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LA TECLA CON CAFÉ

Cronicafeando

Fidel no olvida a los amigos

Fidel no olvida a los amigos


13/04/2013 5:56:59

 

Fidel se ha recuperado físicamente y va dando muestras públicas de ello, para alegría unos y desencantando de aquellos que lo quieren muerto o postrado en una cama. Tan bien está que salió a inaugurar este jueves un complejo educativo en el municipio de Playa, en La Habana, donde una banda musical amenizó la apertura. 

 

Inspirado, Fidel pidió a los músicos  tocar una canción «que han hecho con motivo de la muerte de Chávez», titulada «El regreso del amigo», a quien la dedicó en esa ocasión. «Realmente está bonita —dijo—  buenos compositores y buenos músicos, y yo quisiera mirar atrás y que nos preparáramos para escuchar esta canción. Un millón de gracias». 

Durante la inauguración del centro bautizado con el nombre de la dirigente femenina cubana Vilma Espín Guillois, Fidel  comentó importantes temas de la actualidad internacional, entre ellos el cambio climático, las armas de destrucción masiva, la crisis económica y el elevado precio del combustible.

También se refirió a la producción de alimentos, en particular a «la necesidad de diversificar los cultivos para incrementar los rendimientos».

 

 

 

 

 

En el corazón de Sara

En el corazón de Sara


10/04/2013 12:37:43

 

A ella le gustaba decir que había nacido de pie. Y bien podría afirmarse que murió, al menos metafóricamente, de pie o con las botas puestas, porque si algo caracterizó a Sara Montiel es que no se jubiló del estrellato ni colgó jamás el marabú.

 

Su vedetismo genético la llevó a no querer apearse de su personaje. Sara, Sarita o Saritísima se impuso a María Antonia Abad de una forma tan rotunda que era difícil saber (incluso para ella, o tal vez sobre todo para ella) dónde terminaba la diva y dónde empezaba la humilde manchega, hija de una peluquera y un agricultor. 

Sara en lo suyo fue única. Por eso ha sido tan imitada. Pero detrás de esa máscara de diva divina había una mujer como todas; con miedo a la soledad y necesidad de amar, aunque su tremendo ego la llevara muchas veces simplemente a dejarse querer. Realidad y fantasía se mezclaron a menudo en el corazón de María Antonia, a quien la insaciable Saritísima condenaba a amarse más a sí misma que a su prójimo. 

En su madurez, a Sara Montiel le gustaba presumir de los poemas que un rendido León Felipe le había dedicado a su pie. «Pies bonitos me llamaba», contaba orgullosa. Y en la vejez, le dio por desenterrar un romance con Severo Ochoa para escándalo y escarnio de la familia del premio Nobel.

Ernest Hemingway (a quien ella llamaba con toda naturalidad «Ernesto») y Miguel Mihura fueron algunos de sus amores platónicos. Pero los oficiales son otros. Entre ellos, el director de cine Anthony Mann, veintidós años mayor que ella, o el productor José Vicente Ramírez Olalla.

Cuatro veces se casó y solo una acertó de verdad. Aunque a veces lo olvidara, el verdadero amor de su vida fue el empresario mallorquín Pepe Tous, del que enviudó tras 22 años de convivencia. La gran frustración de Sara fue la maternidad biológica (sufrió más de diez abortos), pero lo compensó con la adopción de Thais y Zeus, una hija muy estudiosa y sensata y un hijo algo más disperso y con aspiraciones artísticas pero que, salvo algún breve distanciamiento, han permanecido siempre al lado de su madre. 

Sin embargo, las grandes divas, al igual que la historia, están condenadas a repetirse como parodia si viven lo suficiente. Y Sara vivió bastantes años como para convertirse a sus 74 en una imitación paródica de sí misma. Fue cuando cegada por su propio divismo se casó con el indefinible Tony Hernández, un cubano mitómano de solo 39. 

Durante casi un año, más Saritísima que nunca, la actriz defendió en revistas y platós lo indefendible. Hasta que el combustible de las exclusivas se extinguió y aquello terminó como el rosario de la aurora. Apareció entonces en escena Giancarlo Viola, un pícaro y dicharachero italiano, un personaje a la medida de la opereta sentimental de Sara, dispuesto a ofrecer a la actriz un amor vibrante pero intermitente. 

En ese ni contigo ni sin ti vivieron unos años, hasta que Sara se sacó de la manga un arquitecto y últimamente un director de orquesta. Si no amó a todos esos hombres, al menos interpretó muy bien el papel. Al fin y al cabo, fue ella, Sara, Sarita, Saritísima la que en una ocasión, después de cantar o más bien frasear el «Fumando espero» declaró flemática: «Yo no tengo voz. Pero la imito muy bien».

 

(Fuente: elcorreo.com/ Arantza Furundarena)

 

 

Argentina: Más allá del diluvio

Argentina: Más allá del diluvio


09/04/2013 21:38:25

 

La tragedia, la política y la sociedad. Precedentes que acusan, alertas no advertidos. La necesidad de hacer cambios. La solidaridad conmovedora. Gobernantes cuestionados, respuestas diferentes. La respuesta de la Presidenta y las medidas anunciadas. La equidad en juego. Enseñanzas y advertencias. (Tomado de Página 12 /mwainfeld@pagina12.com.ar)

 

Una cifra aterradora de muertos, pánico colectivo, escenas sólo vistas en cine catástrofe. Miles de víctimas que sufrieron daños irreparables, que padecerán traumas difíciles de sobrellevar. Respuesta formidable de la sociedad, trasuntada tanto en la solidaridad como en la capacidad de autoorganización. Bautismo conmovedor de una militancia joven menoscabada por ciertas crónicas. Una polémica, siempre necesaria, acerca de las potencialidades de la sociedad y el Estado. Desempeños muy dispares de protagonistas políticos, incluyendo a dos presidenciables, ambos esperanzas blancas de la oposición.

