambia completamente», asegura este joven, quien desaprueba esas «bromas pesadas que siempre terminan en desagradables desenlaces». Tal fenómeno no siempre es culpa de ellos, asevera. También puede pasar porque no a todas las mujeres les gusta que las piropeen y a veces miran con desagrado o responden con un mal gesto, lo cual lleva a la réplica  ofensiva.  

TENTACIÓN PELIGROSA  Una amiga especializada en Electrónica, la mexicana Kary, le contó a Alain que en su país aún pervive el arte de los piropos, «si bien es cierto que algunas veces son desagradables y grotescos, en otras son de lo más adulador y agradable para elevar nuestra autoestima, sobre todo cuando viene de alguien seductor, o cuando tu aspecto personal no es de los más atractivo. Entonces se agradece más».  Para otras culturas, en cambio, tales requiebros pueden interpretarse de otra manera. El estadounidense José Alpízar, asiduo a nuestra página, comenta que en su país no es bien vista esta forma de acercarse a otra persona, a la que denominan call cat (llamar al gato). «A mí me gusta ser galante y si le tengo que decir a una mujer que es bonita se lo digo, pero hay que tener cuidado, porque ella puede llamar a la policía y acusarme de que la estoy molestando», comenta jocoso. 

Los habaneros Leonardo, de 45 años, y Alina, de 38, consideran este intercambio de palabras como innecesario y molesto. Para ellos ningún piropo tiene justificación porque «alimentan el ego y envanecen el espíritu con cosas superficiales, como si el sexo fuera lo único importante, cuando no lo es». Pero otros lectores respondieron que no siempre un piropo tiene que terminar en un entendimiento amoroso, ni siquiera en amistad: puede ser simplemente un gesto de cortesía o amabilidad entre ambos géneros, una forma de reflejar nuestra cultura latina, que no debería perderse ni contaminarse con malas palabras. «Eso nos empobrece: con tantas ideas que siempre hemos tenido, tanta metáfora linda que surge a cada momento, ¿por qué usar solo groserías, o peor aún, tener que escucharlas de algunas mujeres?», reflexiona Manuel, universitario capitalino de 25 años que reconoce no sin cierto rubor haber sido piropeado muchas veces. «No veo mal que las muchachas tomen la iniciativa, pero si me dicen una vulgaridad no me río, porque eso es hacerme muy poco favor y dejarlas a ellas en un peor lugar», asevera.   

Otro colaborador ni siquiera nos permite usar su nombre. Se confiesa un hombre tímido, incapaz de decir algo a una muchacha y mucho menos de responder si lo elogian. Para él las gafas oscuras son una suerte, porque esconde el azul de sus ojos, que tantos «dolores de cabeza» le han dado. Pero aunque no diga galanterías, las escribe: «Prefiero dejar papelitos en el bolso de la muchacha que me llama la atención, o en su puesto en el aula… Es menos “exhibicionista”, pero puede guardarlo… algo así como un piropo con efecto a largo plazo». Siguiendo su sugerencia, Sexo Sentido les regala este miniglosario de piropos, recolectados especialmente entre los amigos para iniciar bien el año. 

Regalos

 

Si la belleza fuera un segundo, tú serías 24 horas. Dejaron la puerta del cielo abierta y un angelito escapó. Si barres como caminas, me convierto en basura. ¿Tienes diabetes?, porque tienes unos ojos tan dulces… Si hay ángeles y realmente nos observan, sin duda lo hacen a través de tus ojos. ¿Crees en el amor a primera vista o tengo que volver a pasar delante de ti? ¡Bombón! No camines al sol, que te vas a derretir. S

i tu cuerpo fuera cárcel y tus brazos cadenas, que bonito sitio para cumplir mi condena. ·No me mires tanto y tócame, para que veas que no soy un sueño. Si así es el infierno, ¡que me lleve el diablo! Tú debes ser atea, porque estás como quieres y no como Dios manda. ¿Por qué el cielo está nublado…? Porque todo el azul está en tus ojos. Perdí mi número de teléfono, ¿me das el tuyo? Perdón, ¿no estás algo cansada? Es que estuviste dando vueltas en mi cabeza todo el día…