El cronista propone sólo algunos apuntes de un debate que debe ser largo ya que es imposible enunciar un saldo tan pronto. Pero hay que ir discurriendo sobre las responsabilidades concretas de antes y de después, que esta vez no pasarán por los tribunales, lo que fuerza a «la política» y a la sociedad a asumirlas. Los tribunales, al fin y al cabo, sólo dan respuestas sesgadas, parciales. El cedazo del Código Penal y aun el de las responsabilidades civiles son pobre vara, debe haber otra más exigente y profunda.

Es inadmisible la idea de que lo padecido en La Plata y en la Capital, entre otros parajes, sea pura fatalidad. Que sólo se deba a un fenómeno meteorológico tremendo, que lo hubo. También mediaron la imprevisión, la falta de planificación, un urbanismo regido sólo por las leyes del mercado o la necesidad apremiante. A eso se agregaron, en paralelo con los diluvios y después, carencias operativas de gobernantes en el contexto de la urgencia.

Nadie puede afirmar que todas las pérdidas eran evitables en otro contexto. Nadie puede negar que una parte (que con el tiempo se debería precisar) sea debida a la mala praxis, a la improvisación, a la falta de volumen de quienes toman decisiones designados por el pueblo soberano.

El cronista renuncia a los estudios hídricos, que no son su métier. Pero sí intenta incursionar en cuestiones que rozan sus saberes. Un par de preguntas son imperiosas. ¿Es posible pensar que son polarmente diferentes los sucedidos de Capital y La Plata? ¿Que en un lugar primó la culpa del Gobierno y en otro la brutalidad de la naturaleza? Dos situaciones similares (aunque mucho más grave la de La Plata), producidas en cuestión de horas, en un mismo país y a 60 kilómetros de distancia, fuerzan la respuesta. Las semejanzas de fondo priman, lo que no equipara culpas ni responsabilidades. Ni iguala los procedimientos previos y posteriores. Pero hay un patrón común, que la astucia partidaria (de ambos sectores) procura diluir y que no debe ser dejado de lado.

La segunda pregunta es imposible de responder de modo irrefutable, sólo se pueden esbozar hipótesis. ¿Hay un denominador común entre estas inundaciones, las de Santa Fe en 2003, con Cromañón, con la muerte de los chicos del colegio Ecos, con la tragedia ferroviaria de Once, con los derrumbes de edificios en la Ciudad Autónoma, con tantas pérdidas de vidas en rutas y calles? ¿Mentamos un conjunto de contingencias aisladas o, por el contrario, creemos que «hacen sistema»? ¿Hay demasiadas muertes evitables en la Argentina? Quien propone un interrogante anticipa, por la parte baja, que le parece digno de estudio. El cronista cree que la cuestión es profunda, que la pregunta es necesaria. Y teme, o mejor dicho cree, que la respuesta más verosímil (casi la única verosímil) es la afirmativa.

El asfalto: así planteado el tema, es factible combinar en el análisis la catástrofe de La Plata con la de Capital. En ambas mediaron advertencias previas de organizaciones sociales, vecinales, ecologistas, de profesionales de la construcción. Asfaltar sin ton ni son, taponar eventuales vías de desagüe, achicar los espacios verdes son vicios comunes en la capital de la nación y de su provincia más grande. Cierto es que nadie es portador de la verdad plena y que las pretensiones de esos sectores de la sociedad civil no son idénticas a las de los gobernantes. A menudo, tampoco concuerdan con las de muchos ciudadanos, de variadas extracciones sociales. Los más pudientes que quieren edificios gigantescos, muy demandantes de infraestructura. Y también los más humildes, que se asientan en terrenos «bajos» sencillamente porque son los más despoblados y accesibles. Para unos es la prepotencia del dinero, para otros el imperio de la necesidad. En la provincia hay muchos barrios o asentamientos relativamente nuevos en sitios de cotas bajas, que no fueron afectados en los últimos años porque no fueron de sequía pero sí (en promedio) de lluvias manejables. He ahí un riesgo virtual, cercano.

No deliran quienes exigen precauciones, fijación de reglas, distancia entre el agua y lo edificado. Un grado de planificación urbana, algo más que crecimiento a la que te criaste, que primó (allende las notables diferencias de época) en los ’90 o en el siglo XXI. Sobran ejemplos comparativos, aun en grandes ciudades. En el casco urbano de París no proliferan hipermercados como los hay en Buenos Aires. En países hermanos, emergentes, democracias en construcción como la nuestra, existen experiencias de presupuesto participativo bastantes inusuales en la Argentina. Esas campanas doblan por la mayoría de los partidos, aun por el sistema político en general.

En Capital y provincia se vienen subestimando los cambios climáticos. El jefe de Gobierno Mauricio Macri es un maestro en reseñar records. Pero hete aquí que si se baten marcas cada trimestre habría que cambiar el concepto de record. Las lluvias intensas se reiteran. En 2009, hubo una sequía «histórica» a nivel nacional. Las inundaciones históricas llegaron poco después. El tornado histórico porteño cayó en 2012... ¿Cuánto tardará la próxima marca insuperada en Tolosa, Ringuelet o Saavedra?

Alertas desoídos: ciudades que nacen o crecen sólo regidas por las más crueles reglas del mercado. Construcción mal planificada de autopistas o distribuidores de tránsito. Todas son acciones más vistosas y redituables políticamente que la prevención de la furia del agua. Lo subterráneo, claro, no se ve. Es caro, proyecta a largo plazo. Lord Keynes decía que para entonces todos estaremos muertos. El dilema es que, por no contemplarlo, demasiados argentinos mueren antes de tiempo o sufren lo que no merecen y podría habérseles obviado.

Las tormentas de esta semana se veían venir. Había pronósticos meteorológicos, la furia de la lluvia escalaba desde el sur de la provincia de Buenos Aires. Un lector, Gustavo Mariani, critica el silencio de los medios platenses, con la honrosa excepción de la venerable AM Radio Provincia. Los dos intendentes concernidos estaban fuera del país, lo que no es pecado si se deja armado un esquema de gobierno para cubrir la suplencia. Los comportamientos ulteriores de ambos comprueban que ni por asomo lo hicieron. El intendente Pablo Bruera se valió de un subterfugio vergonzoso y berreta. Habla mal de su ética y también de su inteligencia: era imposible que su mensaje no fuera refutado.

Macri no hizo tanto pero también mostró la hilacha. Se mostró enfadado, no supo ni quiso disculparse. Mezcló excusas penosas con argumentos de bajo vuelo, hasta metió a los holdouts en su discurso autoexculpatorio.

El gobernador Daniel Scioli se defendió algo mejor, por lo menos fue comunicando las tristes nuevas y colocó a todo su gabinete a dar explicaciones prácticas. No todos, ni la mayoría dan la talla, pero por lo menos dieron la cara.

En ese carril, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner demostró una vez más por qué es la protagonista de más fuste de la etapa. No es la primera vez que mete los pies en el barro (ya lo había hecho en Tartagal), pero a veces rehusó su presencia, que siempre legitima, conforta a la mayoría y cumple un deber. Esta vez se movió a su pueblo de infancia y a barrio Mitre. Recibió vítores y críticas recias: un ejercicio de democracia «a la argentina», una referencia para los que denuncian dictaduras que no condicen con la realidad.

Estado y sociedad: la solidaridad y los aportes comunitarios generaron una exaltación de la sociedad civil versus el Estado. Un mensaje ideológico por donde se lo mire, que engarza fantástico con las traducciones gauchitas sobre la unción del papa Francisco.

La solidaridad, los esfuerzos personales y los aportes materiales son conmovedores. Hablan de una sociedad que reacciona bien ante la desdicha y que acaso obra de modo distinto al cotidiano. La apología de lo inorgánico es, en cambio, una moraleja falaz. El oenegeísmo antipolítico acecha siempre, aunque usualmente no proviene de las oenegés más avezadas en la ayuda social. A los voluntarios de la Cruz Roja o a sus autoridades ni se les ocurriría imaginar una sociedad omnipotente aislada del Estado o aun enfrentada con él.

La organización, el mayor esfuerzo económico, las respuestas extendidas corren por cuenta del Estado, aunque (como ya se dijo y se deberá ahondar) muchos servidores públicos no estén a la altura de las responsabilidades con las que fueron honrados.

«Perdimos todo»: tal la frase de ciudadanos dolidos, repasando el saldo provisorio de la catástrofe. En esta ocasión el daño fue relativamente transversal: afectó a varios estratos sociales. Tolosa, epicentro de las muertes y el estrago del agua, es un paraje poblado por gentes de clases medias. Muchos perdieron todo, pero esos «todos» distan de ser idénticos. El ajuar de algunos hogares puede valer «n» veces más que el de otros.

El sentido común de los argentinos (aun de aquellos que son antiestatistas o muy liberales) presupone que el Estado debe intervenir mucho, pagar mucho, reparar mucho. ¿Debe hacerse en proporción a los patrimonios de los damnificados, es decir, pagando más a los que más poseen? ¿O debe primar un criterio de equidad, reparando especialmente en los desposeídos? La respuesta no está en las leyes, que no prevén tanto, sino en la ideología que se aplique desde el Estado.

Las medidas que anunció la Presidenta, en su discurso del viernes, privilegiaron la segunda opción. Se valió de herramientas pragmáticas, bien K: dinero en el bolsillo del universo de víctimas más vulnerables. El cronista comparte la idea central y la metodología. Habrá que ver cómo se pone en práctica para redondear el juicio de valor.

En principio, de cualquier modo, el Estado se mostró eficaz en su mejor terreno: las agencias de pago, los organismos previsionales, la AFIP, la abominada caja. Frente a la emergencia asistencial y humanitaria (que, valga la paradoja, ya no debería sorprender), la respuesta fue menos expeditiva, estructurada y veloz.

El dato trasciende a la terrible coyuntura. Algo similar pasa, con todas las diferencias del caso, con el presupuesto educativo versus la calidad de la enseñanza. La recuperación y la reforma del Estado (fortalecido por el kirchnerismo tanto en sus recursos como en valoración simbólica) prosperan más en algunas áreas que en otras, un alerta para la sintonía fina.

Las gentes y la peste: los gremios docentes honraron su tradición, depusieron la huelga, pusieron a los pibes primero. Tal vez la tregua impuesta por el horror dé una manito para destrabar un conflicto demasiado prolongado. El sindicato de camioneros se pasó de rosca: bloqueó una refinería en un momento de contrición colectiva. Puso un interés sectorial, que se podía postergar por unos días, por encima del general.

Albert Camus, gran escritor y moralista, describió como nadie la tragedia colectiva en La peste. Su mensaje final puede servir de cierre precario a esta columna. La inundación mostró enormes reservas de la sociedad argentina, lo que conforta en medio de tanta desdicha. Pero la peste no es un castigo de los dioses. Y sigue al acecho si no se atiende mejor a sus causas, si no se modifican patrones de conducta o políticas que han sido puestas en entredicho. (Mario Wainfeld)

 

Lea también:

  • «Las obras se podrían haber hecho eligiendo las prioridades». «Con las obras adecuadas y un plan de contingencia» se podrían haber «mitigado los daños» de las inundaciones que asolaron en los últimos días a las ciudades de Buenos Aires y La Plata, opina Jaime Sorín, ex decano y profesor de la Facultad de Arquitectura de la UBA.

 

  • «Empezar ya mismo una gestión del riesgo». ¿Qué hacer mientras el Estado diagrama nuevas obras o revisa las existentes? ¿Cómo alertar y educar? ¿Cómo enfrentar la especulación inmobiliaria? ¿Cuál fue el papel de la autopista Buenos Aires-La Plata en las muertes? El especialista Brailovsky da pautas para actuar ahora.

 

  • «Es el momento de la acción reparadora del Estado». El acceso a los beneficios será inmediato, «a partir de abril», y público, sin burocracia pero con un control estricto. La velocidad de acción se debe a que «ya no hay un Estado mínimo, como en los noventa». Diego Bossio, titular de la anses, encargado de la ayuda oficial a los inundados

 

 

 

 

La nueva apuesta de Bachelet para llegar a La Moneda

La nueva apuesta de Bachelet para llegar a La Moneda


31/03/2013 18:52:40

 

 

La ex presidenta Michelle Bachelet ha regresado a Chile para buscar su reelección en los comicios de noviembre próximo, trayendo consigo una nueva visión para intentar avanzar en la reducción de la desigualdad social, la renovación de la política y el desarrollo del país.

 

Aunque su primer gobierno (2006-2010) aplicó un «sistema de protección social» con derechos de la persona desde que nace y hasta que muere, lo que valió gran popularidad, el Chile actual no es el mismo que dejó hace unos tres años para ocupar el alto cargo de directora de ONU Mujeres, donde obtuvo valiosas experiencias.

La candidata comenzará este lunes 1° de abril con sus actividades de campaña y ha previsto una gira nacional por Chile para escuchar a organizaciones sociales y líderes políticos locales, a fin de recoger ideas y propuestas para su programa de gobierno.

Al anunciar su candidatura, Bachelet ha hecho un diagnóstico sobre los cambios que ha vivido Chile y ha abordado el descontento social, expresado en las protestas estudiantiles de 2011, las más grandes desde el retorno a la democracia en 1990, y otras contra el costo de la vida y la contaminación, donde la clase media tuvo un rol relevante.

Reconoció que «el malestar ciudadano es bastante transversal»  y dijo que «lo hemos visto también en una clase media que se siente excluida y desprotegida (...) Chile ha cambiado y es hoy, un país más activo y con mayor conciencia de sus derechos».

Chile es una de las naciones con más desigualdad social en el mundo y, según la ex mandataria, «es un país cuyas personas están cansadas de los abusos de poder y de que sus necesidades no sean tomadas en cuenta». De sus palabras se desprende que la reducción de esas brechas entre las familias ricas y el resto de la población será el núcleo de su propuesta programática para llegar a ser gobierno en marzo del 2014.

«Durante mucho tiempo nos dedicamos a hacer ajustes y cambios al modelo. Algunos han sido buenos. Pero otros insuficientes. Tenemos que llevar a cabo reformas más profundas si de verdad queremos derrotar la desigualdad en nuestro país», lo cual debía interpretarse como un combate real contra ese mal.

La socialista comentó que ha comenzado «un nuevo ciclo político, económico y social» y ha llamado a realizar reestructuraciones sustanciales. «Durante mucho tiempo nos dedicamos a hacer ajustes y cambios al modelo. Algunos han sido buenos. Pero otros insuficientes. Tenemos que llevar a cabo reformas más profundas si de verdad queremos derrotar la desigualdad en nuestro país».

Bachelet ha resaltado que para ganar las elecciones es indispensable «convocar una nueva mayoría política y social», lo que se ha interpretado como un deseo de dar un perfil ciudadano a su eventual gobierno.

Llamó la atención de que en la presentación de su candidatura no estuviera rodeada de los actuales líderes de los cuatro partidos de la Concertación. La socialista sabe que, para lograr un segundo período, es necesario ampliar el apoyo de la Concertación y sumar nuevas fuerzas sociales y políticas, como el Partido Comunista y los movimientos sociales.

A juicio de los analistas, ella quiere marcar que desea apoyarse en nuevos rostros y conservar mayor autonomía frente a los partidos de su coalición, reforzando el «carácter ciudadano» que tendría su administración.

Esto ha sido criticado por el presidente del Partido Democristiano, Ignacio Walter, quien dijo hoy que «ningún candidato a presidente podrá prescindir de los partidos políticos porque estos son la base de la sustentabilidad política que tiene cualquier gobierno».

A su vez, el ex senador socialista Carlos Núñez criticó a Bachelet al indicar que «estamos frente a una paradoja: por un lado los partidos son indispensables para darle gobernabilidad al régimen democrático y, por otro, parece ser que, al menos en Chile, no son necesarios para lograr el triunfo».

Bachelet parece haberse anticipado a las críticas porque en la presentación de su candidatura afirmó: «Yo no voy a ofrecer un programa hecho entre cuatro paredes. Voy a promover diálogos y encuentros para que el programa de esta campaña tenga el sello de nuestra ciudadanía».

La ex gobernante tiene sus razones para actuar de esa manera porque la Concertación, según los sondeos, tiene sólo un 22% de adhesión ciudadana, en momentos en que es evidente el desprestigio de la política y los políticos, lo cual contrasta con su figura que está por encima del 60%.

A pesar de haber sido atacada por el gobierno y los líderes de la derechista Coalición por el Cambio, Bachelet ha evitado una confrontación directa y ha reconocido que en los últimos tres años ha habido mejoras sociales y progreso económico.

Sin embargo, sostuvo que «es muy cierto que el crecimiento produce empleo, mejoras en los ingresos y dinamismo en la economía. Pero también es cierto que no hay crecimiento real si no es inclusivo, si la riqueza del país no llega a todos sus habitantes».

A pesar de su alta popularidad y que es la favorita para volver a La Moneda, quedan ocho meses de campaña donde habrá debates, polémicas y también seguramente denuncias de errores e insuficiencias de su anterior gobierno, incluyendo la falta de preparación del país para haber enfrentado y el tsunami de febrero del 2010.

Sin embargo, sus seguidores apuestan a un gran triunfo el 17 de noviembre, mientras el oficialismo reitera que nadie puede darse por vencedor y que todo se decide en las urnas. El tiempo dirá quien tiene la razón.

 

(Fuente: americaeconomia.com / Xinhua)

 

 

Adiós oficial a Gran Jefe «Chino» Chang

Adiós oficial a Gran Jefe «Chino» Chang


31/03/2013 7:52:16

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Desde la Edad de Piedra existen los jefes. Y existirán hasta que se extinga el Universo. Porque —aunque muchos lo duden y proclamen la anarquía— los jefes hacen falta. Jefes, en plural, porque  casi siempre nuestra vida depende ¿pende? de varios de ellos, aunque por lo regular los jefes también tienen jefes. El llamado —con gracia y sin trasfondo— Gran Jefe Indio, en alusión al mítico sioux Toro Sentado, apelativo que no guarda relación alguna con la socorrida postura del burócrata, y sí con la vitalidad del incansable indio norteamericano que durante años condujo a su tribu por vastos territorios, tras la caballería invasora estadounidense.

 

Y es y no es el caso de mi más «perdurable» de los jefes en el cargo de director, que nada tiene de indio sino de chino, ni tampoco es uno de esos jefes «atornillados» en su sillón —ejecutivo o no—, aunque bien sé que en la casa frente a la PC «empolla» contestando en las redes sociales tendenciosos comentarios sobre la Revolución, redactando algún tópico «clave» para el publicar en el periódico, «tras las huellas» de imprudente violadores de la seguridad informática, cursando por email orientaciones de última hora, dándole el visto bueno a «espinosos» reportajes investigativos,  etc., etc., etc. 

Pero lo que más tiempo lo retiene delante de su computadora y justifica el «empollamiento» cibernético, es el haber traído al mundo el Foro de Vanguardia, un tercer y legítimo «hijo digital» del cual —no sin razón— se vanagloria y defiende con vehemencia. Ello, sin contar las «horas glúteos» que dedicó y las energías que gastó,  en darle vida a lo que parecía una idea loca y peregrina allá por los finales del pasado siglo... Erase entonces el QuipusNews, primer sistema que agrupó herramientas para la producción, control y distribución de trabajos periodísticos en la red de redes, y que en la actualidad se rediseña a partir de nuevas interfaces de usuarios y servicios.   

Hijo de sureños asiáticos radicados en Casilda, Trinidad, creció bajo las normas, costumbres, tradiciones y austeras órdenes dadas en cantonés por papá bodeguero y mamá ama de casa. De modo que asimiló el habla y la escritura en el ancestral dialecto, del que ya no le queda ni el acento, para fortuna de quienes a lo largo de 6 mil 126 días como director de Vanguardia hemos debido interpretarle, aún dándonos en español más orientaciones que órdenes.

En cuanto a órdenes —¡claro que las da!—  generalmente no suele trasmitirlas de manera vertical e impositiva, lo cual me ha hecho pensar en un despliegue de sensatez. No sé si heredada de sus ancestros, aprendida en las tantas escuelas que ha cursado como cuadro de dirección, o procedente de la lectura específica de Baltasar Gracián, un escritor y filósofo español del Siglo de Oro, autor del fascinante «Oráculo manual y arte de prudencia», que a estas alturas cabría preguntarse si resultan del todo prácticas en un dirigente —no del siglo XVII— sino de nuestro tiempo.

Pero no pienso que nuestro Gran Jefe «Chino» se proponga deliberadamente determinados «recursos ejecutivos», pues, en honor a la verdad, ha demostrado saber interpretar la prudencia con cierta amplitud, es decir, con su dosis de imprudencia. En otras palabras: con contención y cautela, evitando riesgos y excesos, sin renunciar por ello a la audacia. Muy a su manera, porque en definitiva —como apuntaba el propio Gracián— «el estilo es el hombre».

Bueno, la cuestión es que este Gran Jefe «Chino» y yo acarreamos 38 años juntos —y a veces revueltos— por lo que en ocasiones hemos cruzado balas y flechas, sin mayores consecuencias para él, que ha sabido contener su Tomahawk;  aunque con aceleración cardíaca total en mi caso. En resumen. Él es la contención; yo, el arrebato. Él, la sujeción; yo, la contienda. El Dragón (Aries) y yo Conejo  (Sagitario), signos tangentes en la Carta Astral, según los entendidos ¿Los dos juntos? Una mixtura de periodistas consumados y a prueba del tiempo, una estirpe de galgos «rabimochos y largos» prácticamente endémicos. Pero ahí los dos: «¡A Dios rogando y con el mazo dando».

Por eso llevamos tanto tiempo sin tiempo para los resquemores, que tanto daño hacen a la salud espiritual, tratando de sobrellevar las diferencias, los «duelos verbales» y otras «interferencias» filiales, normales y paranormales en personalidades y filosofías polarizadas, pero sin dudas atemperadas en el diario bregar y al calor de ideales comunes y sueños muy parecidos, compartidos en la misma trinchera, cavada para la protección y no para catacumba.

Entonces,  Gran Jefe «Chino», dada la equivalencia de hojas que el calendario ha dejado caer sobre nuestras ya encanecidas testas — que yo redimo con el tinte y el café; y tú, con pura coloración cromosomática y pescado —, vivamos presuntuosos de la los grises. Por las tantísimas mañanas, tardes, noches madrugadas, horas, minutos y segundos compartidos en décadas de agotador diarismo, cuando primaba lo contingente y había que ser mago (a) para reportar hasta 100 informaciones y media docena de de reportajes, artículos y entrevistas. 

He escrito con honestidad y placer. Por todo lo anterior y porque en realidad mi Gran Jefe «Chino» solo recesa como conductor de «programa».  Porque lo asumo como un mero cambio de cabina real para otra en el ciberespacio, y sin abandonar la «señal» impresa; como una sucesión natural, escalonada y sin traumas, que le permitirá continuar trabajando más sosegado, disfrutando todavía más de ese «periocibernético» que lleva dentro, a contrapelo de tendinitis, dolores cervicales, neuritis intercostales  y otros padecimientos propios del «atornillamiento» glúteo ante el ordenador. 

Ya voy llegando a la hora de trasladarle a Félix Arturo Chang León, nuestro director desde 1996, los «adioses oficiales», y por lo tanto de esta sui genéris crónica, misión que asumo por primera vez en vida del «cronicado», y que acepté gustosa y a título personal, consciente del reto que implicaba esquivar lo apologético. Creo que me «salvó» la riqueza del personaje, del abultado expediente de un hombre trabajador, incansable, servicial, humilde, revolucionario, inteligente y listo. ¿Errores? Son muy comunes, muchas personas los han sufrido. Y como Gran Jefe Indio, el hasta hoy mi Gran Jefe «Chino» los ha asumido, conocedor de que el triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error. Y ello es propio de gente con voluntad y fortaleza de corazón. 

¿Robar? ¡Ni el tiempo!

¿Robar? ¡Ni el tiempo!


31/03/2013 7:47:56

 

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Apropiarse de lo ajeno sin el consentimiento de su dueño —sea particular o estatal— se llama robo, aunque el sustantivo asuste y algunos lo quieran «suavizar» por «hurto»,  que no es lo mismo ni se escribe igual.

 

Lo cierto: el robo, de este a oeste y de norte a sur de nuestro querido planeta, constituye un delito y es penado por la Ley que, a la hora de tipificar, resulta bastante prolija para «suerte» de acusadores y defensores expertos en andar y desandar los vericuetos de lo legislado. 

No es mi intención en este comentario «divagar» entorno a la clasificación del robo de acuerdo con «las circunstancias que obran en su perpetración», ni tampoco discurrir alrededor de tan repugnante sujeto-acción, asunto que dejo a los entendidos (Derecho, Filosofía, Religión, Política), dada las paradojas y las contradicciones que supone —para la teoría y para la praxis concreta— la moderna escisión de cuando lo «legal» no es «moral» y viceversa. Sin embargo por ahí anda el meollo del asunto. 

¿Cómo es posible que el robo se haya entronizado en nuestra sociedad a todos los niveles y lo peor, que tantísimas personas lo justifiquen recurriendo al popularísimo refrán «Ladrón que roba a otro ladrón tiene cien años de perdón». O este otro menos conocido: «La ocasión hace al ladrón». O le endilguen al propio José Martí que «robar un libro no es robar». ¡Caray! «Cree el ladrón que todos son de su condición». 

Peor aún cuando alguna madre exhorta a su hijo a robar porque a su vez, en la escuela, le han robado algún objeto. Incluso, el asunto se torna más serio cuando, acompañada de una sarta de improperios y palabrotas le amenaza con «una mano de leña» la próxima vez que suceda y venga sin «otro» lápiz, colores, libro, libreta, mochila... 

Pero hay más. ¿Acaso el «estado de necesidad», la ausencia del mercado interior de muchos artículos y productos conlleva —de hecho o cohecho— la sustracción, el desfalco...?  ¡Ah, la tentación! ¿Tentación? ¿Y el descontrol, la falta de exigencia, que propicia la comisión de delitos grandes, medianos y pequeños? 

¿Por qué estoy obligada a invertir de mi modesto salario en moneda nacional cientos de pesos para mandar a construir una reja para la puerta de la calle, el balcón o las ventanas? Si usted camina por las calles, fíjese (izquierda, derecha, arriba) y verá que son pocas las personas que han optado por los barrotes, para beneplácito de de forjadores, que «compran» materia barata (acetileno, varillas de soldar, cabillas) de dudosa procedencia aunque sabemos como se «pierden» de los parques las armazones metálicas de bancos y aparatos para la diversión infantil, y de las calles las tapas de registros y postes de señalización, por solo citar dos ejemplos. Valga, pues, lo «De mercader a ladrón, un escalón».

Cierto que «Arca abierta al ladrón espera», porque el propietario o dueño es el primero que tiene que tomar medidas para que no le roben, y aunque «Al hombre pobre no le salen ladrones», abundan también los «rateros» y cleptómanos, cuya propensión morbosa al hurto los lleva a apropiarse hasta de un objeto de su más cercano familiar. 

Y el punto llega al clímax del que roba ideas, y oraciones y párrafos enteros de internet,  hasta aquel que toma partido por el ladrón hollywoodense, casi siempre interpretado por un famoso (a) y por demás, no pocas veces simpático y de buenas maneras, al estilo de Arsenio Lupin,  ladrón de guante blanco creado por el escritor francés Maurice Leblanc. Sin citar las miles de canciones que acuden a frases tan manidas como robarte un beso, ladrón de amores, soy un ladrón, etc., etc., etc. 

Sucede como el tabaco, la droga, el alcohol y la pornografía, que se empieza por un «inofensivo» cigarrillo mentolado, un porro de marihuana, una copita de vino, o una foto de alguna modelo con los senos al descubierto, y se termina en la adicción, el morbo y hasta en el crimen.  Eludan la primera vez. Y en el caso de las madres, jamás permitas que tu hijo (a), nieto (a) o familiar  traiga a casa un objeto de dudosa procedencia. Pregúntale de quién es, de dónde lo sacó, y si no es de él, llévalo tú misma a la escuela y oblígale a devolvérselo a su dueño. Ya lo dice otro refrán: «De carbonero mudarás, pero de ladrón no sanarás». 

Les cuento que en la antigua Mesopotamia el rey Hammurabi (1722-1686 a. C) ordenó que todo el pueblo conociera la ley y sus castigos, a través de un Código (Ley del Talión) de fácil interpretación, describiendo primero la conducta delictiva y luego el castigo. Al autor de un robo, por ejemplo, se le cortaba la mano. Lo que más disuade a los ciudadanos de violar la ley no es la exagerada gravedad de la pena, sino la inexorabilidad de la justicia. 

¡No! No vaya a pensar que estoy sustentando el «ojo por ojo, diente por diente» del monarca babilónico. No se trata de aplicar castigos inhumanos, sino valerse de puniciones relativamente leves pero con toda seguridad. Aunque después de todo me causa estupor el imaginarme una multitud mancos deambulando por las calles, si en los tiempos actuales la Ley funcionara como el Talión. 

Cavile igualmente como un religioso, siempre sujeto a la ley divina que prohíbe causar el menor daño al prójimo, y manda restituir lo que se posea injustamente (Séptimo Mandamiento: «No robarás»). Repito. No basta lo legal. En la práctica la legalidad puede terminar no sólo separándose de la moralidad, sino desconociendo y aún contradiciendo el mandato moral. Hay que educar a la familia y en familia, a la escuela y en la escuela. 

No basta con poseer determinada cultura, que a veces niega la instrucción. Hay que educar también en el amor; inculcar desde las edades más tempranas el hacer el bien y decir la verdad; la honestidad —con uno mismo y con los demás—, borrar de la faz del universo los llamados «Pecados Capitales»: la soberbia, la lujuria, la gula, la avaricia, la envidia, la ira y la pereza, que tanto afectan la vida en las organizaciones, en las empresas, en la cuadra, en el barrio, en familia. 

Pero ya esto es «harina de otro costal». No los retengo más porque, —parafraseando a Mahatma Gandhi—, el que retiene algo que no necesita, es igual a un ladrón. Y ustedes, queridos lectores, son mis amigos. Así que ni una línea más. Aunque, a fuerza de ser honesta,  y de acuerdo con Napoleón, son los amigos quienes con mayor frecuencia se convierten en ladrones de nuestro tiempo.

 

 

 

 

Stella Calloni, una mirada responsable al nuevo Papa

Stella Calloni, una mirada responsable al nuevo Papa

 

 

21/03/2013 5:46:38


Queridos compañeros:

Nunca como en estos tiempos la izquierda tiene que ser seria y responsable. Es muy buena la nota de Vicky Peláez, a quien respeto mucho, pero como está lejos seguro no se enteró de la falsedad de algunas informaciones que circulan hoy como verdades.

 

Esto es una llamada de atención. Otra fotografía con Videla tampoco es Bergoglio se lo Confunde con otros religiosos. Lo malo es que es asombrosamente visible que no es Bergoglio.

Nosotros no podemos decir lo que nadie ha dicho aquí. Bergoglio no fue acusado por el robo de Bebés durante la pasada dictadura. Fue citado como testigo en un caso muy especial y como testigo declaró.

Nunca ha sido citado como acusado en una causa. Uno de los sacerdotes jesuitas que menciona el periodista Verbitsky, el padre Jalics acaba de enviar una carta donde dice que el ha hablado largamente con Bergoglio y que han celebrado una misa juntos. Para mí dice «es un caso cerrado».

Sostiene el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, que sí conoció a Bergoglio: «Nunca fue un entregador. Si algo se podría reprochar es la falta de acción de la Iglesia en su conjunto de cúpula para defender a los religiosos perseguidos, al pueblo perseguido».

Entonces no es necesario usar nada de este tipo de situaciones en las que no hay pruebas concretas para desacreditar al Papa actual. Simplemente creo que si somos verdaderamente de izquierda debemos rechazar estas prácticas que tanto criticamos en la derecha. Hay mucha intoxicación informativa en las redes sociales y hay falsedades y mentiras a veces a grado de escándalo.

Es urgente y necesario que nuestros planteos sean seriamente políticos, ideológicos. Es lamentable que la izquierda esté a la espera de ¿qué va hacer el papa? Simplemente tenemos que preguntarnos qué vamos a hacer nosotros. Porque somos nosotros, estos que nos dividimos en pedazos por vanidades, egocentrismos, intolerancias, impensables en un verdadero hombre de izquierda, los que debemos pensar que vamos a hacer.

En el período histórico donde hace falta toda la mejor inteligencia de izquierda, nos estamos dedicando a destruirnos entre nosotros, en el mejor de los casos, porque en el peor que está sucediendo: estamos ayudando mucho al enemigo que viene por nosotros.

No es posible que se hable de todo con tanta liviandad. Hay que preguntar. Hay que tener pruebas de lo que se dice o al menos una constatación seria. Hay reacciones que a veces ni siquiera tienen una razón ideológica sino un enfrentamiento personal, un encono o una obsesión.

Nosotros si somos serios, consecuentes y verdaderamente mejores seres humanos, «hombres nuevos» que debemos ser como decía el Che no podemos falsear la realidad, porque nos conviene partidaria o ideológicamente. Nada conviene más que la verdad. Nada enseña más a una creación teórica dialéctica, siempre renovada, enriquecida, que la realidad.

Simplemente compañeros les pido que reflexionemos sobre lo que nos está pasando. En el momento en que tenemos que estar más unidos que nunca estamos cavando pozos para desmoronar gobiernos, junto a la derecha, tirando el muro sobre nuestras cabezas, en lugar de ser si es necesario una oposición clara, consciente, crítica pero decente. Decente en nuestras apreciaciones, comentarios. Y mientras tanto no estamos construyendo nada, no estamos construyendo alternativas.  

En los últimos tiempos, ha habido críticas absurdas de alguna izquierda a Venezuela, a Cuba, a otros gobiernos. Se hace como desde una izquierda radical, que termina caminando por las calles de América Latina con la derecha Estamos viendo en Argentina, que algunos sectores que se declaran revolucionarios y de izquierda se alían con las más enconada y brutales derechas. Eso no puede ser.

Se puede ser opositor a un gobierno, pero un opositor de izquierda debe hacer críticas constructivas. No convertirse en un traidor a su ideas y principios para ganar como sea. Es mucho lo que hay que hacer, en principio pelear con convicciones, pero con verdades, con ideología no con falsedades que nos hacen daños a todos los que queremos un mundo nuevo.

Si un gobierno hace alianzas con sectores de derecha, por ejemplo, ¿cómo puede ser una respuesta de una izquierda crítica es hacer lo mismo?

Hemos perdido la brújula de la estrategia necesaria y llega un Papa, que les resulta a muchos analistas de bolsillo «un peligro», porque auténticamente ha trabajado en villas miserias, con los pobres, denunciado la pobreza una y otra vez, en todos los gobiernos. Lo hizo en silencio y ahora muchos lo descubren, Y así fue. Aunque no pueda gustarnos. Y por supuesto que con los pasos que va dando es seguro que recuperará mucha gente para su Iglesia. Y seguramente le temen los que no son capaces de caminar nunca junto a los pueblos, los que dicen amar a Cuba, a Fidel a Venezuela, a Chávez, pero nunca se acercan a tocar los dolores de sus pueblos, como ambos hicieron.

Chávez nos ha dejado un ejemplo de cómo se trabaja con los pueblos con «la masa» palabra que por cierto quita belleza a lo colectivo. ¿qué tal si empezáramos por ser un poco más humildes y respetuosos de los otros? ¿Qué tal si nos despojamos de la idea de ser siempre ganadores como si estuviéramos en la peor competencia capitalista? ¿Qué tal si ganamos compañeros por el ejemplo, la conciencia y no por consignas vacías?, ¿qué tal si dejamos de hacer creer que somos los verdaderos representantes del pueblo, cuando el pueblo que decimos representar no nos conoce?

Son otras armas las nuestras, no la desacreditación, la acusación grosera y grotesca. No la mentira o la desinformación. Tenemos cómo hacerlo. Empecemos nosotros también el cambio para enfrentar con responsabilidad los desafíos del futuro. Con responsabilidad y respeto por nosotros mismos.

Un abrazo,

Stella

 

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La boda gay de dos ancianos chinos

La boda gay de dos ancianos chinos

20/03/2013 3:10:58 

 

Los dos ancianos chinos que se casaron a las afueras de Pekín la semana pasada se llaman entre ellos dabao y xiaobao. No son sus nombres reales (es una expresión afectuosa en China que significa, respectivamente «Pequeño tesoro» y «Gran tesoro») pero da igual. Tampoco su boda fue real.

 

Fue un acto que decidieron hacer estos dos hombres chinos para consolidar su amor en un país en el que ni se concibe la unión legal entre dos personas del mismo sexo. Por ello, necesitaban hacer ruido: decidieron publicar cada paso de la ceremonia a través de Sina Weibo, la versión china de Twitter. Y, por supuesto, desde entonces se han convertido en fenómenos virales con 12.000 fans.

Al fin y al cabo, la boda significaba la culminación de un amor que comenzó cuando uno de ellos, un profesor retirado, recibió un pedido de agua que venía en manos del otro, un repartidor. Cuentan que fue un flechazo, que al segundo estaban prendados el uno del otro.

Uno de sus hijos, no está claro cuál como tampoco está claro la edad ni el nombre real de la pareja, se opuso de inmediato a esta relación: de ahí que les diera por publicar su enlace no oficial, en un intento de buscar la aprobación de sus conciudadanos.

Y la obtuvieron en cierta medida pero ni de lejos de forma unánime. Entre las miles de veces que se han reenviado sus fotos y mensajes la semana pasada se encontraban insultos como «psicológicamente anormales» (del usuario de Weibo xinsurujian) por un pueblo que todavía entiende las relaciones como un tabú.

Ellos, sin embargo, no se han dejado amedrentar. «Nuestro amor no se verá mermado aunque tengamos diferentes orígenes culturales, educativos y económicos y seamos del mismo sexo. Nos acompañaremos mutuamente y nunca nos separaremos», han explicado ellos en su cuenta de Weibo.

Sin embargo, todo debate sobre la homosexualidad es bueno, según ha opinado Steven Leo Nellie, consultor del Centro de Gays, Bisexuales, Lesbianas y Transexuales de Pekín (una organización que presta servicios sociales a quienes obedecen a su descripción).

En China se considera que prolongar el linaje familiar es una obligación de todo hombre y, por tanto, lo normal es que un joven homosexual se case con una mujer y tenga hijos por la presión social que recibe.

 

(Fuente: People Daily)